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"Rockin' Roca"

Iván Velayos
El Buzo en el Purple (Festival Internacional Purple Weekend 2012)

Fortu, la pasión y el éxtasis místico

Rock detail

Hoja en blanco y a cada minuto urge más, el ir dando forma, a lo que tiene que salir, casi de forma inmediata. Barajando las posibles historias, con las que suelo enredar y envolver, lo que es la reseña sobre los conciertos, propiamente dicha; creo percibir o ver algo, sumamente más importante y emocional, al resto de las “aventuras” que podría contaros; las actuaciones se están afianzando, incluso dan visos de convertirse en algo estable; esto hay que enmarcarlo.

 

En el arranque de la primavera más lluviosa, en unas cuantas décadas hacia atrás, con el frío atenazando los impulsos del abulense, se ha atravesado lo que podría ser el prototipo de fin de semana musical, cultura de base incluida; grupo local con invitado visitante, un par de viejas glorias y un aforo más que decente, ¿Ávila despierta?, ¿empieza a asentarse el público y las actuaciones?, ¿llega el tiempo de la programación estable?, ¿es todo un frenesí, una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son, que diría Calderón? Ni tanto ni tan calvo, vamos a ir viendo.

 

El público potencial y aquel que es medianamente afín, a las programaciones de pequeño – medio aforo, está muy lejano todavía, de salir del enclaustramiento sectario circundante a su núcleo cerrado de amistades, familia, moda afiliada y demás zarandajas, o excusas que normalmente se barajan como razones, para no ir a uno u otro concierto, evento o concentración a las que se invita, todas las semanas, a aquel que quiera asistir.

 

Fuera a parte, de todo este conglomerado de situaciones y posicionamientos, hay un porcentaje elevado de gente, quizás el más numeroso, que directamente, no le gusta la música, o que si le gusta, la razón primera para acercarse a un local, a escuchar música en directo, es por una cuestión de socialización, de salir por donde sale la gente y tener fiesta.

 

Otra fuente directa de público, debería estar, en el natural relevo, tomado por nuevas generaciones, que fueran despertando su autoafirmación hormonal, a través de las manifestaciones culturales de su tiempo, las inquietudes normales que se deberían generar, en el tránsito hacia la madurez, en aquellos especímenes sanos de nuestro entorno. Decir esto así, es prácticamente un sarcasmo; en el tiempo de los realities shows, el triunfo a través del pelotazo, la chabacanería recompensada como virtud televisiva y el latrocinio impune sistemático, esperar que la juventud, encuentre la recompensa del esparcimiento, en las manifestaciones artísticas, es algo así como surrealista, cuando no, directamente contrario a la tendencia predominante, alentada y cultivada, desde los medios de comunicación masivos. Ya hace tiempo, que se escuchan voces, denunciando algo que debería ser más que evidente para el común de los mortales; la curva inversamente proporcional, entre el consumo de alcohol y estupefacientes entre la juventud y la asistencia de este público a los conciertos. Vamos a ver, es de cajón, no vas a poder beber lo mismo en un concierto, por precios de entrada y de consumición en barra, que en un botellón, cuyo único propósito es beber la mayor cantidad posible al menor precio; otro de los engaños de nuestro tiempo, perseguir la cultura, a cambio de la auto discriminación de la juventud en bebederos clandestinos.

 

La semana pasada os hablé del concierto familiar y para todos los públicos de Caskärrabias en Vallekas, lo de esta semana en Ávila, va por esos derroteros. Tampoco puede ser de otra manera, si algo es característico en Ávila, es la familiaridad del sitio y la población, por conocernos todos, ser los que estamos y estar los que somos; si ya nos conocemos todos en el Rock, a nivel estatal, por ser siempre los mismos en los conciertos, en Ávila, huelga decir, que lo que llama la atención es ver a gente que no conoces; pues bien, empiezan a verse caras nuevas y esto es algo maravilloso.

 

El viernes tuvimos a “Desodio” y “Primo Ramón” en la sala Kamelot, dentro de la iniciativa de “Las noches del Kamelot”, que el “Colectivo de Músicos Abulenses”, lleva realizando desde Enero. Esta actividad, se queda pobre a muchos niveles, prácticamente a todos, pero tampoco creo que hubiera otra opción, con la que ir creando público hacia la actividad musical en la ciudad, que es el autentico problema y tener estas actuaciones y esta posibilidad, ya es un lujo en sí misma. Unas veces suben unos, otras, pues otros, evidentemente, las causas ya están narradas aquí mismo por enésima vez, pero la actividad está ahí y se empieza a percibir, como, tímidamente, comienza a surgir el reclamo de la regularidad, el “vamos a ver que hay” y el encontrarte con gente, que sabes que van a estar de fijo; el saber que hay algo que hacer un viernes en Ávila. Por muy atravesáos que andemos, unos con otros, es un placer veros, que lo sepáis; para bien o para mal, la familia del Rock en Ávila, somos los que somos y no va a haber otros, por muchos pájaros que nos montemos en la cabeza, es así.

