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Perspectiva de familia

José Javier Rodríguez
Blog de José Javier Rodríguez Santos

Ciudad Creativa: otro nombre para la ciudad

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Cada vez que un viajero se acerca a una ciudad, se convierte en su ciudadano. La ciudad es la vida porque en ella nacemos y en ella vivimos, en ella descubrimos las viviendas, los teatros, las escuelas, las plazas y las iglesias, pero también las cárceles, la pobreza y la marginación. La ciudad procura cubrir las necesidades básicas de sus vecinos: seguridad, alimentación, desplazamiento… Para ellos se construyen escuelas, con el fin de intentar poner en orden lo que somos y compartirlo con las nuevas generaciones.

Durante el congreso Ciudades Creativas en el que he estado participado, el Prof. Francisco García, director del encuentro, invitó a los asistentes a imaginar otra ciudad: “¿Hay un nombre más para la ciudad? ¿Cabe pensar una denominación para una ciudad imaginaria? ¿Podría regalarse un nombre a una ciudad invisible?

 

Hubo varias respuestas. Cada habitante de la tierra, cada una de las siete mil millones de personas que habitamos el planeta, proyecta una ciudad a su propia medida. Hay, pues, millones de historias construidas en la ciudad. Una ciudad es una historia vivida, pero también es una herencia que se proyecta en el futuro y genera esperanza.

 

Cuando pensamos en la ciudad acude a nuestro imaginario todas sus calles, sus plazas, sus edificios, su tráfico… pero, muchas veces, olvidamos a las gentes que la habitan y la construyen, aquellas que dan vida a la ciudad real. Hay investigaciones sobre la idea o el concepto que tienen los vecinos sobre su ciudad. En una de ellas se invitaba a los transeúntes a dibujar un esquema de la plaza por la que estaban transitando. Para ello, el investigador facilitaba una hoja en blanco. Un grupo numeroso trazó las calles, el tráfico, la fuente central… Sin embargo, hubo otro grupo significativo que recogió, además, a las personas que circulaban por la zócalo; también alguno se garabateó a sí mismo.

 

Eso es. La ciudad no son sus edificios, sus calles, sus parques o sus coches; la ciudad es, en primer lugar, sus gentes, las personas que la habitan. De ahí que el nombre de la ciudad invisible, de la ciudad imaginada, podría ser “personalia”.

 

Y es que, como alguien comentó en el congreso, se ha comparado muchas veces a las ciudades y a las personas, símil nada despreciable. Ambas se alimentan, andan, sienten. Si la ciudad es la vida, la vida es la ciudad. La metáfora del ser humano como ciudad, hace que esta se convierta en “la piel de la historia”. Nuestra piel muda, las células se mueren y nacen nuevas. Además, así como las cicatrices dejan una huella imborrable en la piel, del mismo modo los hechos históricos dejan marca imperecedera en la ciudad que los ha vivido.

 

Yo añado algo más. Los principales contribuyentes de la ciudad no son los que pagan sus impuestos. Sin duda alguna hay un colaborador oculto que hace que la ciudad siga siendo ciudad, sin el cual la ciudad perdería su vida. ¿Qué sería una ciudad sin sus familias? La familia hace que la ciudad viva, crezca, se alimente, se cuide, se sane, madure, envejezca y muera para volver a nacer. La familia, y en especial la familia con muchos hijos, es la principal benefactora, creadora y constructora de las ciudades. Una ciudad sin familias, que no apoye a las familias y a las personas que deciden crear una familia, nunca será una ciudad creativa.

 

Personalia”, “La piel de la historia” o “familiaria” podrían ser las otras formas de nombrar la ciudad.

 

@jjrs_sa

 

 

Comentarios

José Luis 27/01/2016 21:00 #3
El artículo es muy interesante, ya que "pone en valor", a los protagonistas de las ciudades, qeu son las personas. No es una cuestión menor. Están los políticos y las rivalidades y zancadillas entre ellos. Los sufridores somos los ciudadanos y por eso, es importante decírselo de manera organizada. Y es que para que triunfe el mal, es suficiente con que los buenos no hagan nada.
Rocamora 27/01/2016 13:50 #2
Estoy totalmente de acuerdo. Considero que las familias son la células madre de una ciudad, en la que cada persona aprende los principios básicos de la socialización, como la lealtad, la reciprocidad, la empatía, la amabilidad, la colaboración, la iniciativa, la justicia distributiva, el perdón, la flexibilidad, el diálogo y la solución de conflictos entre quienes conviven. Sería bueno también reflexionar xq las personas a mi juicio en las grandes ciudades les resulta más difícil entablar las relaciones propias de una familia. Un abrazo!!
Sánchez el Bueno 27/01/2016 13:30 #1
Ya existe La Ciudad de los Muchachos, La Ciudad de las Artes, La Ciudad de la Ciencia e, incluso, FamilyLand. Aunque no es nueva la idea de nombrar una ciudad con el nombre de la Familia, sí podía ser una idea novedosa el declarar una ciudad como Familiarmente Responsable (algún municipio ya lo es y alguna empresa, también), o Acogedora de la Familia o Family Friendly para internacionalizar la cosa. Sería interesante lanzar esta propuesta para ver qué grupos se oponen y por qué razones. Al menos serviría para desenmascarar a los que hablan de familia pero sólo se acuerdan de la suya, y precisamente para colocar con sueldazos a sus familiares. Nos íbamos a reír un rato.

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