Gisele touceda original

Renglones torcidos

Gisele Touceda

S.O.S. :D Society On Social Dependece

Autocritica a la sociedad de la dependencia social. Por increíble (o deprimente) que parezca, nunca me paré a contar el tiempo que pierdo “conectada” a la aldea global de la civilización actual.

Domingo por la tarde, paseo por la playa, un poco de sol y disfrutar del mar. Parada en el quiosco de Nice, agua de coco, muchos abrazos de bienvenida  y como siempre algún encuentro extraño con personas lejanas que coinciden en un lugar remoto, en este caso dos periodistas venezolanos cubriendo las ciudades sedes de la Copa del mundo, porque todo va tan deprisa (un día después del sorteo de grupos). Nos contamos nuestras vidas, inquietudes, experiencias y visiones de cada uno de nosotros acerca del sitio de dónde venimos y donde hoy nos encontramos.

 

Después de un largo viaje en bus (largo no por la distancia, sino más bien por la  mezcla de aglomeración, tráfico y el descuento en el billete del domingo), llego a casa donde me recibe mi familia en Brasil con saludos y la obligada pregunta: ¿Has venido tu sola?. Me ponen al día de lo ocurrido: “NO HAY INTERNET”. A lo que respondo, como si de un traumático acontecimiento fuera: ¿Cómo que no hay internet? Como si el agua pudiese faltar, o la luz o ¡¡los huevos en la nevera!! 

 

“Así es, llevamos todo el día sin internet”.- me responden.

 

Sin darme cuenta transcurre, una conversación que hoy parece tan fría y que me lleva a preguntarme si un día al llegar a casa me dicen: “los niños de la favela  (o del comedor de mi ciudad, o de un país lejano ¡Que más da el lugar!) llevan todo el día sin comer”… hubiese sentido el mismo desconcierto, la misma desorientación o hasta la misma sensación de injusticia.

 

Y me siento parte de lo que tanto detesto, más parte de este sistema que nunca, parte del engaño y parte del lado menos humano de mi cotidiana vida.

 

Pero como todo aquello que parece un mal irremediable, despertó también aquellas cosas buenas que dejamos a un lado cuando por instinto se nos pasa el día en conexión. Una charla más amena, un libro pendiente de terminar y otro pendiente de empezar (¡que también ahora está terminado!), un pensamiento, una película, empezar a escribir aquello que había aplazado y hasta extrañar un poco más a mi familia por no poder hablarles en vivo y en directo. O la satisfacción de haber pasado la tarde con una amiga en la playa conociendo personas, experiencias y compartiendo algo más real que un éxtasis momentáneo de la aceptación virtual. 

 

 

Ese día todos en casa nos pusimos a leer…

 

¿Cuántas cosas estamos perdiendo? ¿Cuáles serán las consecuencias de una sociedad virtualmente ocupada?  

 

Y comienzo a pensar en esa idea que hace tanto ronda mi cabeza, la manipulación en masa de las redes sociales, cuyo uno objetivo es la de mantenernos ocupados lejos de cualquier acontecimiento relevante. 

 

 

Se me viene a la cabeza una imagen repetida y singular: Camino por las calles de Brasil y veo a las mujeres sentadas en la puerta de su casa, con sus hijos jugando a su alrededor. Y percibo la desviada atención de la madre en un mundo artificial, porque lo relevante ya no es conseguir un trabajo y una casa digna, ni una escuela pública decente… lo importante ahora es estar conectados, lo demás ya no se ve a los ojos de los amigos virtuales. Como tampoco ella puede ver la inocencia con la que su hijo intenta cruzar una mirada aprobadora, complaciente, admirable y adorable de una madre. 

 

 

Y solo fue un día… 

Comentarios

Deja tu comentario

Si lo deseas puedes dejar un comentario: