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"Rockin' Roca"

Iván Velayos
El Buzo en el Purple (Festival Internacional Purple Weekend 2012)

El polvo en los zapatos

La eterna metáfora, sobre el carácter y circunstancias abulenses, que desde niños, generación tras generación, se ilustra con la famosa anécdota de Santa Teresa, sacudiéndose las sandalias en los cuatro postes, porque de Ávila no quería ni el polvo, cada día se me hace más insoportable y nauseabunda. No es la única, el poema de Antonio Machado “Por tierras de España”, aquel con el que empezara el disco de Extremoduro “Aquila”, o el refrán aquel “de Castilla el trigo pero no el amigo”, dan que pensar y mucho, además. La personalidad “Morañega” y la de los “Serranos”, la picaresca, enredada en el alma española hasta la extenuación del país, izquierdas y derechas, la Casa Social Católica y el Villacacharrita...

 

La semana pasada no hubo reseña, no fui capaz de enviar lo que me salió, me pareció horrible, tremendamente feo, como feas son las circunstancias que propiciaron el conflicto interior que me situó en esa decisión. Como la rumorología es la que es en la ciudad, porque esta misma, ha sido parte importante del problema, porque sorprendido me encontré con gente que esperaba la “parrafada” y por intentar dar algo de luz, a lo que se ha convertido en un problema endémico a la ciudad y que es el auténtico muro contra el que chocan, irremediablemente, todas las iniciativas que salen, sean del tipo que sean, me he decidido a afrontar el asunto de cara y sin pomada.

 

Ya he hablado con anterioridad, en esta misma publicación digital, del “todos contra todos” que gobierna la ciudad, pero en esta ocasión ha rayado contra la esencia misma y razones de escribir estas líneas, que no es otra que la de dar cierto eco y notoriedad a la escena musical abulense, ignorada, maltratada, ridiculizada, sumida en el ostracismo... muerta y enterrada, antes incluso de haber inhalado la bocanada de aire primaria que le permitiría dar la segunda y con cierta normalidad, poder vivir.

 

Si no es suficiente con la cazurra imposición del pasodoble verbenero, la inercia del “así ha sido toda la vida” y el “qué dirán”, ahora se suma una nueva generación de perpetuadores de la estela y hedor a España negra que todo esto lleva consigo; sindicalistas que aceptaron sin más las reglas del juego y juegan al elitismo y el desprecio en la intimidad, hippies alternativos de círculos exclusivos donde la fealdad y el origen humilde no tienen cabida, héroes del 15M que cuando salieron a la calle y se encontraron con la fauna que normalmente la habita, se rasgaron las vestiduras y arremetieron contra ella, en lugar de ver la realidad que esto representaba, artistas solidarios con todo lo políticamente correcto que cierran los ojos y cierran filas ante sus coetáneos, para no hacer frente común y devorar la carroña que quede tras la desbandada, punkies antifascistas, antirracistas y libertarios que no tienen pudor alguno en ejercer la exclusión social a sus vecinos, entre mantras panfletarios ensalzados con violencia bajo la protección que supone la mafia del grupo.

 

Esta es nuestra cultura de base, nuestros intelectuales. Esto somos nosotros, el polvo en el zapato y la sombra de Caín. Empeñados en ser lo que nos dicen y no lo que queramos, repetimos los mismos roles de aquella España de posguerra, de plañideras, calumniadores, de pusilánimes y cállate, no te vaya a tocar a ti.

 

El fin de semana pasado empezó con un gran concierto de “La Antena del Grillo”, incluido dentro de la programación que el “Colectivo de Músicos Abulenses” viene haciendo en la Sala Kamelot; músicos perseverantes y ajenos a toda pretensión, dieron una actuación de 11 sobre 10; compenetrados, ensayados y en forma, defendieron su repertorio a la perfección, “Rock Sostenido” lo han bautizado ellos; arriesgada y difícil propuesta de estética musical y lírica que nada en un mundo propio, de referentes al rock urbano y el soft rock 70’s – 80’s, pero todos ellos lejanos, ha sabido encontrar su virtud viendo sus límites, sabiendo quien se es y demostrándolo sin amilanamientos ni falsas modestias. Jamás ganarán un Grammy y ni falta que los hace, mientras sigan disfrutando de lo que hacen como lo hacen. Chapó, tronkos.

 

Llegado este momento, sería cuando cualquiera echaría en falta la parte que acostumbra a seguir, y aún cubierta, mientras me hallaba completamente absorto en la configuración de la columna de esa semana, me llegó la noticia de que no se me daba acreditación para ese sitio, que si quería cubrirlo, tendría que pagar la entrada.

 

“Joer, que cabrón el Buzo, que viene a los conciertos sin pagar”. Este es el comentario, que a mí me han dicho, ha terminado por traspasar la moral y la paciencia del dueño y gerente de este establecimiento, teniendo que llegar él, a pagar mi entrada, por dejar de oír la cantinela reiterativa de un corpúsculo enfermo de rencores y maldades, que pasa por la exclusión social total de mi persona de cualquier acontecimiento, la condenación a toda labor que pueda realizar y el hundimiento de mi ser, en la ignominia y el desprecio más abyecto al que se me pudiera soterrar.

 

Odio, literalmente, esto se me alegó como razón; odio, por eso se que no exagero, por eso sacudo aquí mis zapatos y libero un lastre al que no pienso dar cabida, al que no pienso alimentar y que es como para compadecerse de quien lo usa como “modus vivendi” o “leitmotiv” vital, como razón primera y máxima para convertirse en un sicofante enterrado en sus propias miserias, en el tipo dañino del que hablara “Machado”, conjurando demonios imaginarios de alcahueta sobre los que apoyarse, para poder sostener el pedestal de privilegios que cada día se estrecha más y más.

