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Que hacen nuestros jóvenes

Yolanda Reguero González
Yolanda Reguero escribirá sobre las actividades de los jóvenes de nuestra provincia, buscando alternativas diferentes para que todos puedan divertirse

Crímenes silenciados por honor, por terror

Las violaciones de mujeres en Siria, utilizadas según todos los observadores y ong’s de la zona como arma de guerra, se han convertido en una forma de crimen masivo, extremadamente cruel, excepcionalmente brutal. Acciones silenciadas por las propias víctimas  porque inciden en uno de los tabúes más arraigados en la sociedad tradicional. Las mujeres se sienten abocadas al silencio ante la posibilidad de ser rechazadas por sus propias familias o de ser condenadas a muerte por el hecho de haber sido violadas.

 

El informe Deadly Reprisals, “ofrece nuevas pruebas de los abusos generalizados y sistemáticos, incluidos crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra, que se están cometiendo como parte de la política gubernamental consistente en ejercer la venganza contra las comunidades sospechosas de apoyar a la oposición y en intimidar a la población para que se someta”. Y entre esos crímenes se encuentra en un lugar destacado la brutalidad hacia las mujeres. La destrucción del honor de una familia a través de las esposas e hijas configura el halo de venganza suficiente y necesario para continuar con un especial ciclo de violencia sin fin que tiene como centro a mujeres aterrorizadas.

 

En un artículo de Annick Cojean en Le Monde se recogen testimonios desgarradores de mujeres que han sufrido este tipo de suplicio, se detalla el proceso, “han utilizado las torturas más sádicas, como el ratón que introdujeron en la vagina de una muchacha de Deraa de 15 años de edad. Violaciones colectivas en público, como fue el caso de cuarenta mujeres en la mañana del 15 de enero de 2014, en Yelda. Y la consecuencia: cientos de crímenes de honor padecidos por las mujeres que salen de la prisión en las regiones de Hama, Idlib o Alepo”.  Todo está escrupulosamente organizado, antes de los asaltos a alguna aldea proporcionando  estimulantes sexuales a los milicianos, o en los centros de detención donde se hacinan cientos de mujeres, a las que se aplican sustancias paralizantes en los muslos y también píldoras anticonceptivas.

 

Apenas podemos imaginar con nuestra mentalidad, con nuestro sistema de valores, lo que supone el “después” de una violación para una mujer siria y su familia. Suicidios al quedarse embarazas en las violaciones colectivas y bebes muertos encontrados en las calles, abandonos de mujeres por parte de sus maridos, repudio de la familia política, padres que asesinan a sus hijas…

 

Sin saber qué podemos hacer para ayudarlas  dejo una frase de una estudiante Siria: “El mundo se preocupa por las armas químicas; pero para nosotros, las sirias, la violación es peor que la muerte”.

 


Ester Bueno Palacios

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