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Perspectiva de familia

José Javier Rodríguez
Blog de José Javier Rodríguez Santos

26 de julio, día del abuelo

€œUn niño sin abuelos es un niño sin historia€, sentenció hace ya más de dos décadas uno de mis profesores de la USAL. Esa máxima quedó para siempre entre mis aforismos recurrentes. Es cierto, el niño descubre a través de sus abuelos el paso del tiempo, el valor de la vida humana y el cariño afectivo necesario para su maduración.

Desde una perspectiva genérica o individualista se declaró el 1 de octubre como el €œDía Internacional de las Personas de Edad€. Sí, parece ser que la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1990 optó por festejar a las personas entradas en años, utilizando un eufemismo evitando otras palabras más apropiadas y que apuestan por una forma más social, más universal y más afectiva. También, en ciertos círculos, para darle un carácter más cercano, se las llama personas €œañosas€ o €œañejas€; es decir, !con cierta solera!

Así, en la resolución 68ÂŞ 45/105 de 14 de diciembre de 1990 se recogen algunas de las posibles actuaciones dirigidas a la personas de edad, entre ellas: estudiar medios innovadores para la selección de objetivos en la esfera del envejecimiento, disponibilidad de fondos para planes de acción, generar la Fundación Bayan para el envejecimiento, desarrollo de las funciones que puedan hacer las mujeres de edad€Ś (y bla, bla, bla€Ś bla, bla, bla€Ś) En efecto, este estilo de €˜políticas sociales€™ fomenta la individualidad y la soledad de las personas mayores.

En cambio, en muchos países, de forma menos organizada, menos institucional y sin tanta parafernalia de recomendaciones, decretos o resoluciones, se ha establecido el día 26 de julio como el día del abuelo. Esta es la segunda forma de hacer política, desde una perspectiva social y colaborativa, humana y transcendente. Una perspectiva de familia. La real. A decir verdad, los padres no tenemos suficientes palabras para agradecer el relevo que nos prestan muchos abuelos en verano. No en vano el €œDía del Abuelo€ se sitúa en el periodo estival, antes de comenzar la temporada oficial de vacaciones laborales y justo en medio de las vacaciones escolares.

Todos sabemos, aunque a veces no lo reconocemos, que la función social, cívica y humana del abuelo es infinita. Los abuelos, en nuestras sociedades occidentales, son garantes de la historia de nuestros pueblos y ciudades, recuerdan las tradiciones familiares y populares. Enriquecen nuestras calles y plazas dotándolas de vida, color y humanidad. A los hijos nos recuerdan la obligación para con ellos, en especial si son personas dependientes. Además, nos anticipan el futuro, nos recuerdan de dónde venimos y nos hacen intuir hacia dónde vamos. Además, los nietos llenan de alegría los hogares labrados con esfuerzo y tesón, les hacen sentirse vivos y les aumentan las ganas de vivir por el ansia innata de seguir compartiendo su vida con los que más quieren. Sé que me quedo corto y que hay muchos olvidos entre las teclas de mi ordenador. Así que dejo a los abuelos que hagan volar su imaginación y creatividad, que seguro es más que la mía, por aquello de la experiencia vivida. Vosotros, abuelos, sois el corazón que late melodiosamente y que siente incansablemente por una sociedad que vive el vértigo de la inmediatez digitalizada.

Por lo tanto, desde una perspectiva de familia, puedo afirmar que una sociedad que no tiene abuelos y sólo €œpersonas de edad€ es una sociedad des-civilizada, muerta y sin esperanza. Aconsejaría a los redactores de aquella citada recomendación de la ONU de hace veinte años que la miren ahora con perspectiva€Ś Seguro que ya son abuelos, no sólo personas de edad. Al menos, ese es mi deseo.

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