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"Rockin' Roca"

Iván Velayos
El Buzo en el Purple (Festival Internacional Purple Weekend 2012)

The Dustaphonics y Chucho

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 La noche del pasado Viernes 30 de Septiembre se presentó en directo en el emblemático Joy Eslava Madrileño el quinto “larga duración” de la banda Albaceteña “Chucho”. Bajo el título de “Los Años Luz”, Fernando Alfaro, compositor principal, cantante y alma máter de los malogrados y eternamente venerados en el templo del culto “Surfin’ Bichos”, nos ofrece 13 nuevas canciones de la formación con la que volvía a levantar cabeza en el lejano ya, año 97. También tuve la oportunidad de asistir en “El Zagal” de Aldemayor de San Martín a uno de los conciertos de la gira de presentación del nuevo disco de la banda Londinense “Dustaphonics”.

 

Lo de Dustaphonics es uno de los casos más peculiares que recuerdo haber contemplado en esto del Rock; proyecto de banda del DJ “Healer Selecta”, alter ego tras el que se esconde Yvan Serrano-Fontova, promotor, músico y pincha franco-español que decide arrancar con su propuesta tras quedar inéditas unas canciones compuestas para la banda sonora de una película de “Tura Satana” que jamás se rodó por sobrevenir la muerte de la actriz inmortalizada como protagonista de “Faster Pussycat Kill Kill” del director Russ Meyer. El grupo como tal arranca en el 2008 y en el 2010 edita su primera referencia: “Tribute to Tura Satana​-​Burlesque Queen”, siendo el disco que los ha traído de nuevo por España el 5º del cómputo total de trabajos en su haber, “Johnny & Bo” manifiesta el título en homenaje, rendición e inspiración a las figuras de Johnny Ramone y Bo Diddley y es que lo de Dustaphonics está construido y se cimenta sobre el reciclaje y el expolio de los clásicos rompe-pistas que a buen seguro formaban parte de las sesiones como DJ de Healer Selecta. Con una estética musical muy clara que actualiza el sonido de los 60’s más “Cool” revitalizándolo a base de energía Punk; me vienen a la cabeza las películas de la saga “Ocean’s Eleven”, muchas de las de Guy Ritchie, 007, los Vengadores (los del remake de la teleserie, no los del Comic), las bandas sonoras de Lalo Schifrin o los discos de Gabor Szabo para darle sabor y color de tendencia al compendio de retazos de guitarras Surf, arreglos de Exótica y voces de Soul que configuran a grandes trazos el repertorio de Dustaphonics. Cerca de 40 músicos distintos entre cantantes, bajistas, baterías, teclistas y secciones de viento han pasado durante estos ocho años por la formación Londinense alrededor de la figura Yvan Serrano-Fontova.

 

 

“Cool”, todo muy “Cool” y es que no se me va la idea de la cabeza de que aquí hay mucha pose y menos “condumio” del que en principio pudiera parecer; prácticamente todas las canciones o en un porcentaje cercano al 90% están basadas en los mismos patrones rítmicos y armónicos, no existe diferencia ni juego entre el bajo y la guitarra, la voz es muy vistosa pero se queda en “reguleras” nada más... a poco que rascas y por rascar me refiero a escuchar un disco dos veces, se descascarilla esa vestimenta elegante y te quedas con un producto de caducidad rápida y hastío por cansancio de estar escuchando prácticamente lo mismo constantemente y eso en directo es todavía más pronunciado. Los lugares comunes de la épica del Rock & Roll sin mayor argumentación y fundamento que el estar de moda y ser “guays”, pues que quieres que te diga, tampoco espero que sean unos sesudos intelectuales, pero no estoy yo a estas alturas para andar tragando sapos porque sí, que ya pasé los 15 años hace tiempo y no dependo de una filiación por moda para saber quién soy.

 

Sé que soy más “heavy” que un azadón y cuando me pongo a escupir bilis no dejo títere con cabeza, menos cuando tengo la convicción de la verdad en mis razones y ya si me pongo a hablar de música ni te cuento. El grupo suena bien, todo es muy divertido y pintoresco, energético, potente y bien ejecutado... pero es que no encuentro ni una pizca de riesgo ni deleite en la búsqueda de acordes ni de melodías más allá de la repetición de una fórmula que los debe resultar eficaz; magistral operación de marketing y envoltorio de un producto que rápidamente pierde el gas. Que me parecen un bluf, vamos.  

