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Salamanca en blanco y negro

Paula Martín
Blog de Paula Martín

Felices 92, Unión

El pasado 9 de febrero la Unión habría cumplido 92 años. Lástima que unos cuantos se encargaran de que el tiempo real se parase en el 90.

Ese día empecé a recordar todos los momentos que la Unión me había dado… Tanto buenos y malos como deportivos y extradeportivos. No hace falta hacer balance… Lo bueno siempre acaba ganando a lo malo. Y sin necesidad de reflexionar mucho, me di cuenta de que anhelo esas tardes frías de invierno en el Helmántico; el sufrir con las derrotas y el disfrutar, como si de un título se tratase, con las victorias… A fin de cuentas, es el equipo de mi ciudad, el que me vio crecer y el Helmántico es el primer estadio que vi, sentí y disfruté.

 

Dicen que no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes… Esto es lo que ha pasado en Salamanca. Muchos creían que la UDS ya no merecía la pena. Que estaba en Segunda B. Que al campo íbamos ‘cuatro’. Pregunten ahora a los hosteleros de los aledaños del Helmántico si la echan o no de menos. Pregunten a los ‘cuatro’ que íbamos al campo. Pregunten a los que no les gustaba el fútbol incluso. Tuvimos que perderla para valorarla…. Algunos, claro, no todos.

 

Ahora, algunos siguen empeñados en que “Salamanca necesita fútbol”. No, amigos: Salamanca necesitaba a la Unión. Nada volverá a ser como antes. Ningún equipo podrá sustituir el recuerdo latente de nuestro equipo. Ningún amago de copia barata podrá arrebatar el espacio de la Unión en el corazón del fiel unionista. Es sencillo de entender: podrás enamorarte otra vez, pero nadie, absolutamente nadie, podrá hacerte sentir lo mismo que la primera vez que miraste con ese brillo en los ojos. La UDS ha sido el primer amor, para algunos el único incluso, de muchos aficionados al fútbol. Y su marcha -para no decir muerte- ha dejado clavado su recuerdo, imagen y sentimiento en el corazón de los unionistas para siempre… Y todo ello es insustituible e irreparable.

 

En el campo salmantino la encina seguirá presente con el balón. Quizá el equipo ya no juegue, ni siquiera permanecen el deseo y la ilusión, pero el recuerdo sí. El Helmántico ya no se llena de gritos de la afición, sino de silencios que duelen. El equipo ya no está volcado porque simplemente no está, ya no hay lucha con brega y amor… Pero el grito, incluso entre lágrimas: ¡HALA UNIÓN! será eterno.

 

Ríe y el mundo reirá contigo; llora y el mundo, dándote la espalda, te dejará llorar. Charles Chaplin.

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