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Perspectiva de familia

José Javier Rodríguez
Blog de José Javier Rodríguez Santos

LOMCE, familia y educación

La semana pasada recibí el último borrador con el proyecto de reforma del Sistema Educativo LOMCE. Lo primero que hice fue analizar el documento desde una perspectiva de familia, tal y como indica el título de este blog.

La propuesta de Ley Orgánica comienza con una sentencia con la que estará de acuerdo toda la comunidad educativa: maestros, profesionales de la educación y padres: “Los alumnos son el centro y la razón de ser de la educación.” Ahora, será tarea común llevarla a término.

 

Más adelante se incluye un párrafo en el que yo invertiría el orden de las oraciones aunque, si bien es cierto, el texto carece de coherencia interna. Se deja el “principio educativo” para el final y se comienza por lo que deberían ser conclusiones:

 

“La realidad familiar en general y en particular en el ámbito de su relación con la educación está experimentando profundos cambios. Son necesarios canales y hábitos que nos permitan restaurar el equilibrio y la fortaleza de la relación alumno, familia y escuela. Los padres son los primeros responsables de la educación de sus hijos. El sistema educativo tiene que contar con la familia y confiar en sus decisiones.”

 

Cabe destacar que ya venía siendo hora que una ley educativa recogiera este derecho inalienable: los padres son los responsables de la educación de sus hijos. Espero que durante su tramitación parlamentaria esta buena intención del Ministerio no se vea evaporada por arte de magia.

 

Ahora bien, me surgen una serie de interrogantes: ¿Estamos todos los padres en condiciones de cumplir con esta responsabilidad y obligación? Responsabilidad etimológicamente procede de responder, es decir, dar una respuesta razonable de una decisión libre y consciente. Por otro lado, ¿la Administración Pública facilitará siempre este derecho exclusivo de los padres?

 

Muchos padres somos conscientes de la responsabilidad educativa que conllevan los hijos y luchamos día a día por llevarla a cabo. A veces la Administración Pública ha ayudado convirtiéndose en facilitadora y colaboradora, pero otras, sin duda muchas, ha entorpecido este deber.

 

Si atendemos a la realidad y al entono social en el que vivimos descubrimos que cada escuela, colegio e instituto ya está implementando una serie de estrategias con el fin de subsanar el problema humano que se está originado por la ruptura de muchas familias por la disolución del vínculo matrimonial. Son muchos los hogares fracturados fruto de unas políticas han de-construido la familia.

 

Es más, en las últimas décadas se ha diseñado un modelo de familia en la que se contempla como valiosa cualquier tipo de estructura familiar. Así, se ha pretendido que cualquier agrupación humana sea familia, por lo que de  este modo se convierte a la familia un todo etéreo, difuso y confuso. Y los primeros perjudicados de estos embates y agresiones son, sin duda alguna, los hijos de esos matrimonios rotos.

Una nueva bolsa de pobreza: los hijos de las separaciones

 

García Garrido, en su libro “La máquina de la educación” (2006) recoge este profundo cambio social de las familias españolas. Así, es bastante habitual que en las aulas de nuestros colegios e institutos se encuentre un alto porcentaje de niños provenientes de familias separadas, divorciadas, fusionadas, reconstruidas o desestructuradas. Estas situaciones, concluye García Garrido, “incluyen frecuentemente una notable dosis de desatención a los hijos y, en consecuencia, de fracaso escolar”.

 

A los maestros y los profesores no les pasa desapercibida esta situación. Son conscientes de que su preparación de docentes no les faculta para convertirse en terapeutas improvisados. Su función en el aula es otra bien distinta, pero no les es ajeno el sufrimiento humano por el que están pasando muchos de sus alumnos.

 

El sentido común y las investigaciones recientes confirman que el éxito escolar y académico está unido al apoyo y al ambiente de la familia (S. Redding, UNESCO). Sin embargo, los centros educativos tienen escolarizados alumnos, cada día en mayor número, en cuyos hogares hay situaciones problemáticas de conflicto continuo. En estos casos los hijos que sufren el abandono familiar, a veces, sólo les queda como fuente de seguridad el afecto y el cariño que les brindan sus compañeros de colegio y el apoyo que algunos de sus maestros les pueden ofrecer. Es más, si la ruptura del hogar acontece durante la adolescencia esta situación se vuelve muy complicada.