 

 

 Con Chucho me pasó tres cuartos de lo mismo pero por el lado opuesto.

 

Si lo de Dustaphonics venía precedido de fastuosidades y artificios como la banda del momento que hay que ver, de lo de Chucho no me había llegado ni una noticia, no tenía ni idea de que el “perro” de Fernando Alfaro hubiera resucitado y vinieran con nuevo disco. Surfin’ Bichos fueron una banda iniciática, no solo para mi, hicieron las veces de grupo guía, sherpa, santo y seña de toda la generación Indie española. Ellos estaban los primeros; grupos como Los Planetas, Sexy Sadie, Penelope Trip, Parkinson D.C., Australian Blonde... todos y recalco el todos, no hubieran sido posibles sin esa vía que abrieron Surfin’ Bichos allá por los lejanos años 80. Retorcidos, turbios, oscuros, febriles, viscerales... introspectivos es quedarse corto, perturbadores como una polución nocturna infantil, inocente al tiempo que preñada de deseos nocivos y mórbidos... y malditos, muy malditos; la anécdota de quedar fuera de la gira española de Nirvana después de haber sido seleccionados como teloneros, ejemplifica a la perfección el recorrido de una banda que merecería un reconocimiento similar al de unos Enemigos, Flechazos o 091 sino parejo al de los sucesores antes nombrados.

 

Chucho no corrió mejor suerte; con un despegue meteórico en el tiempo de mayor popularidad del género que ellos mismos abrieran senda, rápidamente entrarían en posición de cabeza para ir disolviéndose poco a poco en los discos sucesivos que parecían no querer encajar en las disposiciones de su público y terminar evaporándose del todo en un proyecto de tres discos (un larga duración y dos e.p.’s) que formaban una caja conceptual de un grupo ya difícil de por sí. Reuniones de Surfin’ Bichos y un tímido recorrido en solitario han llevado en estos ocho años a Fernando Alfaro a este segundo asalto de Chucho.

 

 

Es completamente normal que yo no tuviera noticias del acontecimiento; igual que me entusiasmaba “Surfin’ “ en los 80’s y 90’s, toda aquella escena del Indie patrio y el Pop Noise me aburrió soberanamente en su día y llevo descolgado de ese asunto desde entonces y ni ganas tengo, me dedico a otras cosas y aunque me hubiese enterado, tampoco me pide el cuerpo languideces autocomplacientes y victimistas de sesuda inmersión y profundas tristezas. Todos tenemos lo nuestro y no me parece ni sano ni productivo el andar regodeándose en las miserias humanas, propias o ajenas.

 

Así de predispuesto me encontraba para ver el concierto; añorando al grupo de mi adolescencia y consciente de que aquello poco o nada iba a tener que ver. Dentro de lo que cabe, son un buen grupo, un gran grupo incluso y el que tuvo retuvo; duchos instrumentistas, grandes compositores, veteranos maestros de su oficio dándole perfecta dimensión y afilado perfil a un repertorio que a mí ya me resulta insulso hasta lo tedioso, letras abisales que da pereza seguir, música amable que no invita a moverse, concienzudos armazones musicales de arreglos portentosos donde la energía ocupa un lugar secundario. Me gustó especialmente una canción del nuevo disco que se llama “¡Viva Peret!”, una suerte de Rumba reconvertida y llevada a su territorio realmente interesante y esmerada. Le puse empeño, aguanté por el apego que aún conservo a aquella primera época, con la escusa de buscar distintos ángulos para hacer más fotos, subir a las demás plantas del Joy Eslava... Y al oír la presentación de algo que se llamaba “Oso Bipolar” que sigue rechinando en mi cabeza como un regodeo en tópicos cansinos del modernéo mas tontorrón actual, me fui. Tenía personas que ver y con las que estar bastante más importantes que aquel concierto.  

 

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