 

A parte de lo discutible que puede ser el irse haciendo eco de los dimes y diretes de “la cofradía del santo reproche”, que dijera Sabina, invito a cualquiera a que consulte precios de las publicaciones que hay por ahí, a ver cuánto cobran por cubrir un concierto y dilucidar cuanto estoy pagando yo por concierto, haciéndolos como los hago, “by the face”. La “cortesía” de la acreditación, es más que nada, una cuestión de respeto al trabajo que desempeño, una cuestión de autoestima a una labor, que de otra manera, nadie haría. El exigir el precio de la entrada, para cubrir el concierto, es considerar que no hay nada más que cubrir, ni tengo más contenidos que aportar; loco estoy por un fin de semana sin conciertos, para poder reseñar alguna de las referencias que hay en descarga gratuita y por doquier de grupos que sería un placer el invitar a la escucha.

 

Mis “platos rotos” pagados están con creces, para tener que aguantar a estas alturas, al primer cretino de turno, creerse dueño del poder de juzgar a nadie y condenar a su arbitrio; delito tipificado este y razón por la que las sociedades civilizadas modernas poseen poderes, ejecutivos, legislativos y judiciales.

 

Mientras intentaba interiorizar y asimilar la nueva situación al respecto y de cómo tendría que afrontar las reseñas a partir de entonces, de cómo se hacía inevitable una explicación, para responder a las suspicacias que levantaría entonces, el cubrir un sitio y otro no; en Valladolid, de la forma más absurda, siniestra y desproporcionada del mundo, se obligó a la suspensión de una obra teatral del abulense Carlos Martín Sañudo, un espectáculo auto gestionado y que formaba parte de una programación estable de una plataforma cultural. Guay. También supimos, el mismo sábado de su estreno, que la iniciativa del micro abierto, quedaba suspendida. Guay. Más polvo en los zapatos.

 

En toda esta diatriba y exposición de argumentos sobre lo que sí y lo que no, los porqués y las motivaciones, se me insistió en demasía sobre las necesidades personales de cada uno y de su núcleo familiar y me decidí a hacer lo propio. Me apetecía ir a Segovia, alternativa real nocturna, al páramo cultural abulense, desde que tengo uso de razón, sitio donde siempre me lo he pasado de lujo, donde la programación musical estable y variada, se lleva cuidando desde antes de que yo naciera y donde este viernes pasado tocaron “Black Horde”, asturianos de los criados con fabes y una de las mejores propuestas que existen actualmente en este país, grupo con “redaños” suficientes para estar compitiendo en ligas europeas.

 

Pero la razón era otra y estaba clara, los acompañaban “Las Cheerleaders Asesinas”, con guitarrista abulense en la formación y prácticamente abulenses de adopción, todos ellos ya; son una de las propuestas de hard rock en firme, más claras, que existen actualmente, sobre la piel de toro que está bajo nuestros pies. Iñaki Rodríguez, el guitarrista abulense, es un roquero de los de verdad, de los que compran discos, de los que sigue lo que se publica, lo que va saliendo, que pincha, que se emociona y vive la música con pasión y con intensidad y no podía, de manera alguna, más que rodearse de compinches que estuvieran en sintonía y por la labor. Abrieron la noche sin dar tregua y demostrando porque son los actuales herederos de Burning, Obús o Barón Rojo; espectáculo en lo musical y en lo visual, energía palpable sobre el escenario y sometiendo a la comunión con la banda, al público reunido. Rock and Roll con mayúsculas y en bandeja de plata, hard rock académico y de oficio, peligroso y lascivo.

 

Rock and Roll del de verdad y tan solo un aperitivo a la tormenta sónica que “Black Horde” son actualmente, hard blues tejano vía ZZ Top, jugueteando con el Stoner y el Heavy Metal por momentos, poseen una presencia escénica que llena el espacio sin necesidad alguna de artificios premeditados y una rotundidad en formas musicales que elevaría al cielo sus maltrechos pies, señora. Banda de las que curran, de las que estudian, de las que no se conforma y de las que se tira a la carretera, contra viento y marea, sin melindrees y sin pedir, ni permiso ni disculpas. Obligatorios e imprescindibles, han pasado ya, en un par de ocasiones, por Ávila y no deberías perdértelos, si tienes oportunidad, este fin de semana hacen jueves, viernes y sábado en Madrid.

 

Pues así está el patio y por si fuera poco la recesión, los recortes, la incultura, la imposición de patrones antediluvianos, Jersey Shore, el modelo materialista, la política de subvenciones, el retroceso de derechos y el conclave papal, los de Ávila, a falta de la posibilidad de avanzar, nos conformamos con irnos poniendo la zancadilla unos a otros, pero claro, los de siempre son los de siempre y no podía acabar así de fácil la semana y como siempre, tiene que haber el descerebráo de corte tradicional, gracias al cual, acabó el fin de semana con uno de los músicos locales, amigo de todo el mundo y apreciado allí donde vaya, en el hospital, con la cabeza abierta, gracias al subnormal, de formas históricas habituales, que nunca nos ha faltado en la ciudad. Más polvo en los zapatos.

 

GALERÍA FOTOGRÁFICA

 

La Antena del Grillo:
 
Las Cheerleaders Asesinas:
 
Black Horde:

 

Aúpa el Bombas y los A.D.P. que no pude ir a verlos con los Reinci y no os perdáis este viernes a “Los Tres Pies del Gato” en la sala Kamelot, que va a ser un puntazo. Ser felices y estar a lo vuestro, que ya está dios en lo de todos.

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