 

Así pues, el Sistema Educativo recibe y va a seguir recibiendo el desaguisado político de de-construcción de la familia y del matrimonio orquestado desde ciertos sectores ideológicos.

 

 

Alguna aportación a modo de solución

Cabe destacar la incansable labor que se realiza desde los departamentos de orientación de los centros de enseñanza. Ahora bien, el claustro de profesores debería recibir capacitación para detectar los posibles casos de conflictos en el hogar para poder derivarlos a profesionales de la Orientación Familiar. Allí, profesionales cualificados, les brindarían la ayuda necesaria para resolver los conflictos psicológicos y de personalidad originados por la carencia de una protección paternal y maternal. Las estadísticas son muy claras, entre los jóvenes que no han alcanzado el certificado de escolaridad un alto porcentaje corresponde a hijos de familias rotas y desestructuradas.

 

 

Otra tarea pendiente

Además, urge que el Ministerio de Justicia reforme la ley del matrimonio con el fin de proteger a los más débiles, los hijos, fortaleciendo de forma racional la institución del matrimonio, como la unión conyugal de un varón y una mujer abierta a la vida que implica la responsabilidad y obligación ineludible de la educación compartida de su descendencia.

Comentarios

vmorro@ono.com 20/12/2012 00:57 #3
Como siempre, excelente post. Lleno de sentido común, es decir, ajustado a la naturaleza humana, y no imbuido de los prejuicios de la ideología de género. Por desgracia, Alberto, acaba de borrar de un plumazo tanto el artículo 27.3 de la C.E. como el 26.3 de la DUDH, así como un puñado más de normas internacionales sobre los derechos fundamentales que reconocen el derecho de los padres a elegir la educación que debe darse a sus hijos. Además, confunde dos cuestiones que no son antitéticas sino complementarias: que haya buenos padres no se contradice, más bien al contrario, con que haya buenos maestros, maestros que respeten la educación decidida por la familia y no pretendan imponer su ideología. Dígalo el TC o el porquero de Agamenon, dos hombres o dos mujeres no pueden educar -en sentido pleno- a su "hijo": pueden hacer como sí... VICENTE
Alberto Órfão 19/12/2012 23:01 #2
Permíteme, compañero, que esté en desacuerdo con tu opinión. Al menos en parte. Dices tú que la educación debe ser responsabilidad de los padres. Está claro que es responsabilidad de un padre el educar a sus hijos. Sin embargo, como bien recalcas luego, puede que haya padres que 'no sean tan buenos' en ello. Sin embargo, ¿por qué esa 'familia tradicional' debe ser la que dicte cual es la 'buena educación'?, ¿por qué un matrimonio -sí, matrimonio según la Real Academia Española- de dos hombres o dos mujeres no puede dar una educación tan buena o mejor que la que de una pareja hombre-mujer tradicional? En mi opinión, quien debe educar a nuestros hijos (en mi caso futuros) y a los jóvenes de hoy en día son aquellos capacitados y preparados para hacerlo; es decir, los profesores y maestros. Desde aquí reivindico la figura del maestro. No de ese maestro que nos obligaba a aprendernos la lección de cabo a rabo y de memoria, sino a aquel maestro que nos hace pensar, que nos hace plantearnos y replantearnos cuestiones, que nos hace crecer como personas y que puede llegar incluso a guiarnos en aquellas materias o aspectos de nuestra vida que más nos interesen o que más nos gustaría mejorar o aprender. El maestro debe hacer crecer la curiosidad y la creatividad en el alumno y no debe estar regido por lo que una familia quiera que su hijo aprenda. Desgraciadamente, yo no tuve muchos maestros así pero me gustaría que mis hijos (futuros) los puedan tener.
Juanfran 12/12/2012 12:28 #1
Me parece una opinion muy acertada

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