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Retratos de mujeres

Ester Bueno

Pobreza y desconocimiento de derechos, un coctel indeseable

La pobreza genera por sí sola un círculo indeseable de violencia, falta de derechos, exclusiones e inseguridades. La pobreza aumenta las posibilidades de sufrir abusos, de soportar violaciones de derechos humanos y de morir. La pobreza aboca a las mujeres a padecer sus efectos de una manera especial por el papel que les asigna la sociedad, la comunidad y la familia. Según las organizaciones de derechos humanos más del 70% de las personas que viven en la pobreza son mujeres.

 

Esa pobreza y el desconocimiento contribuyen a que exista una altísima mortalidad por los embazados y los partos y son causa de que más de un millón de niños se queden huérfanos de madre cada año. Y es que en el mundo 200 millones de mujeres no tienen acceso a métodos anticonceptivos o a información para controlar su fertilidad.

 

Un  informe de Amnistía Internacional refleja que en muchos países del mundo las mujeres y niñas mueren porque no tienen posibilidad de acceder a un tratamiento que podría salvarles la vida al ser demasiado pobres para pagarlo, y aporta datos escalofriantes como que en Sierra Leona una de cada ocho mujeres muere durante el embarazo o el parto, siendo una de las mayores tasas de mortalidad materna del planeta.

 

Otro ejemplo desolador es el de Burkina Faso donde  2.000 mujeres mueren anualmente por complicaciones del embarazo y el parto. AI cuenta que perecen porque no llegan a tiempo al centro de salud, porque no pueden pagar las tasas que les reclama el personal médico o por escasez de material y de doctores cualificados y apunta a las  violaciones de derechos humanos como el matrimonio precoz, la mutilación genital femenina, la violencia sexual y la falta de acceso a la información sobre salud sexual y reproductiva como causas subyacentes.

 

El derecho a la salud sexual y reproductiva es fundamental para la supervivencia de muchas mujeres. Ahora que en España se están cercenando las libertades de las mujeres despiadadamente, por parte de un Gobierno que al menos en este aspecto califico de ultraderechista, quiero reivindicar ese derecho. El derecho a la vida, el derecho a una vida digna para las madres y los niños. Sin miedos y sin vueltas a sentidos dictatoriales. Las mujeres aquí y en el resto del mundo tienen derecho a vivir y a disfrutar de una vida digna. Los niños tienen derecho a una vida digna, sana, feliz en lo posible, sin condenas a enfermedades inhumanas de por vida. De esto estamos hablando. 

 

Me gustaría copiar aquí algunos datos extraídos de este informe que he citado de Amnistía Internacional y que hablan por sí mismos.

 

•    Millones de jóvenes y niñas sufren en sus vidas el tremendo impacto de la vulneración de sus derechos sexuales y reproductivos. Según informes de varios organismos de Naciones Unidas.

•    Alrededor de 100 millones de niñas se casarán a edad temprana en los próximos 10 años.

•    Unos 150 millones de niñas menores de 18 años han sufrido algún tipo de violencia sexual.

•    Cada año 3 millones de niñas corren peligro de sufrir mutilación genital.

•    Según un estudio de cuatro países africanos más del 60 por ciento de los adolescentes no sabían cómo impedir los embarazos.

•    Casi 3.000 jóvenes contraen el VIH cada día.

•    Además, se estigmatiza, se castiga y se “corrige” a los niños y niñas que no se ajustan a conductas sexuales o expresiones de género socialmente aceptadas.

 

Eso pese a que hace casi 20 años, en la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo de Naciones Unidas, celebrada en El Cairo en 1994, dirigentes de 179 países reafirmaron los derechos de las mujeres y las niñas a tomar sus propias decisiones sobre la sexualidad, el embarazo y la maternidad.

 

Ester Bueno Palacios

Presidenta de la Asociación Josefina Aldecoa

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