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Renglones torcidos

Gisele Touceda

Samba y Futbol: La identidad trastocada

Desde hace un año el Mundial de la FIFA en Brasil es tema de debate en todos los ámbitos y clases sociales. 

No es para menos, un evento a escala mundial en un país que aún esta en vías de desarrollo no es “moco de pavo”, es una palanca que activa la crítica social, económica y política de una realidad que no es ajena y por tanto no se puede (ni tampoco disgusta) ocultar a los millones de personas que acercan su lupa a un objetivo que está más allá de ellos: el subdesarrollo, y ese ver ajeno se transforma en una mirada con aires de desprecio, con aires de compasión (como si eso alimentara!), con aires de desaprobación e impotencia, y “casi alguna” vez con aires constructivos.

 

Llama la atención que en este caso no son solo personas externas quienes hacen esa mirada crítica, sino también, son los principales actores quienes manifiestan un amargo desacuerdo con su propia realidad. Ya hemos escuchado hablar el paradojo de un país que se “desvive” por el fútbol y que está en contra de albergar en su casa al mayor de los eventos, pero más curioso es que quienes se oponen al evento nada tienen que ver con el fanatismo excesivo e irracional, y que, además, son ellos quienes también desean ver en su país una población que se desviva por otras cuestiones menos banales, por una sencilla y natural razón del ser humano, quieren porque necesitan: el progreso conjunto, porque saben que de lo contrario jamás izarán la bandera del aclamado “país desarrollado” condenadas a encajarse en la eterna emergencia o en lo que pudo haber sido.

 

Por eso debemos entender y respetar su mensaje de desaprobación dirigido a todos los que trastocan una y otra vez su identidad simplificándola a etiquetas que nada se asemejan a su verdadera y  cotidiana realidad, a su manera de ser y de actuar con los demás, a ese deseo de querer ser algo más que Samba y Futbol.

 

Nos dicen, y por sobre todo se dicen a si mismos, a gritos: ¡No va haber Mundial!, en un aclamado intento de exigirse progresar: ¡Somos mucho más que Samba y Fútbol, merecemos algo más que Carnaval y Mundial!

 

Por supuesto que todo esto no significa que esas identidades tan arraigadas al pueblo brasilero como es el fútbol y la samba (que admiro con tanta pasión) deben ser vistos como algo negativo, quien piensa eso no entiende de cultura. La riqueza cultural de ese país solo es entendida, como en todos los demás países, si se tiene interés en adentrarse, formar parte y admirarla en su contexto. Por tanto quien se postula en un lado u otro del conflicto, no entiende tampoco el conflicto. 

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