Silueta original

Otoños y otras luces

Jesús Quintero

Pon algo de primavera en la vida

Primavera detail

Aunque se nos anuncie que la población tiende a ser cada vez más urbana, seguimos viviendo a ritmo de las estaciones, al compás de la naturaleza.

Los jóvenes ya no saben cuando se planta el trigo y cuando se recogen las primeras manzanas o los primeros tomates pero se les sigue alterando la sangre en esta época del año. La recién estrenada primavera no sólo es noticia por el riesgo de alergias derivado de los niveles de polen sino porque algo muy vital y elemental resurge en nosotros. Por muy urbanos que seamos las zonas verdes de las ciudades nos regalan vida, colores y olores que nos oxigenan. Vivimos, sin duda, a muchos ritmos: Balances y vencimientos de la hipoteca del hogar familiar, ingreso del sueldo mensual  y subidas de tarifas que hacen desear el fin de mes. Otros ritmos nos llegan impuestos por el año laboral o el académico de hijos o compañeros. Todos ellos no nos cambian la vida pero si nos hacen levantarnos de buen pie o con el paso cambiado. Y en el fondo todos necesitamos romper la monotonía, dejar que el día se cargue con un nuevo sabor y una nueva ilusión.

 

Esta necesidad de novedad bien la conoce la técnica de mercado y el marketing de publicidad: Vamos de la semana fantástica a los 8 días de oro, del ya es primavera al ofertón de ocasión, del día de papá al de mamá. Necesitamos romper e innovar para vivir y soñar. Hace unos días, el 13 de Marzo volvía ser noticia, especialmente para los católicos, el Papa Francisco. Era el primer aniversario de su elección. Ha sido personaje del año para la Revista Time y otras publicaciones. Algo de novedad y naturalidad dicen que ha introducido en el colectivo de los católicos y en gran medida para muchos que miraban de reojo a todo lo que signifique religión y religión cristiana en particular. Se dice que es un río de aire fresco, una sencilla mostración de humanidad, solidaridad, cercanía y misericordia. E incluso alguno se atreve a decir que si el Dios de los cristianos suscita estos modos de comportamiento, hasta a lo mejor es cierta su existencia. Se le puede denominar como un hombre de primavera.

 

Y así camina la humanidad, hambreando sueños y creando oasis que desperezan de la dura realidad del existir cotidiano. “Volverá a amanecer, no hay mal que cien años dure, todo florece en primavera”, nos solemos decir. No es bueno huir de la realidad ni crearse paraísos de privilegio desde la comodidad insolidaria, pero también es verdad que las ilusiones alimentan la vida, fortalecen la voluntad  y el coraje de que “soñando lo imposible” hagamos algo para que surja lo posible. “Pasee, no se cierre en sí mismo, salga con los amigos, mire la vida con esperanza” son los consejos elementales de los grandes sicólogos  y lo que decimos cada uno al amigo deprimido, al vecino apesadumbrado o al familiar cercano. Son las vitaminas del vivir, los brotes verdes que con cierta generosidad hemos de mirar y cuidar. Alguna fragancia necesitamos para superar el humo de la contaminación, la desidia del “siempre lo mismo” o la impotencia ante lo inacabado del no rematar del todo. Evoque un paisaje, anhele el espectáculo de una noche estrellada, respire de nuevo el olor a tierra mojada tomado de la mano de la persona amada, sonría con aquella sonrisa espontanea del hijo o la hija que ya creció pero lleva en sí el niño que fue. Son la vida, también son la vida, con todo lo otro que resignadamente nos hace decir tantas veces, “así es la vida de injusta”.

 

Cuidaba un anciano al nieto, sentando en el parque –no muy lejos de aquí- hace un par de tardes. Le salude y me senté. Miraba a su nieto dormido. Nos saludamos y hablamos de algunas cosas, de las de siempre. Y solo se me ocurrió decirle: ¿Se aburre cuando el niño duerme?; todavía no puede hablar. Y me contestó: Tres cosas el hombre no se cansa de mirar: el rostro de un niño, el fuego hecho llama chispeante y el mar en calma o embravecido. Lo he vuelto a pensar y es verdad. En el tráfago del ir y venir necesitamos mirar y ver, sortear obstáculo y dejarnos impactar por lo más natural y elemental. Es por salud mental y por conocer el lugar y el espacio que se nos da para habitar. Este que construimos y tanto nos cuesta defender y el otro, el que se nos da y estamos a punto de destruir por el afán de controlar y consumir.

 

Solo quería hoy lector recordarte que es necesario “primavear”; es decir, saborear este nuevo ciclo del vivir que se inicia en la naturaleza de la que somos parte. Rompe algo de tu ritmo o integra en el frenético competir esto que se regala solo por abrir la ventana, mirar lo que otro sembró y la vida te regalo. El ritmo cansino y mortecino volverá pero al llamar a tu puerta quizá no te encuentre si tú saliste a disfrutar del atardecer o de la fragancia de un almendro en flor o estabas siendo parte de un sueño que te enterneció por un momento. ¡Feliz primavera iniciada y feliz tú si contigo alguien disfrutó!

Comentarios

María 24/03/2014 23:03 #2
Gracias por recordarme que soñando lo imposible podemos hacer algo para que surja lo posible...
avile 24/03/2014 19:05 #1
Bonito artículo.Bonitas frases finales.

Deja tu comentario

Si lo deseas puedes dejar un comentario: