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Recetas para educar

Juan Carlos López
Entusiasmo por la educación y por la vida

Los cumpleaños

Los cumpleaños es otro lugar donde se produce un caldo de cultivo muy propicio para educar. 

Antes de comenzar, señalemos uno de los problemas que surgen previamente: ¿a quién debo invitar?... ¿a cuál debo asistir? La respuesta es muy difícil de solventar. Pero sí deberíamos evitar los “macrocumpleaños” donde se invita a cualquiera que pasa por la calle, y compromete, incomoda y a veces en algunas economías familiares, causa problemas. Diría algunas pautas muy personales: hasta determinada edad, tres años, el círculo debería ser muy reducido y familiar. A partir de esa edad, el criterio debería ser el de invitar a los amigos más afines del niño, lo cual no quiere decir toda su clase, ( ni todos los de su edad del colegio, ni todos los de su edad del pueblo).

 

En cuanto a la asistencia o no al cumpleaños una vez que nos han invitado, es un asunto delicado, normalmente cuando a uno se le invita a algo, si no hay fuerza de causa mayor se asiste y si no se puede, se excusa.

 

Y tenemos que tener cuidado en “ir contracorriente” en este tema, pues suele provocar una exclusión social de los niños.

 

Sobre qué regalar: que los regalos sean comedidos y proporcionados, que algunos niños a los 4 años ya tiene todo lo existente en el mercado, y por lo tanto será muy difícil ilusionarle en el futuro.

 

Normas:

 

Antes, era normal que cuando ibas a ir a casa de alguien, tus padres “te leyesen la cartilla”: “-Tú no pidas nada, come sólo lo que te ofrezcan, no hables con la boca llena, y di siempre gracias”. Y más o menos lo cumplíamos.

 

Ahora parece que todo vale, y cada vez los cumpleaños se están convirtiendo en una locura por lo que muy pocos padres se atreven ya a celebrarlos en casa por miedo a las consecuencias.

 

Y no son muchas las normas que los adultos deben saber e inculcar a sus hijos.

 

Primero:

 

·         Si no se puede asistir al cumpleaños, se avisa previamente de nuestra ausencia.

 

Con la comida:

 

·         Por mucha hambre que se tenga, no se puede empezar a comer hasta que están todos en la mesa.

 

·         Lo que se toca, se come (Y si se coge una cosa, se come todo, no solo “el chocolate de fuera”). Piénsalo antes.

 

·         Con la comida no se juega, no se tira comida volando, no se tira comida dentro de la bebida.

 

·         No se come con gula, es decir “a lo bruto”. Y no se habla con la boca llena.

 

·         No se cogen dos cosas a la vez, se coge de una en una (mientras no se acaba lo de la boca no se coge otra cosa).

 

(Para quién no tenga hijos pequeños en este momento, puede pensar “¡vaya nomas, si esto lo sabe cualquiera¡”: Que se pase por un cumpleaños en la actualidad y vea las cosas que hacen hoy los niños con la comida. Probablemente se sorprenderá)

 

Con los regalos:

 

·         Cuando nos hacen un regalo damos las gracias, y aunque no nos guste demasiado, no lo decimos, pues quien lo regala ha buscado ese detalle con ilusión para nosotros y no podemos despreciarlo (luego en casa y a nuestra familia, ya podremos expresar con franqueza nuestros sentimientos)

 

·         En caso de que ya tengamos el regalo –algo que por desgracia en esta sociedad en que tenemos de todo, cada vez ocurre más-, tampoco lo decimos públicamente (ya habremos hablado con el niño que en casa le buscaremos una solución a “este problema” –descambiarlo por otra cosa, guardarlo para otra ocasión…)

 

·         Tanto en la mesa como con los regalos se utilizan las palabras por favor y gracias.

 

·         Los regalos no se comparan, pues con ello estamos comparando a las personas que nos los hicieron y no hay que olvidar que cada niño trae su regalo con ilusión, pensando en que va a gustar y no es justo dañar sus sentimientos.

 

Otros comportamientos:

 

·         Cuando un adulto llama la atención a un niño por alguna mala conducta, no se le puede contestar.

 

·         Porque estemos en un lugar público, no podemos hacer cosas que no haríamos en nuestras casas (tirar sillas, romper cosas, chillar fuerte,..) ¡uy! que miedo me da esta afirmación, pues visto lo visto ¿qué se hará en las casas?

 

·         No se insulta a los demás, es una fiesta y todos tenemos que divertirnos (nunca a costa de reírnos de otro)

 

Las mamás y papás, también deben aprender que en los cumpleaños, los niños deben respetar estas normas, y, si no lo hacen, se les llama la atención, no se mira para otro lado, ni se coloca uno lo más lejos posible para no ver ni oír. Y si no las cumplen se ponen en marcha las medidas correctoras que cada familia debe tener (toda familia debe tener una especie de “Constitución familiar” donde sepan sus propias normas y consecuencias de su incumplimiento, estás normas deben ser llevadas a cabo por los dos padres en todos los lugares), y en último caso si la conducta es muy negativa y reiterativa nos vamos a casa. No pasa nada por irnos a casa -si tuviésemos prisa también lo haríamos-, y si el niño monta la rabieta, tranquilos, si somos congruentes probablemente será la última. Ahora como le amenacemos y no lo hagamos, perderemos “uno-cero” frente a nuestro hijo. Y siempre debe prevalecer la educación de nuestro hijo frente al “qué dirán”.

 

Y como ya he dicho en otras ocasiones dediquémonos a nuestros propios hijos y no a criticar a los demás, cada uno es responsable del suyo, y cada uno recogerá lo que siembre.

 

Jorge Bucay solía decirlo de esta manera: Todo lo bueno que te pasa te lo mereces, pero se paga por adelantado: si queremos tener hijos educados, tenemos que empezar a sembrar educación cuando son pequeños.

 

Por otro lado, nunca desautoricemos a un adulto que intente corregir una conducta de nuestro hijo, al contrario estemos agradecidos por echarnos una mano. Por ello, reforcemos la autoridad de los responsables del recinto donde se celebra un cumpleaños.

 

¡Feliz cumpleaños!

 

 

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