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Punto Deportivo

Juan Postigo

Del descenso al ridículo hay un paso muy grande

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El Real Valladolid firmó este lunes el millonésimo ridículo de la temporada al hincar la rodilla en Balaídos, pero de perder el partido a arrastrarse por el campo hay demasiada diferencia.

Vergonzoso, indigno, patético, despreciable, bochornoso, humillante... Escribo estas líneas recién terminado el Celta - Valladolid, como ya sabrán ustedes concluido con el resultado de 4-1. 'No nos vale el empate', decía el aficionado medio del Pucela este fin de semana mientras miraba el resto de resultados de la jornada. Efectivamente, no valió con el empate... Por valer, no valió ni un partido decente siquiera.

 

Y es que a ese mismo aficionado medio se le caía la cara de vergüenza mientras veía cómo su equipo se arrastraba por Balaídos ante un Celta que prácticamente no se jugaba nada. Probablemente eso fuera lo peor. ¿Puede permitirse un club, un equipo que depende de su permanencia en Primera para sobrevivir, el caer de tan deplorable manera ante otro que tenía los deberes casi hechos?

 

Como siempre en el fútbol los resultados mandan, pero también es cuestión de sensaciones. Se puede hincar la rodilla, hay situaciones en las que un aficionado puede ser comprensivo, pero en ninguna de ellas se contempla que el equipo no haya plantado cara. Las lágrimas de Bergdich al ser sustituido no demostraban sino la incompetencia de una plantilla que, una de dos, o no llega técnicamente o al menos no lo demuestra.

 

¿Quizá sea cosa del técnico? Sin duda, mezcla de ambas razones. No es lógico que con treintaicuatro encuentros a sus espaldas, Juan Ignacio Martínez no haya sabido encontrar ni el once tipo ni un estilo de juego en condiciones, cosa por la que se caracterizaba el Real Valladolid el año pasado. No hay derecho a que un espectador tenga que ver partido tras partido cómo su equipo se hunde sin que el entrenador tome cartas en el asunto. ¿Debió echar Carlos Suárez antes a JIM cuando tuvo ocasión? ¿Hubiera ido a mejor todo? En el limbo descansan demasiadas realidades que nunca conoceremos, pero desde luego es difícil que hubiera ido peor la cosa.

 

Retomando el tema de la imagen, es evidente que además este 4-1 será una losa pesada para el Pucela en estas cuatro jornadas vitales que le restan. Guerra se movía por el campo desesperado, Jaime tenía que consolar a Bergdich, Óscar clamaba al cielo... Todo esto con el 4-0 en el marcador. Pónganse en la cabeza de un futbolista. Nada fácil para seguir jugándote la vida en los próximos partidos.

 

Sí. Por suerte o por desgracia, esté sábado hay más. Y ahora -en realidad desde hace ya unas cuantas semanas- ya solo vale puntuar de tres. Ahora sí que sí. Todo lo que no sea ganar al Espanyol este sábado, supondrá que el Real Valladolid esté a un 80% en Segunda División. Las cartas se acaban, igual que la paciencia de una afición que ya ha aguantado demasiado. Y es que los resultados pueden ser malos, pero el orgullo es algo que duele cuando te lo tocan.

Comentarios

Ole Meldedo 02/05/2014 14:21 #1
Por fin alguien que dice las cosas claras tal y como son, no como el blog ese de "pases de pecho"

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