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Revolución digital

Antonio Ferreras
En esta década el mundo va a cambiar más que en los doscientos años anteriores

Zánganos que trabajan

No sólo de guerras vive la tecnología. Poco a poco se abre un mundo de aplicaciones para un uso civil de los drones que nos hará la vida un poquito mejor y más fácil.

Recientemente aparecía en los periódicos que en el muy salmantino aeropuerto de Matacán, el ejército español recibirá entrenamiento práctico del uso y manejo de los drones. Sí, esos aparatitos voladores teledirigidos que los americanos utilizan en la guerra de Afganistán. Van cargados de bombas y les manejan desde las bases en California y Texas. Los pobres mujaidines no saben, literalmente, por dónde les caen las bombas. En el caso del ejército español, se trata del dron más modesto Aracnocópetero; no pasará mucho tiempo antes de que veamos a estas arañas voladoras patrullar por la isla de Perejil para desespero de los enemigos de la patria.

 

 

Pero como no sólo de bombas vive el hombre, multitud de empresas start-ups, imbuidas en esta pasión emprendedora que envuelve la sociedad, se han lanzado a la invasión del mercado con nuevos modelos y aplicaciones de lo más diverso. La misma empresa del aracnocópteros, Arbórea Intellibirds, comercializa su ingenio para la supervisión de torres eólicas. Su facilidad de uso, su estabilidad de vuelo y su capacidad de carga les permite elevarse y supervisar las grandes palas y rotores de los generadores de viento, evitando a los operarios estar de aquí para allá con la escalera.

 

 

Ya se están proponiendo más usos civiles de los drones. Desde filmación aérea para cartografía a operaciones de salvamento, pasando por fumigaciones agrícolas. Otra empresa española, concretamente de Madrid, es Flightech, que fabrica su pequeño avión ALTEA-EKO, que consume 4 litros de gasolina a la hora, como una motocicleta pequeña. Y el futuro es prometedor; lo pudimos comprobar en la pasado Congreso de Vehículos no Tripulados, UNVEX14, que se celebró en el aeródromo de Marugán (Segovia). Pudimos ver multitud de aviones y helicópteros diversos, desde 1 Kg de peso, utilizando incluso catapultas para el despegue, todos caracterizados por la ausencia de un piloto humano.

 

 

Antes de irme, os recomiendo ver el último vídeo que acompaña este artículo. Se trata del uso de un dron para obtener una panorámica aérea de la ciudad de Madrid. Ni desde muy alto, ni desde el suelo; como si de una paloma se tratara, la perspectiva que se obtiene es realmente increíble... ¿Para cuando un reportaje de éstos en una de nuestras ciudades patrimonio de la humanidad?

 

Antonio Ferreras

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