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Pienso, luego existo

Julio López

Imputados

Vaya por delante mi tolerancia cero con la corrupción, mi convicción personal de que hay que cambiar tanto la forma de hacer política, como la manera de elegir a los diferentes cargos orgánicos e institucionales, y que la ciudadanía española se merece que, en general, sus representantes se preocupen más de los intereses colectivos, y menos (o mejor dicho, nada) de sus intereses personales.

 

Dicho esto, he de decir también que tengo muchas dudas sobre la particular pala aventadora que sirva para separar el grano de la paja política, que permita eliminar los garbanzos negros del cocido de la vida pública española. Parece que el criterio de moda es la imputación, de tal suerte que una persona es buena o mala, puede seguir o no en política, en función de si está o no imputada, es decir, de si está o no siendo investigada por la posible comisión de un delito

 

Muchas dudas me provoca este criterio, el de la imputación, porque en un elevadísimo número de casos el imputado resulta ser no condenado. En política, el caso más celebre fue el de Demetrio Madrid, y el más reciente, el de Elena de Diego, senadora socialista imputada por prevaricación que después de dimitir de su cargo, y de pasar seis años de calvario personal (la justicia es muy muy lenta), ha sido recientemente absuelta por el Tribunal Supremo. Por unanimidad, el Supremo no aprecia en De Diego intención de vulnerar de forma consciente la legalidad, ni siquiera que conociera que se hubieran cometido irregularidades. Y ahora... ¿quién compensa a Elena? ¿quién la resarce del daño causado?

 

Muchas dudas me genera este criterio, el de la imputación, porque no me gustan las generalizaciones. Todas son odiosas. Yo sería más partidario de reaccionar una vez que haya sentencia (y si es condenado obligarle a dejar el cargo, sea cual sea el delito). Y si dada la lentitud de la justicia no se puede esperar a la sentencia, creo que habría que estudiar cada caso por una comisión de ética de cada partido. No es lo mismo una imputación por corrupción (en este caso no lo dudaría, y el político tendría que dejar el cargo), que una imputación por un accidente de tráfico, por poner un ejemplo. O no es lo mismo una imputación por un acto doloso (realizado con intención), que por un acto culposo (es decir, realizado sin intención). No. No es lo mismo.

 

Muchas dudas me induce este criterio, el de la imputación, porque parece que sólo debe aplicarse a los políticos. ¿Qué pasa con el presidente del F.C. Barcelona, el Sr. Bartomeu, imputado por un fraude fiscal de 2,8 millones de euros en el fichaje de Neymar? ¿Puede presentarse a la reelección como Presidente del barsa? ¿y seguir representando a los más de 100.000 socios de la entidad? ¿Porqué la sociedad no exige su dimisión?

 

Muchas dudas me asaltan con este criterio, el de la imputación, porque parece que ese cargo es más grave que la realización del propio delito.Recordad lo del Sr. Monedero, número 3 de PODEMOS, que pagó 200.000 euros a Hacienda para evitar ser imputado y con toda seguridad, condenado por fraude fiscal. Como no está imputado, nadie de “los puros de lo público”, nadie de estos defensores de la nueva forma de hacer política, le cuestiona su continuidad… ¿verdad? Porque como no está imputado… si cometió un delito es lo de menos, lo importante es que no está imputado...

 

Muchas dudas me asaltan porque parece que es peor estar imputado por la posible realización de un delito, que estar condenado en firme. Cuando importantes dirigentes políticos castellanos y leoneses afirman que su partido “será ejemplar, y no incluirá imputados en sus listas electorales”, pero consienten que haya personas condenadas de su partido ejerciendo cargos institucionales, a las que no se les exige públicamente que dejen dicho cargo, me parece un claro contrasentido.

 

Me parece más grave la confirmación del delito cometido por un condenado, que la probabilidad de su realización por un imputado ¿o no? Tenemos que regenerar la vida política, pero con más justicia y menos hipocresia en las medidas que se adopten. Eso de las medidas ejemplarizantes me suena a regímenes totalitarios… y no creo que sea eso lo que en el fondo está pidiendo la ciudadanía a los partidos políticos.

 

Y entre tanta duda, todo mi apoyo a Begoña Núñez. No merecía finalizar de esta forma su intachable trayectoria política.

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