Silueta original

Otoños y otras luces

Jesús Quintero

Una jornada de reflexión que dura y dura

Nunca conocí una jornada de reflexión, y me refiero al día después del 25-M, que hiciera más honor a su nombre y en la que todos por fin parece que han entendido el mensaje, que es lo que se suele decir en estos casos.

Desde que se hicieron públicos los resultados de las elecciones europeas no han parado de sucederse cataratas de reflexiones, declaraciones, opiniones y debates sobre lo acontecido en unas elecciones que algunos se empeñaron en no dar la importancia que merecen, hablando muy poco de Europa y dejando todo a la suerte de lo doméstico, para ponérselo “a huevo”  a los que apenas contaban en las encuestas.

 

Algunos llevamos tiempo preguntándonos acerca del calado de la crisis económica y de la crisis de valores de la sociedad, que unidas a la otra crisis, la política, ha provocado el alejamiento de los ciudadanos de sus instituciones y de los políticos, hasta llegar a considerarlos como una de sus preocupaciones más importantes.  

 

El ciudadano, en la mayoría de los casos, está mentalizado de los esfuerzos que entre todos tenemos que hacer para superar la crisis económica, pero lo que ya no tolera más es la corrupción en sus diversas formas, sin olvidar el disimulo con la que se “toleran” algunas. El poder político debe de estar sometido a límites éticos sobre los que los ciudadanos han trazado una línea, para la que les gustaría contar con una justicia igual para todos y rápida para aquellos que la han sobrepasado y pisoteado.

 

Ahora se abre un tiempo para sacar enseñanzas de las elecciones europeas. A algunos les han entrado las prisas y de corrido dicen: no hay mucho tiempo, el horizonte de las municipales y autonómicas está demasiado cerca, hay que tomar la iniciativa, no todo se puede dejar en manos de la economía, hay que reflexionar y tomar decisiones y quizá sea una oportunidad para cambiar todo lo que no funciona.

 

Son muchos los políticos que hablan de cambiar el sistema electoral, de superar la partitocracia, que otros llaman partidocracia, de dar participación a los ciudadanos, de hablar más con los votantes y de comunicar mejor las propuestas políticas. Otros comentan que hay que limitar los mandatos, aunque siempre nos quedará la duda de si se refiere a aquellos que van encadenando periodos en diversas instituciones para acumular toda y “sólo” una vida “laboral” dedicada a la política y algunos llegan a osar pretender cambiar “las viejas estructuras de los partidos”.

 

De cualquier forma habrá que dedicarle más tiempo, por aquello de que  “más vale prevenir que curar”, a algunos de los planteamientos con los que Pablo Iglesias conquista a las masas, aunque le tengamos que dar la razón cuando dice que la justicia no es igual para todos,  porque si yo no pago el IBI me embargan, pero si yo okupo un edificio, siendo okupa, no me pasa nada.

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