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Perspectiva de familia

José Javier Rodríguez
Blog de José Javier Rodríguez Santos

La mano oculta que mece nuestra cuna

“La ideología de género, en el fondo, no es más que la translación al terreno de la sexualidad de la visión de la persona humana propia del racionalismo contemporáneo”, asegura Benigno Blanco en una de sus últimas conferencias. Para esta ideología, todo en el ser humano es fruto del azar y del caos, una evolución ciega del carbono… no hay naturaleza humana, sino que cada uno se crea su propia referencia natural y moral. De este modo, no cabe un criterio ajeno al propio individuo para su construcción moral, social o personal. Por lo que, desde este paradigma, no existe una naturaleza humana común.

En varias ocasiones he tenido el privilegio de asistir a diversas reuniones de trabajo y conferencias de Benigno Blanco, Presidente del Foro de la Familia. En estos últimos años, Blanco ha recorrido España explicando las consecuencias prácticas de la aplicación de las medidas legislativas inspiradas en la ideología de género.

Lo cierto es que, no sólo la Administración del Estado está aplicando esta ideología, también los Entes Locales y Autonómicos de cualquier color político, las pequeñas, medianas y grandes empresas, la escuela y, sobre todo, los medios de comunicación aplican día a día, y de forma muy sutil, este paradigma no justificado, ni razonado y que rechaza la más elemental evidencia científica.

Pero lo más paradójico del tema es que pocos conocen sus consecuencias y otros muchos evitan realizar una crítica objetiva de este planteamiento porque es políticamente correcto. Me atrevo a afirmar, que actualmente, la ideología de género es la mano oculta que mece nuestra cuna.

http://conchiprudencio.net/index.php?option=com_content&view=article&id=26:benignoii&catid=5:videosfrc&Itemid=7

Desde la perspectiva de este paradigma de género toda opción de vida es válida para el ser humano. No existe lo bueno con carácter general, ni lo mejor, ni lo óptimo; por consiguiente, tampoco se puede dar un juicio de valor negativo al acto humano. No existe, pues, lo malo o lo pésimo… todo es igual de válido. Así, cualquier opción de vida es aceptable y no puede asegurarse que ninguna sea mejor que otra. Como consecuencia lógica de esta forma de pensar, el acto individual del ser humano no tiene consecuencias sociales ya que éste carece de cualquier transcendencia o significado social. Por lo tanto, el acto humano se limita a la individualidad propia y exclusiva de la persona que lo realiza.

Ahora bien, si partimos de estos axiomas y premisas, las consecuencias prácticas son, entre otras, las siguientes:

Se desprecia y desprestigia sistemáticamente el matrimonio y la familia como un bien social y como garantía y riqueza de futuro.

Se desliga algo natural, el sexo y la procreación, de su significado, la sexualidad y la descendencia. Así, los hijos ya no son fruto del amor único exclusivo entre un hombre y una mujer, lo serán como consecuencia de la manipulación selectiva de embriones en un laboratorio, o como negocio de vientres alquilados en los que se implanta un óvulo ajeno fecundado por un espermatozoide desconocido.

Se engaña sistemáticamente a nuestra juventud con la falacia del sexo seguro. Nadie, nadie, nadie puede garantizar que la promiscuidad sexual no traiga como consecuencia embarazos inesperados o ETS. El adolescente vive el sexo como un pasatiempo, como un ‘gin-tónic’ de fin de semana, como un juego virtual de ordenador en el que, si se falla una vez, se consigue una ‘nueva vida virtual’.

Se ofrece el aborto como un ‘nuevo derecho’ para que la madre biológica y natural, no sea la madre legal, ni asuma sus consecuencias jurídicas.

Se utilizan las series de televisión para ‘deconstruir’ la realidad social. Por ello, se escriben unos guiones con el objetivo claro de modelar socialmente a los jóvenes y a los no tan jóvenes. Según estos guiones, Física y Química por ejemplo, todos los personajes son felices, no tienen ningún tipo de problema y viven en el mejor de los mundos ideales. Se engaña así, sin ningún escrúpulo, a la nuestros adolescentes y, al mismo tiempo, se ‘deconstruye’ la cultura de occidente.

Finalmente, se niega la razón razonada entendible y comunicable. El mundo cultural en el que vivimos no es un mundo de confrontación de razones, sino de confrontación de estilos de vida. No es un problema de cultura, formación o educación… La característica más singular de nuestra cultura es que una gran parte de nuestros contemporáneos no razonan, se argumenta con emociones y sentimientos y, por ende, se niega cualquier evidencia razonada y con base científica.

Como conclusión, en un estado democrático todos los ciudadanos tienen unos derechos y unas obligaciones y cada persona puede optar por aquel estilo de vida que le parezca más oportuno. Ahora bien, ni se puede imponerlo a los demás, ni se pueden evitar los juicios de valor oportunos ante las decisiones personales.

Siempre será mejor el matrimonio ecológico, natural y fértil, que el forzado legalmente y estéril. Siempre será mejor la sexualidad que el sexo. Siempre será mejor ser madre de un hijo vivo que de un hijo muerto por un aborto provocado. Siempre será mejor aquellas series de TV nobles y veraces que las que manipulan y encubren la verdad. Siempre será mejor aquello que es bueno y bello para la persona humana que aquello que la deshumaniza… Toda persona humana es una magnífica y exclusiva obra de arte que lleva impresa en sí algo que la transciende y que la hace única, irrepetible y bella.

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