Silueta original

Otoños y otras luces

Jesús Quintero

La Semana Santa, una oportunidad

 mg 1608 detail

Celebrar fiestas forma parte de la dimensión temporal del hombre, lo ha sido en el pasado, lo es en el presente y lo será en el futuro.  Todas las sociedades humanas han situado sus fiestas para hacer un paréntesis en el tiempo ordinario dando paso a otro extraordinario, festivo, en el que se altera lo que conforma el vivir cotidiano y sus ritmos.

Cada año señalamos en el calendario las principales fiestas que, por unos u otros motivos, tienen especial importancia para nosotros y hacemos planes a largo plazo en función de cuando “caen”.

 

De las llamadas fiestas universales, la Semana Santa es la celebración central donde el mundo cristiano celebra la Pasión, Muerte y Resurrección del Redentor. A pesar de los distintos matices y facetas a los que apunta su celebración, dependiendo del lugar donde la vivamos, este es un tiempo para los cristianos que cada año invita, nos invita, a la celebración y a la reflexión,  y que como ocurre con otras festividades los renovados buenos propósitos nos deberían acompañar todo el año.

 

Mucho se puede comentar sobre los acontecimientos que rodean las celebraciones que se desarrollan a lo largo de estos siete días en primavera  y que vienen a expresar un sentimiento profundamente  arraigado en buena parte de la sociedad, reflejado en la masiva asistencia a procesiones religiosas y actos litúrgicos y que entiendo que no es solamente manifestaciones formales o superficiales sino que forma parte de su ser más íntimo y personal.

 

Religiosidad, arte y cultura son aspectos que podemos encontrar en muchos lugares donde pasemos estos días, para muchos de vacaciones,  pero también uno de esos momentos que nos ayudan a mantener ese equilibrio que todo el mundo necesita para su desarrollo individual y colectivo. Y así, reviviendo este tiempo, como cuando saboreamos la lectura, la música, la amistad o el amor, encontraremos contrapesos, armonía, ecuanimidad o sensatez, para evitar tambalearnos, vacilar y dar traspiés.

 

Las celebraciones de la Semana Santa nos recuerdan que hay momentos de vítores y palmas, que nos hacen creer que somos importantes, que tocamos la cúspide, y  que a la vuelta de la esquina se nos pueden volver en contra. Pasar del todo a la nada,  arriba y abajo, que lejos y que cerca. Del Domingo de Ramos me quedo también con el ramo de laurel, que una vez seco (muerto para dar vida), nos ayudan a sazonar y condimentar los buenos guisos, dar esa pizca de sabor que distinguen los platos que servimos a los demás.

 

Celebramos también el verdadero valor de la amistad, porque muy a menudo nos pasamos a la traición,  renegando de las personas, de los amigos y de las creencias,  por miedo, cobardía, falta de convicción o de compromiso, o por el qué dirán. Como contrapunto a la negación de las personas muchas cofradías, hermandades que lo han sido de verdaderos hermanos, cuando en algunos lugares y como consecuencia de la crisis que atravesamos se han convertido en economatos, manifestación del amor fraterno.

 

De estos días, también me quedo de la invitación a la contemplación del rostro del dolor que se hace presente hoy,  que camina junto a nosotros en tantas situaciones y en tantas personas y que nos pide dar un paso adelante, cada uno con sus propias fuerzas. Y al paso del compromiso camina la invitación al silencio, que no es estar callados ante la injusticia, a la reflexión, dejando a un lado y por unos días el exceso de ruido y de superficialidad  que rodea nuestras vidas.

 

Y así, entre la exaltación, pasando por la negación, la traición, la acusación, el lavarnos las manos de lo que nos exige decisión, la tortura y la muerte, llegamos a la Pascua cristiana, que nos dice que hay luz y que hay esperanza para todos y también para los que estos días, con el respeto a todo lo demás, hacemos un alto para mirarnos por dentro renunciando a la autocomplacencia.

Comentarios

Anselmo 22/04/2014 22:36 #2
Pues sí, con comentarios: una reflexión muy humana de una realidad transcendente que es connatural a todo ser humano. La misma negación de lo transcendente es una afirmación de su existencia.
neri 19/04/2014 17:34 #1
sin comentarios

Deja tu comentario

Si lo deseas puedes dejar un comentario: