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Recetas para educar

Juan Carlos López
Entusiasmo por la educación y por la vida

¿Por qué mienten nuestros hijos?

Depende de la edad, en las edades tempranas, muchos niños mienten porque no saben diferenciar, entre la mentira y la broma, entre mentir y la fantasía. Hasta los 4 años los niños funcionan por el principio de complacer a los padres y si algo hace mal y creen que pueden enfadarlos, pues lo ocultan. Por lo tanto hasta los siete años más que mentir, fantasean.

 A partir de esa edad ya distinguen realidad de ficción y saben que una mentira es una mentira, aunque no le pillen, y se sienten mal cuando mienten. Incluso les inquieta que Dios pueda castigarles aunque sus padres no lo hagan.

 

Por lo tanto, en las primeras edades no hay que tomarse excesivamente en serio que el niño mienta, sino enseñarle el significado de ser honesto.

 

Cuando llegan a la preadolescencia, muchos vuelven a mentir para conseguir cosas que por otra manera no obtendrían. Los niños que mienten a partir de esta edad, suelen ocultar una falta de seguridad en sí mismos. Hay que prestarles especial atención pues al hacerse mayores, los niños no solamente son más hábiles para contar mentiras sino que además también tienen mayor precisión para detectar cuando les mienten. Se vuelven pequeños profesionales de la mentira.

 

Por qué se miente:

 

Por  fabulación.

 

Por defensa. Los niños pequeños mienten, la mayoría de las veces, para evitar el castigo (Pueden llegar a tener tantos castigos que prefieran probar suerte con el mentir).

 

Muchos lo hacen para evitar el enfado de sus padres porque automáticamente piensan que no serán comprendidos. También mienten para evitar la vergüenza si descubren lo que han hecho o para conseguir alguna cosa.

 

Hay que procurar que los hijos no tengan miedo a las reprimendas de los padres para evitar que se sientan forzados a mentir. Si los padres son comprensivos, los niños serán más sinceros a la hora de contar las cosas que han hecho mal. Eso no significa tolerar o aprobar el mal comportamiento sino que debe hablarse, explicar por qué está mal y plantear acciones correctas y, no permitir que vuelva a comportarse mal.

 

Por aparentar. Los niños nunca quieren sentirse “menos” que el resto de sus compañeros o amigos. Intentan dar una imagen que no son y acaban creyéndosela. Buscan ganarse la admiración de otros, a veces exagerando o mintiendo.

 

Por imitación. Copian la conducta de sus padres, ya que pueden oír cómo sus padres tildan de pesados a unos amigos a sus espaldas. El niño, de manera natural, al igual que sus padres, aprenderá a fingir unos sentimientos que no tiene. Es la llamada “mentira de cortesía” Cuando un padre miente por ejemplo al sacar una entrada de un niño diciéndole que diga que tiene menos años de los que en realidad tiene… le está enseñando que hay mentiras permitidas.  ¡Ojo! Los niños son como cámaras de video, todo queda grabado en su mente.

 

Normalmente lo niños que mienten suelen tener padres, amigos o compañeros que también lo hacen.

 

Por mantenimiento de la estabilidad. Esta conducta se da más en preadolescentes y adolescentes, ya que requiere una mayor elaboración del engaño, que en la mayor parte de los casos va dirigido a los padres y tiene como objetivo evitar líos en casa. Muchos adolescentes saben que los momentos de tensión llegan porque no hacen caso a sus padres, el hecho de desobedecer las normas, de no hacer sus tareas académicas, o salir con quienes sus padres les han prohibido, genera tensiones, que en algunos casos pueden tener repercusiones importantes, pero la más evidente es que si se descubre aquello que pueda perturbar el equilibrio, dificultará la estabilidad del hogar, por lo que deben recurrir al engaño elaborado.

 

PELIGROS

 

Una mentira lleva a otra y a veces es difícil parar la “bola creada”

 

Hay niños  que mienten por rutina porque se acostumbran a mentir. Lo peligroso es que se enquiste la mentira, y se habitúen a ella.

 

Por lo tanto hay que observar y estudiar la conducta del niño para analizar las causas de sus mentiras: quizá se le exija demasiado, puede que esté en un ambiente poco adecuado, tal vez los padres y demás adultos que le rodean mientan y, el niño simplemente copie esa conducta, o simplemente no le hemos explicado lo que significa mentir y sus consecuencias.

 

QUÉ HACER

 

Educar para la verdad, esto es: Demostrarle que confiamos en él.

 

No haga preguntas cuando se ha portado mal, en su lugar hay que decir al niño lo que hizo mal. Los padres con frecuencia preguntan a los niños por su mal comportamiento, incitándoles así a mentir. Muchos niños no saben por qué se portan mal. Si un mal comportamiento requiere unas consecuencias penalícelas, pero no debemos buscar explicaciones que ni los propios niños saben. Si les repetimos estas preguntas pueden trasformar al niño más honesto en mentiroso.

 

Si ha mentido, castigar  la acción y luego penalice la mentira a mayores (ej.: si el niño nos miente diciendo que él no cogió el juguete del vecino, habría que penalizarle por decir la mentira y luego  por quitar el juguete).  Si miente dígale que ello ocasionará el doble de problemas y cúmplalo. Si es así, el niño verá que si no miente el problema será la mitad.

 

Reforzar la veracidad: Elogie los comportamientos veraces. Si el niño reconoce algo que ha hecho incorrecto, primero  refuerce la veracidad y luego riña el mal comportamiento. Incluso recompense la veracidad con sorpresas o privilegios

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Es importante explicar a los hijos que la mentira conlleva  la pérdida de la confianza. Y que es muy difícil convivir con alguien en quien no se confía y que además cuesta mucho volver a ganarse la confianza de los demás. Es importante hablarles del sentimiento de culpabilidad que se sufre cuando se dice una mentira importante. Hacerles sentir lo que siente la otra persona cuando sabe qué ha sido engañada.

 

Es una lección muy difícil de explicar, sobre todo si los hijos son pequeños, pero una vez que la aprenda habrá ganado una virtud importante.

 

Hay cuentos que ayudan a los más pequeños a entender las consecuencias de ser mentirosos, como por ejemplo la historia de “Pedro y el lobo”. 

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