Silueta original

Otoños y otras luces

Jesús Quintero

Todos de fiesta

Siempre me interesó el hecho festivo. Un fenómeno que es común a todos los pueblos, culturas y periodos históricos. Comprender las fiestas populares es conocer su origen, lo que tienen de tradición y de actualidad y los motivos festivos que tienen su sentido en la distribución temporal. En una nota recogí que había “fiestas de alivio”, las estratégicamente situadas en medio de estaciones duras por el trabajo a desarrollar, por ejemplo las de Nuestra Señora de Agosto.

En estas fechas, los medios de información exageran amplios espacios gráficos dedicados a las fiestas para llenar el vacío del verano. Quizá también nos haga falta para levantar el ánimo una escapada y una fiesta. Somos animales festivos y las fiestas de nuestros pueblos no sólo no pierden brillo, sino que lo ganan, motivado también por el llamado éxodo rural, de vuelta a la actualidad, que hace que los emigrantes regresen al pueblo para las fiestas.

 

Reconozco que me gustan las fiestas, por lo que tienen de tradición, conmemoración,  alegría, regocijo, diversión, chanza y broma, que la salida de los toros, las concentraciones y desfiles de peñas, las comidas populares o las verbenas sean un  momento para echarse a la calle, para verse unos a otros con lo que todo ello implica.

 

Las corporaciones locales, llevan años “toreando con temple” los presupuestos festivos para ajustar el querer con el poder, y todos conformes porque es lo que toca, y aunque el arroz tenga menos bichos también es paella. Y los más jóvenes, que no han recortado horas a la fiesta, han aplicado el ajuste aprendiendo a ponerse copas, han descubierto el poder del bocadillo y a estirar en el tiempo el uniforme festivo, que todos los días no se pueden estrenar.

 

En las peñas de mayores hay mucho concurso de master-chef y la compra se hace en el súper; que hay encierro por la mañana, pues una caña en el bar y la otra en la peña, la partida de cartas en la “panera” si tienes la suerte de tener un local con solera, lo mismo en el descanso de la verbena, y si hace falta se queda uno en la calle a tomar el fresco que es lo que hace familia, barrio y pueblo, como lo fue con nuestros próximos antepasados.

 

Un fiestón de cifras económicas es lo que nos aportó el Banco de España la semana pasada con los datos del segundo trimestre, que presentan un escenario de claroscuros, con la alegría de encabezar el crecimiento económico europeo, lo que corroboran una recuperación de la economía española, pero con el dato negativo de que la deuda pública española ha superado el billón de euros por primera vez en la historia al situarse en el 98,2 % del PIB, deuda del sector público que de no corregirse con reformas tan urgentes como necesarias diremos todos y durante muchos años aquello de “esta fiesta la pago yo”.

Comentarios

Deja tu comentario

Si lo deseas puedes dejar un comentario: