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"Punto y coma"

Saúl N. Amado
Artículos relacionados con el mundo de la política, la crítica a determinados temas, experiencias vividas por el autor y actualidad en general.

PREGUNTABA POR LOS ESPAÑOLES

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Ayer, aprovechando que era día de asueto, quedé a tomar un café con mi amigo Ernesto, hacía mucho que no le veía y me sorprendió verle con novia y, además, francesa. Estuvimos hablando largo y tendido sobre el panorama político y social del país, y sobre su nuevo noviazgo. No sé cómo ni de qué manera llegué a preguntarle a la francesa que qué imagen dábamos los españoles en el extranjero; su respuesta fue clara: ‹‹sois un poco vagos y no os gusta trabajar››. He de decir que llegué a sentirme un tanto ofendido con aquella generalización.

 

El 12 de octubre, Día de la Hispanidad, lleva siendo muchos años Fiesta Nacional (en concreto desde 1935, aunque no fue regulada hasta 1958). Unas veces la Fiesta se alarga más de la cuenta si coincide que es puente, pero sea como fuere, ‹‹el día 12 es Fiesta y no se trabaja››, que decían en mi pueblo. Hay que ver hasta dónde llega el sentimiento antiespañol de algunos –y algunas– que, con tal de llevar la contraria a las tradiciones –y estereotipos– de su país, prefiere trabajar un día de Fiesta que librar.

 

En Badalona han preferido desobedecer al juez que había ordenado ‹‹cerrar los locales y dependencias públicas con motivo de la festividad›› y un grupo de concejales han decidido entrar esta mañana en El Viver para trabajar. La idiotez de estos Ayuntamientos gobernados por ignorantes roza un límite que hace preocuparse a los que no somos vecinos del municipio, y no porque decidan que el día 12 ‹‹no se celebra nada››, sino porque es bastante arriesgado que la alcaldesa prefiera ir a Colombia para asistir al Congreso de Ciudades y Gobiernos Locales en vez de celebrar la Fiesta de su país.

 

Parece que últimamente se está poniendo de moda eso de desacatar las resoluciones judiciales y lo más paradójico es que los díscolos suelen ser los mismos que reclaman una justicia digna. El problema es que, a su vista, la justicia tiene una consideración diferente en función del caso en el que nos encontremos y, en esta situación, queda relegada a una mera palabra con un significado nulo de apreciación.

 

Todo esto, y alguna otra cosa que me ahorraré, es lo que le contesté a la novia de Ernesto cuando me dijo que no nos gustaba trabajar. Ella, conocedora del espectáculo, se echó a reír y me dijo: ‹‹tú me has preguntado por la imagen de los españoles en el extranjero, amigo, ¡de los españoles!››. Me reí y cambiamos de tema.

 

Saúl N. Amado

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