Silueta original

Otoños y otras luces

Jesús Quintero

Lecciones magistrales a los 80

Cuando desde muchos medios de comunicación se ha fomentado en esos programas en prime time el culto al personaje y la curiosidad sobre sus vidas más o menos sonrojantes por el precio de haberse convertido en un juguete roto...

..., y sobre lo que algunos periodistas se quejan por el intrusismo en su oficio, es de agradecer que periódicos, tertulias radiofónicas y espacios de debate en televisión se acuerden de los mayores para que nos dejen su opinión haciendo valer aquello que decía la poeta rumana Ana Blandiana: “habría que nacer viejo / empezar por la sabiduría / y después decidir su destino”.

 

El pasado fin de semana una cadena de televisión nos dejó una entrevista con el periodista José María Carrascal, al que todos recuerdan por sus llamativas corbatas, y otros como aquel que fue capaz, en el inicio de las cadenas privadas de TV en España, de introducir un comentario de opinión de autor en un informativo de media noche. De sus muchas reflexiones, también sobre la actualidad nacional e internacional, me quedo con las de un hombre que a los 80 años lo que quiere hacer cada mañana es trabajar. Acaba de publicar su último libro y colabora como columnista en un periódico.

 

Creo que la sociedad en general tiende a “jubilar” demasiado pronto a las personas  de los puestos de responsabilidad, no valorando todo lo que pueden aportar la experiencia, la sabiduría y la mesura que se adquieren con los años, confiando todo a la preparación y a la  fuerza de la juventud. Decía Carrascal que en España ya tenemos ex presidentes del Gobierno, que lo fueron siendo a su entender todavía jóvenes, creando problemas a sus partidos porque no han sabido darles un lugar. La ventaja de la edad es la de que se intentan cosas que antes uno no se podía permitir.

 

Parece paradójico que en la Sociedad del Conocimiento, que tiene infinidad de facetas distintas dependiendo si las hace un economista o un político, donde los ciudadanos disponen de una acceso ilimitado e inmediato a la información y los cambios que ya se han producido y a los que se están produciendo, que se olvide de la ingente labor de los que con la entrada de nuestro siglo, que ya parece tan lejano, se produjo una inmensa acumulación de esfuerzo que fue el fundamento del bienestar de hoy, dejándoles poco más que para lecciones magistrales.

 

Sin embargo, el trazo para el mundo laboral, sobre todo agudizado por la crisis económica, ha situado una línea en los cincuenta años que equipara a estos trabajadores como muy usados, cansados, caros, no reciclables, poco motivados y nada creativos. Un diagnóstico donde no cuentan el valor de la experiencia, la eficacia, la madurez para reflexionar y la capacidad de convertir muchas preguntas difíciles en las respuestas oportunas a la solución. La precarización laboral para los jóvenes y la desprotección para los mayores cuando la sostenibilidad del sistema de pensiones pasa por alargar la vida laboral.

 

A me gustarían más Carrascales -por cierto un tipo que no tiene móvil-  con presencia para opinar en los medios de comunicación, en la economía, en la política, en la cultura, y en los movimientos sociales, personas desprovistas de todo aquello que les limita en su libertad, sin miedo a los riesgos, porque a diferencia de los niños y de los jóvenes ya tienen aprendidos los conceptos básicos de la vida, tipos que en ese espacio de la vida, se definen como activos, vibrantes y ponen su capacidad y su interés por la vida cuando se alcanza esa edad en la que intentan “jubilarte” … y, no solo profesionalmente, por eso predica con el ejemplo.

 

Mi temor, como el de José Luis López Aranguren: “Yo creo, como decía don José Ortega, que a los viejos la gente joven ni los ve”.

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