Susana perez original

Ocio y negocio

Susana Pérez

Esta semana, un cuento

€œY la Catedral cobró vida€El pasado sábado fuimos a dar una vuelta por Salamanca. He de admitir que la ciudad es más bonita por la noche, las numerosas luces que la inundan y la gente que lo contempla, hace de este momento aún más especial.

Después de cenar nos encontrábamos entrando en la Catedral dispuestos a comenzar nuestra visita guiada. Un escalofrío me recorrió la espalda al pasar los gruesos muros y subir las empinadas escaleras.

Llegamos al primer piso, donde había una vista perfecta del retablo rodeado de luces de colores y sonidos. Yo me quedé observando el panorama atónita y sacando fotos, decidí regresar con el grupo; al darme la vuelta: !No había nadie! Me encontraba yo sola en la sala, pero al menos en la Catedral no.

De pronto oí una voz por el megáfono: €œSeñoras y señores, las puertas de la Catedral han sido cerradas hasta mañana, gracias por venir€. Me estremecí, ahora estaba totalmente sola entre las dos grandes Catedrales.

Subí a un enorme balcón del piso de arriba a pedir ayuda. AL subir me quedé helada al ver las tres gárgolas en fila, me miraban, me seguían la mirada. La del medio era la más grande y alta, daba un aspecto feroz.

De repente mi respiración se detuvo al ver que esa gárgola de verdad me miraba; no solo me miraba, empezó a mover los ojos, a desplegar las alas, a levantarse de la columna.



La gárgola voló por todas las torres de la Catedral hasta posarse en la barandilla donde yo me sostenía. Me quedé inmóvil, ni un movimiento. Ella me miraba de arriba abajo, abrió la boca y me dijo:

- Vete, no puedes estar aquí a estas horas, me descubrirán. Me advirtió alarmada.

- No te preocupes, tu secreto está a salvo conmigo. Respondí.

Debieron de verme desde abajo, porque un guardia de seguridad subió a toda prisa: cuando me di la vuelta la gárgola estaba en su posición de siempre. Bajé y de camino a casa volví a echar una última mirada a la Catedral. La gárgola estaba allí, intacta, como siempre había estado. Pude ver que me guiñó un ojo al tiempo que me sonreía.

Yo se lo devolví y retomé mi camino de vuelta.

Autora: Claudia de Diego Pérez, 13 años.
Octubre de 2012.

Hasta el domingo que viene.

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