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Retratos de mujeres

Ester Bueno

De velos y tocas

"Todo capricho surge de la imposición de la voluntad sobre el conocimiento"Schopenhauer

Nos esforzamos en hablar de respeto, de inculcar en nuestros hijos el respeto a los otros y de ser corteses con las opciones de los demás  en esta sociedad variopinta, multicultural y con tanta riqueza en la que vivimos. Es cierto también que el entorno en que nos desarrollamos necesita la paz que sólo se consigue con tolerancia y con empatía.

Por eso es sano también enfrentarnos con nuestras propias costumbres y ponerlas en paralelo con las de otros de nuestros vecinos, muchas veces criticados o incluso denostados por seguir ciertos hábitos o tradiciones que enmascarados vienen en ocasiones a ser lo mismo.

El velo islámico, por ejemplo, ha sido objeto de polémicas y controversias en el mundo occidental, también en España, país éste nuestro poblado profusamente de órdenes religiosas femeninas una de cuyas señas de identidad es llevar tocas cubriendo la cabeza como parte del uniforme que las diferencia. La habitualidad de ver, desde siempre, €œhermanas€ impartiendo clase, atendiendo enfermos o sólo andando por la calle, no nos hace normalizar la visión de una mujer musulmana con su hiyab realizando cualquier tipo de actividad.

Y aquí hemos de hablar de la voluntad. Quiero admitir que las monjas que lucen su toca en la cabeza lo hacen de forma voluntaria, porque se sienten identificadas con un tipo de cultura religiosa o con una manera de ver la vida. También estoy de acuerdo con que las mujeres que deseen llevar un velo lo hagan, siempre que sea porque quieren, porque se sienten cómodas y porque les gusta identificarse así ante los demás. En ambos casos sería intolerable que lo hicieran por imposición o como símbolo de marginación de cualquier tipo.

Al parecer, el hiyab era en la Arabia preislámica un signo de respetabilidad que distinguía a las mujeres libres de las esclavas. También en el siglo XV en nuestro país las mujeres casadas llevaban toca para distinguirlas de las solteras. Pero en el caso del velo, una interpretación incorrecta del Islam, el devenir de algunas de estas sociedades en núcleos machistas, la tendencia del integrismo religioso a apartar a las mujeres de cualquier lugar público y confinarlas en el ámbito de la casa y el cuidado de los hijos, ha dado lugar a situaciones impresentables e intolerables donde el uso del velo o de algunas de sus más infames variantes (burkas, niqabs)  es signo de discriminación real. Afaganistan es el ejemplo más sangrante.

También es cierto que en las sociedades occidentales el velo es usado voluntariamente por muchas mujeres y para otras es una especie de obligación social pero por la que no se sienten violentadas, lo mismo que ocurre con las monjas católicas de las que en Ávila hay muchas y que debido a una norma llevan toca sin que eso las discrimine ante nadie.

Por concluir, velo sí, toca sí, siempre que sea por elección personal. Que la voluntad triunfe sobre la imposición.

 

Ester Bueno Palacios     

Presidenta de Mujeres Progresistas de Ávila 

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