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Punto Deportivo

Juan Postigo

Real Valladolid; ¿y ahora qué?

Tras el fracaso de jugadores, entrenador, dirección deportiva y presidente, comienza una nueva etapa para el club en la que habrá que adaptarse a la realidad de Segunda, económica y deportivamente.

Hay días en los que uno no sabe cómo comenzar a escribir. Simplemente, no le sale. Pasan mil ideas por la cabeza para expresar lo que uno siente por el descenso del Real Valladolid, pero no es capaz de expresarlas. Impotencia, vergüenza y un tosco aire de enfado. A los aficionados del Pucela nos han tomado el pelo durante 38 jornadas entre presidente, dirección deportiva, cuerpo técnico y jugadores, no necesariamente en ese orden.

 

Se hace lógico que con un tropiezo de estas características, haya que buscar un culpable. O varios, como en este caso. Lo de Juan Ignacio Martínez, y por ende lo de la plantilla, ha sido una tomadura de pelo de cabo a rabo, desde el primer hasta el último momento. Ni un simple amago de un estilo que todo equipo debe tener para aspirar a salvarse, ni un once tipo, ni la capacidad para enganchar a una afición que bastante ha tenido con no pitar a nadie casi hasta el fatídico día.

 

Quizá ahí resida otro problema. Ante la falta de crítica, uno se amolda, se acomoda, momento en el que deben entrar los aficionados y los medios de comunicación para evitarlo. Es más que probable que estas dos partes, cada una en lo suyo, hayan pecado de conformistas, sedadas por la esperanza de que las cosas se remontaran solas en cualquier momento. Dentro de todos los actores implicados, sin duda son los que menos parte de culpa tienen, pero aquí todo cuenta.

 

Y llegamos a la parte de la presidencia y la dirección deportiva. El propio Carlos Suárez lo reconocía tras el descenso. "Al final soy yo el que pone la firma a todos los contratos". Una vez se hizo con el control del club, hay muchas responsabilidades que tomar. JIM y Marcos, sus dos 'manos' esta temporada, le han fallado estrepitosamente en lo deportivo, que es lo importante, al fin y al cabo, para que lo económico marche. No hay más. Suárez sí ha firmado un fracaso mayúsculo esta temporada.

 

Precisamente para lo económico empieza una nueva etapa, sobra decir que muy dura. El Real Valladolid, que cobraba hasta esta temporada poco más menos que quince millones de euros por derechos de televisión, se quedarán apenas en dos, una séptima parte. En principio la ayuda de la LFP para equipos descendidos ayudará algo, por no hablar del hecho de que los jugadores vayan a cobrar la mitad por contrato, pero ni mucho menos dara este punto para cubrir todo el cupo de lo que se recibía en Primera.

 

Va a ser una época de apretarse el cinturón, y donde la limpieza de jugadores comenzará en breves. Rossi, Heinz, Jaime, Guerra, Manucho, Osorio, Mariño, Omar, Álvaro Rubio, Rama, Bergdich... La lista de salidas, algunas mucho más seguras que otras, es extensa. Aquí es donde toma importancia el posible ascenso del Valladolid Promesas a Segunda B, ante la posibilidad de tirar de cantera. Esa plantilla a la que tantas veces maltratamos, miramos poco y minusvaloramos. Esta vez habrá que mirar a los Anexos aunque solo sea por obligación.

 

Lo dicho, van a ser días, semanas, meses muy complicados. Pero qué opción queda que levantarse. En Segunda un equipo muerto no aspira a nada.

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