 

“Desodio” fueron infames, las cosas como son y por su nombre; descoordinados, faltos de ensayos, escénicamente torpes, con una propuesta trasnochada, de inocencia compositiva y lírica... pero genuinos como ellos solos y defendiendo sin sonrojos, lo que en esencia, ha sido su forma de entender su impulso en su tiempo, que tampoco hay que buscar otra cosa. Está claro en lo que tocan y por momento generacional, un indiscutible poso a los Leño más crudos, con ciertas intenciones metaleras y aquel rock urbano, que fue signo distintivo en la España barriobajera, que todavía late y se niega a desaparecer. Gestos y señales inequívocas que los hicieron verse identificados con “Primo Ramón”, como reflejos de las mismas circunstancias en distintos sitios y con los que los une una larga amistad y camaradería, que promete alargarse tanto como les sea posible. Siguieron los abulenses con la tanda, viejos conocidos de toda la congregación, “Primo Ramón” hacen lo que hacen y llevan haciendo toda la vida, rock urbano de casta y reverencia al género, mamando de los grandes nombres, han generado su marca propia y distintiva, en dar forma, a su manera de entender, el legado de Burning, Leño, Rosendo, Elegantes, Desperados, Enemigos... y tantos otros, que versionaron hasta la saciedad durante toda su existencia y que se perciben en cada nota, con las que ahora defienden un repertorio propio repleto de sabor y clase, de la lección aprendida, disfrutada y ofrecida con placer, en lo que se entiende como una forma natural, de interpretar la música que los sedujo durante su juventud. Un placer siempre; personalmente, no me cansaré jamás, de oír su interpretación del “Perro Negro” de “El Tri”.

 

Quizás sea el Rock Urbano, donde puede verse el nexo común, si es que esto existe, en las bandas de base de la ciudad; si bien, todas y cada una de ellas, tienen sus particularidades y signos distintivos de afiliación, hacia una tendencia u otra, es indiscutible, que el punto de convergencia, por época, situación geográfica y condicionantes comunes, se sitúa sobre el motor que fue el género, para la música en castellano de antecedentes de barrio obrero.

 

Sobre esto mismo, el Rock Urbano, estaba basado lo que pudimos ver el sábado; Sala Kamelot, KOS y Obús, cartelón de aúpa. Dos fijos del género, dos clásicos, porque si Obús son un referente y unos pioneros del estilo, KOS, son ya unos históricos que llevan desde los primeros 90’s, trabajando incansablemente y sin desaliento, allí donde han podido tocar. De clásico corte metalero y letras de callejón, se percibe en las tablas del escenario, cuando una banda tiene oficio y años de trabajo. Con una factura impecable, los Salmantinos desgranaron un repertorio de altura, frente a un público exigente al respecto; la cuadrilla metalera de la ciudad, estaba prácticamente reunida al pleno, en lo que fue una fiesta para ellos mismos, una celebración de heavy metal hispano, por ellos, para ellos y por seguir ahí. KOS son muy grandes, que no hayan llegado a unas cotas de popularidad mayores, es únicamente responsable el cambio de preferencias culturales, que ha sufrido la sociedad en estos tiempos, en los que ya no es posible que un músico, llegue a tener un reconocimiento parecido al de sus antecesores. Calentamiento perfecto para abrir boca ante la llegada inminente de la gran bestia Vallekana. Los Obús siempre mantuvieron el tándem perfecto con Barón Rojo, como las dos grandes bandas de Rock Duro, Heavy Metal, o como lo quieras llamar... del país. Con el sello distintivo en el deje macarra de barrio de las letras, y el riff de guitarra pétreo, sólido y afilado, Obús no tienen nada que demostrar a estas alturas, solo constatar la admirable forma que conservan a sus años y el buen hacer y tesón que los sigue manteniendo sobre los escenarios, a estas alturas de partido, con la legión de fans que siguen conservando y que se sigue renovando con los años. Dieron un concierto soberbio, de precisión milimétrica y de lección de oficio; todos sus guiños, todos sus gestos, todo el espectáculo está hecho, derecho y asentado en años y años de defender los motivos y las razones que los pusieron donde se situaron y donde están, escenario tras escenario, concierto a concierto; consiguieron meterse a un público, entregado de antemano, en el bolsillo. Entrañable, cercano, familiar... se llegó a acariciar, ese pálpito coral común entre los asistentes, el sentirse uno, el ser un todo común que tanto le hace falta a la cultura de base de la ciudad, una razón para gritar todos al unísono, aunque sea lo de “Me domina la autopista”. A mí me hicisteis feliz, tronkos.

 

Me perdí el concierto de “Miguel Costas”, tengo que reconocer que no me enteré hasta que estuve en el mismo bolo de “Obús” de que tocaba, pero es un buen síntoma que se programen varias cosas y de nivel el mismo día en la ciudad, que la competencia bien entendida, siempre es un síntoma de buena salud y un estimulo a mejorar y seguir creciendo. Si no fuiste, te perdiste una buena; que los que estuvieron no van a ir las futuras actuaciones, pues casi seguro que no; que a ti no te gustan y que te molan más los “nosequien” y los “nosecuantos”, pues ahí andan todos los demás, arrimando el ascua a su sardina y sálvese quien pueda, pero está claro lo que los conciertos aportan y ofrecen tanto al individuo como a la sociedad; aparte de una conciencia colectiva, convivencia y entendimiento social, aporte en cultura y civismo frente a la deshumanización y las prácticas perniciosas de ocio... una excitación, entusiasmo, diversión, enardecimiento, adrenalina... que sigue ahí y que es indiscutible, algo emocionante y real que está a años luz de los espejismos televisivos.

 

No seáis cencerros, ir a los conciertos, vosotros mismos lo agradeceréis.

 

GALERÍA FOTOGRÁFICA

 

Desodio:
 
Primo Ramón:
 
K-OS:
 
Obús:

Comentarios

Buzo 26/03/2013 20:23 #2
Txino!!!!!!!!!! aúpa ahí, trón!!!!!!!!!!
txynin2010 26/03/2013 19:48 #1
Hola BuzoMan. Me enteré de tu blog por nuestro amigo común Cliff. Bien por ti!!!!! Un abrazo desde el puto Norte. TxinoBoy

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