Silueta original

Otoños y otras luces

Jesús Quintero

El pim, pam, pum nuestro de cada día

Qué sería de nosotros sin el pim, pam, pum, ese “arte”, e incluso oficio, que consiste en atraer lectores, electores,  seguidores, detractores, público, prestigio o pasta, que cada momento de la actualidad nos ofrece cuando sólo nos quedamos en la superficie de las cosas.

El pim, pam, pum debería ser considerado uno de los deportes nacionales pues garantiza una dedicación segura y provista del material necesario para ser una sección fija en cualquier medio de comunicación.

 

Del pim, pam, pum de los últimos días nos podemos quedar con una serie de noticias, que podríamos ordenar siguiendo muchos criterios, y que hoy no me atrevo a determinar por razones de importancia, más bien quiero empezar simplemente por una para así poder avanzar.

 

Recurrentes son, desde que se hacen estadísticas, las cifras del paro que se nos facilitan los primeros días de cada mes y  que sirven a unos y a otros para el pim, pam, pum, del análisis, de la interpretación y de la extrapolación, en su mayoría muy lejos del sentimiento de quien forma parte de esa nefasta estadística que sólo quiere una oportunidad que les ayude a materializar su proyecto de vida, cada cual con el suyo. Con el manejo de las cifras han tratado de convencernos que porcentajes estructurales de desempleo podrían considerarse como pleno empleo, cuando en otros países de nuestro entorno europeo serían un fracaso morrocotudo. Lo positivo es que esas cifras bajen, sin olvidar el dónde estamos y de dónde partimos.

 

Sin salirnos mucho del tema, el informe de la Fundación FOESSA y Cáritas Española sobre Precariedad y cohesión social, que entre otras conclusiones cifraba en más de cinco millones los pobres en España, perspectivas que según el estudio no mejoran de cara a este año 2014, para lo que es necesario abordar de manera urgente medidas para que la fractura social entre ricos y pobres no se convierta en algo crónico, fotografía tomada in situ de los que están en la realidad diaria, y que ha sido utilizada por algunos para su particular pim, pam, pum, que ni entienden los excluidos por la pobreza, ni los que trabajan en Cáritas en la búsqueda de nuevos horizontes laborales más propicio para los que acuden en la búsqueda de una esperanza a su situación.

 

Desconozco si alguien habrá tenido a bien encargar y celebrar un novenario por el difunto Alfonso Suarez, pero los hay que no han perdido la oportunidad para desatar un primer pim, pam, pum, acerca de quién está más cerca o representa mejor su legado en la historia y como persona en el periodo en el que tuvo responsabilidad política, o, para aprovechar el tirón mediático del momento para reescribir la historia conspiratoria del 23-F, aunque me temo mucho que el personaje acabará tan manoseado por unos y por otros que dejará a Suarez más cerca de la desmemoria.

 

El pim, pam, pum ha seguido con todos los episodios relacionados con la educación y de cómo entienden unos y otros que se deben abordar la corrección de las debilidades que tiene el sistema en España y que lastran el futuro, también laboral, de nuestros jóvenes; pero quien se ha llevado la palma ha sido Esperanza Aguire y su episodio motivado por un mal estacionamiento y su comportamiento, para muchos, desinhibido para con los policías madrileños, si bien es de agradecer que ante situaciones en las que todos podamos caer, seamos capaces de pedir perdón, incluso a regañadientes, y comprobar que todos somos iguales ante la ley. Una imagen más de la lideresa madrileña popular de sus “momentos fantásticos” como diría Boris Izaguirre, como la de aquella celebre rueda de prensa en calcetines y tacones después de un atentando en el hotel donde se alojaba.

 

Me dejo otros muchos pim, pam, pum más e menos sonados de la semana, para dejar abierta la sección para los que quieran sumarse, o para matizar, completar, o discrepar con los aquí recogidos, si bien estoy seguro que el pim, pam, pum seguirá siendo el pan nuestro de cada día, y que también practicaremos con el compañero de trabajo, de colegio, el amigo y con ese que llamamos el prójimo.

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