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Ana Roa

EL EGOISMO INFANTIL

Uno de los cometidos más destacables tenemos los adultos con nuestros niños es acompañarles en el proceso de socialización, y durante el desarrollo del mismo hemos de ayudarles a superar su propio egocentrismo, su exagerada consideración de que son necesariamente el centro de atención y actividad generales. Es tarea nuestra el facilitarles una visión de seguridad en su entorno afectivo que les ayude a fomentar su autoestima y por tanto favorezca su autonomía en las relaciones fuera y dentro de casa. Se trata de una evolución continua que hacer crecer al niño y le integra dentro de un entorno en el que convive día y día y que forma parte de su proceso educativo y de maduración personal, aprendiendo a dar y a compartir…sin embargo, la sociedad no ayuda mucho en gran parte de las ocasiones, donde el “te doy si me das” o el “te doy para que me des” está cada vez más arraigado, donde la generosidad bien entendida y el sentido del altruismo no son percibidos de una manera homogénea por el conjunto de dicha sociedad, y donde sólo aquello que sobra o no nos gusta es susceptible de compartir.


Ser consciente de nuestras propias necesidades y también de las necesidades del otro, darse cuenta de las satisfacciones que aporta el hacer felices a los demás y compartir en igualdad y justicia, ayudará a obtener esa visión de solidaridad que haga superar la etapa de egocentrismo, normal por otra parte, previa a la integración en sociedad del niño.


“La capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos”


Después de los cuatro o cinco años los niños comienzan a ser capaces de empatizar, de poder identificarse de una manera afectiva con el estado de ánimo de otro abandonando  el egocentrismo que guiaba la mayoría de las acciones que llevaba a cabo, percibiendo ahora  la existencia de otras necesidades y puntos de vista distintos.

 

Este proceso se enmarca dentro de una evolución continua, día a día se va formando una forma de entender y de comportarse con respecto a la realidad de los otros que debe ser guiada sobre todo por los padres a través del ejemplo, con actitudes más generosas y menos egoístas. Además,  la familia, los amigos y con un papel también relevante la escuela suponen un marco determinante para ayudar a recorrer este camino de crecimiento personal a los niños y que les aleje de caer en el egoísmo en etapas posteriores de su vida. Poder interiorizar la solidaridad como una fortaleza a través de la experiencia diaria fomenta un entorno más justo y humano para los niños.


¿Qué quiere decir “generosidad”?


Cuando el propio interés queda en un segundo plano y nos inclinamos a tener en cuenta los demás, nos encontramos con la semilla de la generosidad. Un niño menor de seis años todavía no tiene muy claros estos conceptos, sabe distinguir cosas que sí son suyas y cosas que no lo son,  pero su manera de afirmar su identidad  reconociendo que la existencia de los demás está en unas etapas muy iniciales.


Un niño de esta edad  puede percibir cómo otro niño está triste, le puede ayudar a levantarse o llamarle para que juegue con él, pero no comprende en su totalidad sus necesidades y perspectiva.  Por eso es el momento de enseñarle a compartir de una forma voluntaria aquello que uno tiene y no menos importante, aprender  también a recibir de los demás. Así podrá valorar lo que aportan los otros, y facilitaremos más el proceso hablando con él y ayudándole a que exprese sus sentimientos en el momento de dar a los demás y en el momento en el que es él mismo el que recibe… y comentando cómo pueden sentirse los otros en cada una de esas situaciones en las que se comparten objetos, juegos y pensamientos. Así se podrá valorar de una manera más fácil las necesidades propias y las de los demás, lo que fomentará el aumento de la  generosidad en los niños.


Consejos sencillos


- Poner límites para que interiorice la existencia de los mismos.
-Establecer turnos para tener ciertos juguetes o para hacer ciertas cosas a fin de evitar conflictos.
-Reservar un tiempo para jugar con los hermanos o niños más pequeños
- Comentarle la conveniencia de compartir las cosas para que todos lo pasen mejor y sea más divertido, empezando por los objetos que no sean sus favoritos.
-Acostumbrarle a utilizar “palabras mágicas “como por favor y gracias.
-Dar  alguna galleta a otros niños, dejarles juguetes y cuentos en el parque.
- Ceder el asiento a alguna persona en los medios de transporte.
-Comprar algún pequeño regalo a otro niño con el dinero de su hucha.
Según Pujol i Pons y Luz González, en su libro “Valores para la convivencia” (Parramón Ediciones), podemos ser generosos a través de:


GESTOS:

-   Saludo   confiado
-   Mirada atenta
-   Manos afectuosas
-   Ayuda amable
-   Apoyo eficaz


PALABRAS:

-   Tono suave
-   Alabanza sincera
-   Corrección sobria
-   Aliento optimista
-   Diálogo verdadero

 

SILENCIOS:

-   Escucha atenta
-   Espera compartida
-   Dolor acompañado
-   Permanencia al lado
-   Invitaciones al silencio

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