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Perspectiva de familia

José Javier Rodríguez
Blog de José Javier Rodríguez Santos

El deseo: los macarrones que querían ser espaguetis

Este fin de semana un amigo me contó la alegoría del marido y los espaguetis. La verdad es que me sentí muy identificado. Resulta que un hombre salió de casa un sábado por la mañana y se dirigió a una gran superficie comercial para comprar una bolsa de espaguetis. Ese día él quería preparar la comida de su familia…

Se encontró con una inmensa estantería llena de espaguetis de todas las marcas, procedencias, nacionalidades, colores, harinas y cocciones. Sacó la calculadora y empezó a estimar cuál sería su mejor opción… después de llevar un buen rato frente a la descomunal estantería repleta de variedad de productos, se da la vuelta y encuentra una oferta única que despertó su deseo: “¡3 x 2!”. Satisfecho y orgulloso se dirige a la salida y se percata que varios clientes más se llevan la misma “única oportunidad” que él, con su perspicacia, había descubierto.

 

Los técnicos de publicidad y venta conocen muy bien nuestros deseos… ahora bien, ¿nos conocemos nosotros tan bien como nos conocen los publicitas? ¿Descubrimos y manejamos nuestras emociones, sentimientos y deseos o somos hijos del impulso y de la inmediatez?

 

De la alegoría a la fábula

 

Voy a echar a volar la imaginación y, con la licencia de mi amigo, convertiré la alegoría en fábula… El personaje en cuestión de camino a la caja se encontró con una manifestación de macarrones que protestaban porque se sentían discriminados al no estar en la estantería de los espaguetis. En su pancarta alegaban que todos somos iguales y que ellos deseaban ser espaguetis porque el nombre era una cuestión cultural y reclamaban su derecho a la igualdad. Los macarrones se habían propuesto denunciar por “macarronofobia” al jefe de la sección de pastas italianas, al director de la superficie comercial y, además, iban a recurrir al Consejo de Administración para que este órgano dictara una sentencia igualitaria… Querido lector, ¿le suena conocido? ¿Acaso todos nuestros deseos son alcanzables? ¿Podemos pretender ser lo que no somos por naturaleza?

 

Emociones, sentimientos y deseos. Desarrollo teórico y conceptual (Querido lector, si quieres, sáltalo y ve directamente a la conclusión)

Cada día, nada más salir de casa, recibimos estímulos de toda índole que invaden nuestra intimidad, propician emociones contradictorias y generan diversos sentimientos. Nos bombardean infinidad de propuestas desde las marquesinas, escuchamos anuncios radiofónicos con voces sugerentes y preparadas para despertar nuestra emoción y suscitar sentimientos. La emoción es un instante, el sentimiento es la emoción continuada… el deseo es la perpetuación del sentimiento. El deseo no se acaba con la satisfacción del mismo, al contrario, la consecución placentera de un deseo lo incrementa. Esto en sí es muy bueno. Si ilusionamos nuestra vida con un fin bueno y altruista y lo alimentamos con emociones, sentimientos y deseos, será más fácil alcanzarlo.

 

Sin embargo, vivimos en un mundo “adolescéntrico” que no nos permite madurar y que alimenta nuestro imaginario para perpetuarnos en una adolescencia continua plagada de emociones, sentimientos y deseos insatisfechos. Si tienes una emoción, atrápala y disfrútala; si percibes un sentimiento, no lo reprimas y exteriorízalo; si escondes un deseo, hazlo realidad, vívelo al máximo y gózalo. Al fin de cuentas “tienes derecho”…

 

Por otro lado, los psicólogos de la Inteligencia Emocional (IE), Goleman, Gadner y Punset, entre otros, llevan dos décadas divulgando descubrimientos y ofreciendo una explicación del complejo mundo de los sentimientos. Se parte de una premisa muy cierta: hay mucho analfabetismo emocional porque no hemos educado nuestro mapa emocional. Quién no se ha visto, en más de una ocasión, traicionado por sus emociones ante una situación de conflicto o problemática. Lejos ha quedado el puritanismo de la sociedad que reprimía sus deseos en la vida pública para, posteriormente, realizarlos en su vida privada para evitar los efectos neuróticos freudianos. Si bien, la regulación técnica de las emociones que se propone desde IE supone una concepción estática de la persona, es decir, resuelve el aquí y ahora. Por ello, se precisa una concepción antropológica que complemente la visión de la IE y que contemple el dinamismo y la riqueza de la persona.

 

En este sentido, la mirada antropológica va más allá de las emociones y sentimientos, se fija en el deseo. De ahí que éste no haya sólo que regularlo, sino, sobre todo, haya que integrarlo en el proyecto de vida de la persona. La dinámica del deseo implica descubrir su origen y conocer su fin para poder ordenarlo hacia la consecución del proyecto personal; así, en la media integremos nuestros deseos, más cerca estaremos de alcanzar el fin propuesto.

 

Ahora bien, como ya he indicado, al contrario que las emociones y los sentimientos que tienden a extinguirse con el tiempo, no ocurre lo mismo con los deseos. La satisfacción placentera de un deseo lo incrementa. Por ello, un deseo integrado en nuestro proyecto de vida nos acerca a nuestro fin: la felicidad.

 

Conclusión: unas preguntas muy retóricas

El matrimonio tiene dos significados simultáneos, complementarios e integrados: procreación y unión conyugal. Sin unión conyugal no hay procreación y viceversa. Por lo tanto, ¿dos personas del mismo sexo cumplen estos requisitos? ¿El deseo homosexual está integrado en el proyecto de vida matrimonial? ¿Han alcanzado los macarrones su objetivo de “ser espaguetis”?

Comentarios

Vicente 06/12/2012 19:21 #1
De nuevo un post clarificador y lleno de sentido común. No todo capricho debe ser satisfecho, y menos si para eso hay que violentar instituciones asentadas en la conciencia social. La rebelión contra la naturaleza no suele tener buenas consecuencias. Vicente.

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