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Retratos de mujeres

Ester Bueno

La vulnerabilidad llevada al extremo. Violaciones bajo impunidad

Cuando  reflexiono sobre el sujeto a tratar en este pequeño semanario de historias, he de elegir en muchas ocasiones entre la cotidianidad abrumadora de nuestro país, donde cientos de mujeres están perdiendo su empleo y donde llevamos un camino de retroceso imparable en el que los derechos adquiridos con objeto de llegar a conciliar la vida laboral y familiar se desvanecen en un universo de recortes y de falta de sensibilidad por parte de los que nos gobiernan para con nosotras, y esa otra realidad universal que ocurre aquí y en otros muchos países del mundo, pero que toma como punta de lanza ejemplos  que nadie sabe por qué invaden los medios de comunicación y sin quererlo se convierten en espejos donde se pueden reflejar los casos de miles de mujeres en este mundo desgarrado y hostil que compartimos.

 

Las últimas semanas han sido de toque de alarma respecto a las violaciones que se suceden en India de forma constante. Violaciones que las organizaciones de derechos humanos denuncian también en numerosos lugares de los cinco continentes. Me pregunto por qué las mujeres somos siempre el objetivo de locos que utilizan nuestro cuerpo para exorcizar sus desvaríos, para aplacar su ansia de venganza, para saciar su necesidad de sexo, para castigar a otros que les hicieron daño, para proyectar sus más abyectas fantasías, en definitiva, para aplacar bestias contra hadas.

 

Nuestro cuerpo, este envase imperfecto que nos contiene, que sujeta nuestro intelecto y nuestro espíritu, es el objeto del odio y la tiranía contra el mundo y contra nosotras. Desde el ateísmo y el descreimiento, pero desde la conceptualidad, reivindico el cuerpo de las mujeres como un templo sagrado sobre el que sólo nosotras tenemos derechos, sobre el que sólo nosotras decidimos y en el que sólo nosotras abrimos las puertas.

 

Los datos aterradores facilitados a raíz de estos movimientos reivindicativos que se suceden en India contra las violaciones a mujeres y niñas son el ejemplo de todo lo que nos queda por hacer. Me emocionan sin embargo las manifestaciones contra la impunidad y no me uno en absoluto a las teorías peregrinas que apuntan a la libertad de las redes, o a la difusión de imágenes eróticas o pornográficas, o a la dificultad para tener relaciones sociales más fluidas, para catalogar un hecho inexplicable desde cualquier punto de vista y para justificar algo que está fuera de cualquier justificación posible.

 

Impunidad cero. Impunidad cero. Mi historia de mujeres de hoy, dolorosa y tremenda es para la pequeña de once años de la ciudad de Sikar. Secuestrada, violada por seis hombres, sometida a seis cirugías mayores y ocho procedimientos quirúrgicos menores para reconstruirle la zona peritoneal y el recto, ahora sin reacciones físicas ni mentales a los estímulos.  Aún está entre la vida y la muerte. Según su familia los agresores siguen libres por su buena relación con la policía. No tengo palabras.

Comentarios

Enrique 18/01/2013 17:47 #2
Muy bien, Ester.
Sin rencores 18/01/2013 14:10 #1
Muy buen artículo. ¡Ánimo, sigue escribiendo!. La vida es breve y, a veces, muy difícil pero es el regalo más preciado que tenemos y merece la pena saborearla con intensidad. Todo lo que cause dolor hay que apartarlo de nuestro camino y, efectivamente, nuestro cuerpo es nuestra casa y nosotras tenemos las llaves que solamente debemos entregar a quien demuestre que se lo merece, no a impostores de sentimientos ni a cobardes.

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