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Perspectiva de familia

José Javier Rodríguez
Blog de José Javier Rodríguez Santos

Un mundo feliz. La traición

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Un poco de soma no nos vendría mal a muchos para poder eludir las emociones vividas la noche del 24 de mayo, y durante toda la semana siguiente. Mucho se ha habla y se seguirá hablando de las elecciones municipales y autonómicas que anticipan un resultado incierto en las generales de final de año.

Aldous Huxley, en el prólogo de la edición de Mundo Feliz de 1947 (la distopía se publicó por primera vez en 1932), realizó una autocrítica profunda y sincera. Se planteó retocar algunos aspectos, pero al final decidió dejar su obra de arte tal y como se publicó cuando acababa de cumplir treintaiocho años. Lo que sí me sigue sorprendiendo de ese prólogo, y lo releo constantemente, son sus reflexiones sobre la vida política, que en hoy nos vienen muy a cuento.

 

"Un estado totalitario realmente eficaz sería aquel en el cual los jefes políticos todopoderosos y su ejército de colaboradores pudieran gobernar una población de esclavos sobre los cuales no fuese necesario ejercer coerción alguna por cuanto amarían su servidumbre. Inducirles a amarla es la tarea asignada en los actuales estados totalitarios a los ministerios de propaganda, los directores de los periódicos y los maestros de escuela.” [1]

 

Los mayores triunfos de la propaganda se han logrado, no cuando se hacía algo sino cuando se impedía que ese algo se hiciera. Grande es la verdad, pero más grande todavía, desde un punto de vista práctico, el silencio sobre la verdad." [1]

 

Cuando la verdad se calla para conseguir electores…

 

Cuando se cambian vidas por votos…

 

Cuando se lesiona la responsabilidad primera de los padres para educar a los hijos en un sistema educativo de calidad y libre…

 

Cuando no se reconoce el papel de la familia en la vida social más que con palabras bonitas y se olvidan los hechos…

 

Cuando en la vida pública falta alma, espíritu, corazón y verdad…

 

Cuando las decisiones políticas se asumen en función de lo que dicen las encuestas y no por una profunda convicción…

 

Se desvela con nitidez la intención del político que las toma, la realidad termina imponiéndose por sí sola y el ciudadano lo percibe claramente y toma decisiones…

 

La sociedad utópica creada por Huxley carecía de alma, de sentido, de ilusión; vivía una felicidad artificial generada por el adoctrinamiento social llevado a cabo durante el sueño en las primeras etapas de la infancia y mediante el “soma”,  droga que los habitantes de Un mundo feliz toman cuando se sienten deprimidos. En los últimos capítulos de la novela, John, “el Salvaje”, trata de evidenciar esta situación y busca hacer conscientes de la situación a los dos protagonistas de la historia: Bernard Marx y a Lenina Crowne (Obsérvese que los nombres hacen referencia a personajes de nuestra reciente historia contemporánea).

 

Ya se ha visto una vez más, la economía no levanta pasiones; son las creencias, las ideas, la defensa de lo humano lo que conmueve a una sociedad. Las elecciones municipales y autonómicas se han perdido desde Moncloa, a pesar del esfuerzo inaudito de muchos candidatos que echaron el resto a pie de calle para convencer al electorado. Al día siguiente de las elecciones, el hombre gris y apagado, en tono anodino, siguió afanado por llamar al “coco”, como si los votantes viviéramos en la primera infancia o adormecidos por el “soma”

 

Notas:

[1] HUXLEY, A. (1946). Mundo Feliz. Plaza y Ganes. Barcelona. 1969. Prólogo pág. 12

[2] Fotografía de http://pixabay.com/es/persona-humano-alegr%C3%ADa-110305  con licencia CC0 Public Domain

Comentarios

Vicente 07/06/2015 10:42 #3
Como siempre, gran post, José Javier. Claro y directo. Analizando la realidad con pasión, pero sin apasionamiento. Pasión por lo humano, por las personas y su libertad; sin apasionamiento, pues este puede nublar la percepción de las cosas y llevar a defender lo que no ha existido y a justificar lo injustificable con tal de ajustarse a un esquema previo, un prejuicio. Impresiona ver cómo Orwell fue capaz de anticipar la realidad que hoy vivimos. Tanto en "1984" como en "Un mundo feliz", Orwell acierta al predecir el futuro de la humanidad. Y lo hace, en mi opinión, por dos razones: porque se aproxima a la realidad no desde la sociología, la historia o la teoría política, si no contemplando la persona, el "factor humano", y porque descubre la presencia constante de una pulsión "totalitaria" en el quehacer humano. Ésta se manifiesta tanto en el aspecto económico -capitalismo salvaje o estatalismo socialista olviden al individuo y lo someten a sus propias leyes-, como en el político/social -las normas (emanen de un Jefe, un Parlamento o un Juez siempre superiores al individuo) están por encima de las personas- o el personal -los deseos o caprichos personales se convierten en norma de actuación que todos han de respetar y nadie puede criticar o juzgar (la sociedad está obligada a "respetarlo" todo, e incluso a facilitarlo legal y materialmente). En consecuencia, el individuo, aunque formal y teóricamente libre, está obligado -moral, social, cívica, ética y políticamente (si quiere ser buen ciudadano)- a aceptar acríticamente (o a parecer que lo hace, para evitarse problemas) lo que le impongan los planificadores, los mercaderes, los políticos, los jueces y el resto de individuos. José Javier ha sabido leer los acontecimientos recientes a la luz de este totalitarismo invisible y soft, casi con "rostro humano". Gracias por seguir pensando y escribiendo, José Javier.
Francisco 04/06/2015 19:52 #2
Buen análisis; José Javier, pero no se puede echar toda la culpa del descenso en el número de votos al hombre gris y apagado. Alguna responsabilidad tendrán también los responsables municipales, que si en esto y en otras muchas cosas hubieran obrado de otra manera, el votante habría sabido diferenciar.
Ignacio 03/06/2015 09:29 #1
Buen artículo, José Javier. Lo único con lo que no estoy de acuerdo es con el título... del libro. Realmente ese mundo que describe no es feliz, como tampoco lo es el mundo en el que estamos viviendo. Por obra y gracia del abandono de los principios básicos de la convivencia, están consiguiendo una sociedad gris y cabreada que ya no cree en ninguna institución y ni siquiera tiene el interés por mejorarlas. Un día tendrás que dedicar un artículo a los jueces, esos árbitros que pasan desapercibidos pero que han puesto su granito, mejor, su montaña de arena sobre la convivencia. Y para que no parezca que te metes en camisa de once varas, puedes hablar simplemente de los jueces de familia, que en su inmensa mayoría no son jueces sino partes y desconocen por completo lo que es la familia. Grandes contribuyentes estos a ese "Mundo feliz".

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