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Ana Roa

El optimismo. Educar con psicología positiva, pilares básicos en la educación

Libro optimismo detail

¿Qué entendemos por pensamiento positivo?
Cuando hablamos de pensamiento positivo, contemplamos las posibilidades agradables y óptimas de cualquier acontecimiento o problema, independientemente de las dificultades que estos lleven consigo. Ante situaciones que quizá no son “tan terribles” podemos practicar optimismo. Lo contrario a optimismo es pesimismo, el pesimismo o pensamiento negativo sólo nos muestra errores y lamentos.


El estilo de pensamiento, igual que la autoestima y el autoconcepto, se va aprendiendo durante nuestro desarrollo evolutivo. Los niños contemplan cómo van reaccionando las personas de sus entornos más inmediatos ante los problemas que se les presentan; así, un niño optimista se ilusiona con los acontecimientos que van guiando su vida, está motivado y no se imagina  que puedan ocurrirle a su persona una serie de desgracias encadenadas. En las situaciones más adversas, un optimista piensa que sus propios errores o fracasos le servirán de ejemplo para una posterior superación (“la próxima vez será mejor”) y se esfuerza en modificar determinados aspectos que han influido en el resultado no logrado; un pesimista se aferra a una serie de circunstancias que según él están lejos de su ámbito de influencia y que, por tanto, no puede hacer nada para modificarlas y determinar un resultado más beneficioso.


Como comentábamos antes, desde pequeños aprendemos un estilo de pensar y comenzamos a aplicarlo. Poco a poco empezamos a interiorizarlo, forma parte de nosotros, y cuanto más mayores somos más nos cuestan sus modificaciones; si un niño aprende a funcionar en “positivo”, será más eficaz en la vida y triunfará con más facilidad.


¿Cómo sabemos qué estilo de pensamiento tiene un niño?
Por medio de su lenguaje. Sus expresiones frecuentes y sus narraciones nos darán pistas de cómo encauza los conflictos.


¿Cómo se puede enseñar a un niño a ser optimista?
Educando su estructura de pensamiento.
Primero se entrenará identificando qué pensamientos negativos le provocan emociones negativas, después verbalizará sus sentimientos negativos, y comenzará (con nuestra ayuda) a reformularlos de manera adecuada. Por ejemplo, “no sé botar la pelota, siempre se escapa” podría decirse “ayer conseguí botar la pelota bien una o dos veces, hoy lo intentaré de nuevo”.

 

Si nos encontramos con expresiones catastrofistas, en las están presentes las palabras “siempre” o “nunca”, será conveniente que el niño aprenda a sustituir estos mensajes por otros con palabras más ocasionales y menos absolutas.


Quizá en algún momento, el niño permanezca en silencio y se decante en última instancia por el pesimismo. Por ejemplo, “esos niños me van a decir que no quieren que juegue con ellos”; lo más adecuado en este caso sería reformular la frase en positivo, “voy a intentar jugar con esos niños”.


¿Cómo es un niño optimista?
Cuando hablamos de educar en el optimismo nos referimos a adoptar el pensamiento positivo como hábito.


Un niño optimista:
Describe una situación difícil y un error que ha cometido por actuar de una determinada manera, pero no se descalifica a sí mismo.


Sabe que los problemas son temporales y busca soluciones para atajarlos.
Saca provecho de los conflictos desarrollando hábitos saludables de crecimiento y superándose a sí mismo.


Goza de éxitos académicos
Su fortaleza frente a las enfermedades es mayor.
Sabe que si actúa correctamente vencerá las dificultades y podrán hacerse realidad sus expectativas.

 

El optimismo se va formando a lo largo de la vida.
Educar y formar niños optimistas es una labor diaria; nosotros podemos enseñar y ellos pueden aprender. Los propios padres y educadores serán los auténticos optimistas, pues son sus modelos. Nuestras acciones cotidianas serán las respuestas a sus preguntas más básicas, y, observándonos, aprenderán e interiorizarán optimismo o pesimismo. Una actitud optimista nos servirá para diferenciar “aquello que los niños hacen” de las características que conforman su personalidad “aquello que los niños son”. El hecho de equivocarse forma parte de su crecimiento, estamos hablando del aprendizaje ensayo-error; por todo esto cuidaremos la forma en que corregimos a los niños, puesto que con nuestras palabras positivas llegarán a valorar y a resolver situaciones complejas y no se descalificarán ni desarrollarán una estructura negativa de pensamiento.

 

Comentarios

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