Silueta javier hernandez original

Pases de pecho

Javier Hernández

Arrancamos

Como es habitual por estas fechas, (parece el saludo del alcalde de un pueblo por sus fiestas en la “galería de los horrores” -en el diseño me refiero- que es el panfleto anunciador de las actividades de su semana grande, donde no falta entre otros: el Grand Prix y la Fiesta de la Espuma).

 

 

Con los almendros en flor llegan los Toros, y con ellos la Fiesta.  La primera de las citas: La Feria de Olivenza –estuve en cuerpo presente-. Por darla un titular rápido y claro: “es un timo”.

 

Vas llegando a la plaza y reconoces que ante todo es un evento social. Es fácil de adivinar las caras couché, y el pijisevillano.  Este último, como invasor macho alfa. Según vas llegando al reciento “el trombo” es evidente. Y aún peor; ves las puertas de acceso. Para que se hagan una idea: la de los niños en Imaginarium. Una vez superado el primer trago, te queda el segundo: el tamaño de las localidades. Muy fácil; te tienes que haber criado en un canódromo. Y lo peor; vi mas de 100 personas sin entrada sin poder acceder. Ustedes mismos..

 

En lo que a la corrida se refiere el toro como un muñeco. Y las figuras, -por llamar figura a Rivera Ordoñez-  se lo pueden ustedes imaginar. Su caída en la cara del novillo/toro, fue como la de un jubilado en un paseo marítimo. En definitiva: buen jamón y gin-tonics.

 

Castellón: no puntúa. Es como un torneo de verano futbolísticamente hablando.

 

Fallas: para meditarlo. Sabéis que el toreo sobre todo es respeto. Y es fácil de explicar: se pasa mucho miedo y estar ahí delante es muy difícil, mas bien imposible. Arte y valor es muy difícil que se conjuguen. Pero lo que no se tiene es soportar el deleznable espectáculo que protagonizo “El Soro”. Y no me voy a extender más…

 

Porque respeto y admiración son dos adjetivos adyacentes -taurinamente hablando- a este espectáculo. Otra cosa, fue la llegada a esto de Jesulin -y sobre todo su añadido: Belén –una casquería catódica- y eso no es respeto, más bien desprecio. Aunque se puso delante.

 

En fin: esperemos que la suerte nos sonría y pasemos una buena temporada.

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