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Perspectiva de familia

José Javier Rodríguez
Blog de José Javier Rodríguez Santos

La familia, el corazón latiente de una sociedad viva

En Navidad celebramos el nacimiento de una vida en el seno de una familia. La familia es fuente de esperanza porque mira al futuro con confianza en cada uno de sus hijos. La familia es el amor hecho vida.

La familia contribuye la solidaridad social y en ella prevalece el bien común frente al individualismo atroz y egoísta al que tiende el ser humano por inclinación natural. La familia acompaña en la enfermedad, consuela en el dolor y sufre con la muerte de un ser querido. La familia es el hogar de acogida del hijo que se marchó y ahora vuelve herido. La familia es el corazón que late de una sociedad viva, es la médula espinal de una comunidad dinámica y el sistema óseo de una nación activa. La solidez de la familia es la garantía de la fortaleza del Estado de bienestar.

Una y otra vez las diversas asociaciones familiares no se cansan de recordar que la familia se sostiene y se fundamenta en la entrega mutua de un hombre y una mujer unidos en matrimonio. Aquellas sociedades o instituciones que apuestan por la familia han de fortalecer el matrimonio. La familia, según el nº 16 de la DUDH de 1948, es elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado.

Ahora bien, la sociedad actual ofrece al hombre y a la mujer de hoy otras perspectivas y propuestas seductoras que, en diversa medida, comprometen la verdad y la dignidad de la persona humana. Se trata de un ofrecimiento sostenido con frecuencia por una potente y capilar organización de los medios de comunicación social que ponen sutilmente en peligro la libertad y la capacidad de juzgar con objetividad. Muchos son conscientes de este peligro que corre la persona humana y trabajan en favor de la verdad.

La familia posee vínculos vitales y orgánicos con la sociedad, porque constituye su fundamento y alimento continuo mediante su función de servicio a la vida. En la familia nacen los ciudadanos que son el alma de las naciones y el germen del desarrollo de la sociedad misma. La primera escuela de valores cívicos, sociales y comunitarios es la familia y nadie la puede remplazar en esta función.

La familia hoy, situación social
No obstante, la situación en que se halla la familia presenta aspectos positivos y negativos. En efecto, por una parte existe una conciencia más viva de la libertad personal y una mayor atención a la calidad de las relaciones interpersonales en el matrimonio, a la promoción de la dignidad de la mujer, a la procreación responsable, a la educación de los hijos. Todo ello habla de forma elocuente de la aspiración loable del ser humano por lograr una sociedad cada vez más justa.

Sin embargo, por otra parte no faltan signos preocupantes de la degradación de algunos valores fundamentales: una equivocada concepción teórica y práctica de la independencia de los cónyuges entre sí; la debilidad y confusión de las leyes reguladoras del matrimonio; las graves ambigĂźedades acerca de la relación de autoridad entre padres e hijos; las dificultades concretas que con frecuencia experimenta la familia en la transmisión de los valores; el número cada vez mayor de divorcios, la plaga del aborto, el recurso cada vez más frecuente a la esterilización, la instauración de una verdadera y propia mentalidad anticoncepcional.

No es menos cierto, que en la base de estos fenómenos negativos está muchas veces una corrupción de la idea y de la experiencia de la libertad, concebida como una fuerza autónoma de autoafirmación, no raramente contra los demás, en orden al propio bienestar egoísta.

Otro hecho que llama la atención es que hoy a muchas familias les faltan los medios fundamentales para la supervivencia como son el alimento, el trabajo, la vivienda€Ś y, con todo, son aquellas que más hijos aportan a la sociedad. En cambio, otras familias, que cuentan con un bienestar y una seguridad económica de futuro, se dejan llevar por una la mentalidad de consumo y hedonista y les falta la generosidad y la valentía para suscitar nuevas vidas humanas. Es por esto que la vida, en muchas ocasiones, se ve como un peligro del que hay que defenderse.

En España se necesita con urgencia una reflexión y un compromiso profundo que reconozca aquellos valores que hacen feliz al ser humano, defienda los derechos del hombre y de la mujer y promueva la justicia en las estructuras mismas de la sociedad. No hay mayor felicidad que la vivencia plena de la vida familiar. Los amigos cambian a lo largo de la vida, el trabajo termina con la jubilación, el ocio no es una fuente de felicidad estable. En cambio, a la familia se pertenece desde el nacimiento y ya nada nos desvinculará de ella, ni siquiera la muerte.

Los derechos de la familia
El Estado, y más un estado democrático y libre, ha de proteger a la familia y el matrimonio como vínculo de unión. Por ello, según se reconoce en diversos documentos, la familia cuenta con una serie de derechos, entre los que destaco:

- el derecho a existir y progresar como familia, es decir, el derecho de todo hombre, especialmente aun siendo pobre, a fundar una familia, y a tener los recursos apropiados para mantenerla;

- el derecho a ejercer su responsabilidad en el campo de la transmisión de la vida y a educar a los hijos;

- el derecho a la intimidad de la vida conyugal y familiar;

- el derecho a la estabilidad del vínculo y de la institución matrimonial;

- el derecho a creer y profesar su propia fe, y a difundirla;

- el derecho a educar a sus hijos de acuerdo con las propias tradiciones y valores religiosos y culturales, con los instrumentos, medios e instituciones necesarias;

- el derecho a obtener la seguridad física, social, política y económica, especialmente de los pobres y enfermos;

- el derecho a una vivienda adecuada, para una vida familiar digna;

- el derecho de expresión y de representación ante las autoridades públicas, económicas, sociales, culturales y ante las inferiores, tanto por sí misma como por medio de asociaciones;

- el derecho a crear asociaciones con otras familias e instituciones, para cumplir adecuada y esmeradamente su misión;

- el derecho a proteger a los menores, mediante instituciones y leyes apropiadas, contra los medicamentos perjudiciales, la pornografía, el alcoholismo, etc.;

- el derecho a un justo tiempo libre que favorezca, a la vez, los valores de la familia;

- el derecho de los ancianos a una vida y a una muerte dignas;

Referencias
Declaración Universal de los Derechos humanos, 1948

Carta sobre los derechos de la familia

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