Silueta javier hernandez original

Pases de pecho

Javier Hernández

Mourinho

Todo el mundo que me conoce sabe que, futbolísticamente hablando, nunca fui antinada. Soy de esos tifosi que pueden llevarme a cualquier espacio del planeta futbolístico y que nunca me altero.

 

Es verdad que siempre he tenido mis equipos: Real Valladolid y Barça, pero que su enemigo natural, el Real Madrid, no me ponía de los nervios si ganaba, pero sí me alegraba que perdiese con uno de los míos.

 

La casa blanca en su aroma despide un tufillo especial. Es una institución con la que siempre se ha relacionado una forma de ver el fútbol y sentirle.  En el ADN de un buen madridista conviven todavía signos inequívocos de una derecha pretérita, -con todo lo que conlleva- junto una forma testicular de negociar muchas cosas. No se si esta frase es acertada para definirles: “es un equipo con Bigote”.  Su  know-how dice que tiene algo que les distingue: “el señorío”. Dejaré la hemeroteca para otro día…

 

Pero un buen día pensaron: tenemos que mantener nuestro espíritu, lo que nos distingue en nuestro Santo Sanctorum. Raudo y veloz, su máximo sacerdote salió a buscar alguien que representase plenamente su liturgia: lucha, honor, autoridad, gobierno, etc... y lo encontró: José Mourinho.

 

Les voy a ser sinceros: a todos no cambió un poco la vida.

 

Con la llegada de este innombrable –por no llamarle otra cosa- a nuestra Liga, el escenario cambió por completo. De repente, a mí me daba lo mismo cómo quedaran mis equipos, solo perseguía una causa: que perdiera el Madrid.  Escuché a madridistas “de pro” decir que les daba vergüenza. Pero contrariamente aparecieron “sus soldados”, que lo defendían a muerte. Qué casualidad, lo formaban prácticamente en su totalidad personas que les gusta distinguirse con frases tipo a la de: “Por mis cojones” , “A mi...”, “Pero tú no sabes quién soy yo…” y alguna cita mas. Sé que según lo leen, les viene a la memoria Esperancita…

 

“Metió el dedo donde más dolía”. Embistió a sus compañeros de profesión, a la prensa, -llegó a “secuestrar” a un periodista del AS- a mi selección, a su eterno rival, a los árbitros, quiso cambiar los horarios, etc. En definitiva: no dejó “títere con cabeza”.

 

Pero fue más allá y toco de muerte a nuestro emblema nacional: Iker Casillas. Porque la gente no es toda del Madrid, pero sí de este magnífico portero. Por cierto, desde aquí mi enhorabuena a Iñaki Gabilondo por la entrañable entrevista al cancerbero.

 

No sería justo si solo dijese lo negativo de él. Porque también tiene virtudes, y sobre todo una que le distingue: el control del daño y el dolor. Este malnacido sabe perfectamente graduar la dosis de su maldad para quien desgraciadamente esté en su objetivo.

 

Su maquiavélico y entramado negocio se basa entre otras cosas en la provocación. En lo que respecta a lo económico, “su socio” Jorge Mendes –otro portugués de dudosa reputación- decide las condiciones de los fichajes que quieren para su plantel. Muchas veces, los depósitos para la compra de sus pupilos son fondos de inversión de cuestionable trazabilidad y eso si de fácil caducidad. Después se marchó como siempre: sin despedirse. Ganó lo que ganó cualquiera: una Liga –como el Depor-  y una Copa del Rey –como el Betis o Mallorca-. Apareció un Italiano sin hacer tanto ruido y ganó la Décima -e incluso juegan mejor-.

 

Y dirán: “porque me suelta este sermón..”. Este fin de semana en la Premier, volvió a hacer de las suyas, y me recordó fantasmas del pasado.

 

Por salud: no quiero que vuelvas a mi país.

 

 

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