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Renglones torcidos

Gisele Touceda

Somos del mundo

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Hace tres semanas  comencé un viaje por el litoral del Brasil, partiendo de Recife, pasando por Salvador de Bahía, Rio de Janeiro y São Paulo; para finalizar, por fin y doce años después, en mi Argentina natal.

 

Muchas son las experiencias que podemos compartir a lo largo de un viaje: el recorrido en sí, los compañeros de viaje, las ciudades, las personas con las que nos cruzamos, nuestra perspectiva sobre el modo de vida, los momentos inolvidables, la morriña!, ese echar de menos  tu lugar que hace que adquiera tanto valor carismático y entrañable.

 

A pesar de todos esos momentos, son las cosas más sencillas las que me llevo de cada lugar, y por norma general, coinciden siempre en la cotidianidad de las personas y su entorno. Y a rasgos muy globales lo más bonito de Brasil es sin duda su gente, su alegría y su amabilidad. Es un tópico que con mucha convicción puedo afirmar, ese rasgo común en cada uno de los brasileiros que va desde el taxista que te acerca (gratis!!!) porque está perdido, hasta el “empresario” que te vende açaí en la playa, el camarero de la barraca en la playa,  la cajera del supermercado, el nativo que comparte cuarto en el hostal y nos ayuda a recorrer los mejores lugares fuera de la ruta turística, el limpiador del parque… y un sinfín de personas que nos entregan algo que para nosotros, en el primer mundo, hace tiempo que ya no vemos: AMABILIDAD  pura, sencilla, desinteresada y alegre

 

 

 

 

Cada tanto deberíamos viajar hacia otros mundos para mejorar el nuestro, cada tanto deberíamos escuchar sus voces, inquietudes y curiosidades para abrir nuestro corazón y con él la mente, cada tanto deberíamos mirar hacia esas vidas tan cotidianamente sacrificadas para valorar el precio que se paga en el mundo subdesarrollado a causa de nuestra agitada vida capitalista. Entenderíamos quizá donde radica la riquezaaquella que no se vende ni compra en ningún mercado. Y también entenderíamos donde radica la pobreza, aquella que el sistema impone por “naturaleza” solo por nacer en aquella parte del mundo.

 

Me surge entonces, la respuesta definitiva, a una de las preguntas más resonadas en este viaje al iniciar cualquier interacción, ¿De dónde eres? Y como bien concluyo una de esas personas maravillosas que el viaje me regalo, Bianchi autónomo, empresario, vendedor de açaí: “ni Colombia, ni España, ni Argentina, ni Brasil: somos del mundo, y el mundo NECESITA amor”.

 

São Paulo, marzo 2014. 

Comentarios

Grace 21/03/2014 23:58 #1
Todos tendríamos que tener la oportunidad aunque sea de poder viajar y conocer distintos lugares. Aprenderemos costumbres que ni siquiera conocemos y que decir sus habitantes que desde su sencillez pueden enseñarnos los valores más ocultos fer ser humano. Somos del mundo y el mundo como tu dices necesita ese amor oculto.

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