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Palabras de Poeta

Guillermo De MIguel Amieva

LA CHICA DE AYER

Todos los caminos llevan a Roma si  eliges el adecuado

Toda  nuestra vida aparece concernida por la necesidad de parecer que somos algo más de lo que hemos llegado a ser. Por ese culto a la apariencia, la forma es más importante que el fondo y todo gira en torno a ese consumo de ropa y objetos que nos hace parecer lo que soñamos sin que hayamos llegarlo a serlo todavía. Aparentar, algo denostado en otro tiempo, se ha convertido en moneda de cambio y hasta llega a enaltecer al que, en lugar de ser, aparenta. Claro es que hay un límite que nos frena. Nadie osaría aparentar ser aquello que el mundo de lo políticamente correcto ha condenado al ostracismo, pues alguien ahí al fondo marca las tendencias de nuestros propios roles. Nos hacen, nos fabrican, nos contienen en moldes. Podemos elegir ser, de entre aquello que mueve el gravitatorio mundo de los deseos, lo que creemos que provocará atracción en los otros, pero sería una locura —¿no es verdad?– elegir la apariencia de lo que nos condenaría a la marginación; esto último está reservado para el día de carnaval. No se olvide que en una sociedad como la nuestra todos pretendemos de los otros un reflejo que nos devuelva luz.

 

El mundo es una pasarela de apariencias, destellos que solo alcanzan la solidez de castillos en el aire. La apariencia es lo primero que nos llama, no seamos hipócritas. Creo que empecé a leer para ligar más en lugar de hacerlo para matar las adolescencias de aquellos años. Yo las llamo adolescencias porque eran muchas dentro de una. En alguna adolescencia de aquellas apareció alguna chica inalcanzable y algo me debió de decir que lo de leer podía valer. La chica se perdió en el tiempo, pero la literatura se quedó conmigo para siempre y la apariencia, la forma, poco a poco fue dando cuenta de la verdad del fondo; ahora, cuando empiezo a no creérmelo, me presentan como poeta y escritor. He engordado, pero las gafas que me ha vendido Miguel Ángel, el gerente de General Óptica –unas gafas redondas de tendencia intelectual– dicen la verdad de mí mismo y resultan auténticas puestas en mi rostro. Parece mentira que cueste tanto tiempo hacer coincidir forma y fondo. Una chica perdida de adolescencia y un final más feliz de madurez. Nos gusta gustar, ésta es la cosa. Estamos atraídos por la forma porque no tenemos tiempo para conseguir las cosas en los plazos que la vida impone. Aquella chica exigía un intelectual o un poeta en un tiempo que yo no me podía permitir. Al menos pedía poesía y me hizo un favor. Otras piden drogas y te destrozan la vida. En mi próxima vida, procuraré leerlo todo durante la infancia. Lo prometo. 

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