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Salamanca en blanco y negro

Paula Martín
Blog de Paula Martín

Tiempo al tiempo

Nosotros solos acabamos con los buenos futbolistas. Sí, he llegado a esa conclusión. Toda la parafernalia que se ha montado con la llegada del joven de 16 años al Real Madrid (Odegaard) me ha recordado a otros casos similares que, lamentablemente, han acabado en fracaso o al menos no han llegado donde parecía que sí lo harían a priori.

No puedes someter a tal presión a un chaval que apenas conoce lo que es el fútbol a esos niveles. Pueden intuirlo, pueden imaginarlo, pero nunca conocerlo. Y luego pasa lo que pasa…

 

¿Recuerdan lo que sucedió con Canales? ¿Con Illarramendi? ¿Con Bojan? ¿Con Munir recientemente? ¿Con Rafinha? ¿Con Thiago? Un largo etcétera de casos que forman una lista de jóvenes talentos que no terminan de triunfar por la presión impuesta, una que es totalmente innecesaria. En muchos casos, como el de Illarra, se une la presión que ya de por sí supone que te señalen con ser “la nueva estrella de un grande”, y la económica.

 

Nunca me ha gustado esto… Si un chaval es bueno, es evidente que hay que decirlo. Faltaría más. Pero hay una fina línea que separa el reconocimiento y los galones innecesarios y tempranos. Pongo un ejemplo de cómo tratar bien a jóvenes talentos: Abelardo con los guajes del Sporting. Estos chicos han conseguido datos que veteranos no han hecho, han hecho revivir la ilusión a una afición que la estaba perdiendo, han conseguido volver a rescatar el espíritu de que el Sporting es Mareo. Pero, ojo, Abelardo se encarga de recordarles que no son nadie aún comparado con el resto. Que están haciendo un trabajo espectacular, pero que aún están lejos de ser todo lo que pueden ser. No les quita méritos, tampoco le regala los oídos ni les presiona. Se pone objetivos a corto plazo. Les sitúa los pies -bien anclados- en la tierra. Y, esto, entrenadores con muchos títulos a sus espaldas y muchos años de experiencia en grandes, no lo consiguen…

 

Son jóvenes todos y con una proyección que ilusiona a la vez que asusta. Pero no nos podemos olvidar de la edad… Y de la continua necesidad de recordarle los puntos básicos a seguir para no torcerse en el camino, porque no serían ni los primeros ni los últimos en desperdiciar oportunidades únicas. Y ahí radica la responsabilidad del adulto -su familia- y del club. Suelen ser más veces los clubes los equivocados, eso sí, pero a veces la familia también pierde la órbita de la realidad y le hacen flaco favor a la promesa, que, recuerdo, no deja de ser eso: promesa.

 

El fútbol ha llegado a un punto en el que se quiere acelerar todo a un ritmo tan vertiginoso que se ha convertido en algo excesivamente peligroso.

 

El tiempo es el mejor autor: siempre encuentra un final perfecto. Charles Chaplin.

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