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Mirada de un lugareño

Fernando Pérez Madrazo
Blog de Fernando Pérez Madrazo

¿Se acuerdan de Bolonia?

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La ciudad italiana no, sino la reforma de las universidades europeas que debía traer consigo todo tipo de parabienes, aumentando la movilidad de estudiantes y profesores, mejorando la formación de los titulados y sus posibilidades de encontrar trabajo.

El proyecto no es más que la implantación de un nuevo plan de estudios en todas las universidades europeas, responde al objetivo de unificar los saberes entre las numerosas instituciones que se extienden por el continente y así facilitar un mercado común de trabajo para los jóvenes estudiantes, en un mundo marcado por la globalización. "Es algo similar a cuando se decidió crear el euro, tener algo que nos pueda medir a todos por los mismos parámetros, pero en este caso educativos".

 

El alumno pasa a ser un sujeto activo con el nuevo modelo educativo. El objetivo es que tome sus propias decisiones con respecto a su aprendizaje a la hora de elegir un itinerario u otro o al elegir una especialización. Bolonia requiere al alumno un esfuerzo mayor por, entre otras cosas, la realización de trabajos y la asistencia constante a clase. Ya no basta con estudiar solo para el examen.

 

Conceptos como la evaluación continua, tutorías académicas y fomento del aprendizaje activo caracterizan el nuevo papel del profesor en la educación superior. De esta forma, junto a las clases magistrales se combinan las tutorías específicas y otras modalidades de enseñanza más prácticas e individualizadas.

 

Según los especialistas del continente consultados al respecto, el balance es que, en la parte formal, los objetivos están conseguidos o muy cerca de alcanzarse (los sistemas ahora se parecen bastante, divididos como en los campus anglosajones en grados de tres o cuatro años, másteres de uno o dos y doctorados), pero con el resto aún se está muy lejos. En países como España, además, los recortes presupuestarios convierten en papel mojado ideas como la de modernizar la forma de dar clase.

 

“En cuanto a los objetivos más cualitativos, como los procesos de garantía de la calidad, la empleabilidad o la movilidad (la meta es que el 20% de los alumnos estudien en algún momento fuera de su país y estamos por debajo del 10%) todavía los progresos son muy pequeños”, dice el profesor de la Universidad de Ámsterdam Hans de Wit.

 

Pero no todos los especialistas son tan positivos, pues para algunos el verdadero problema es el propio cambio formal: “El problema más importante es la obligación de que las universidades introduzcan el crédito ECTS, el sueño de calcular por adelantado cada hora que va a dedicar el alumno que está provocando una auténtica pesadilla burocrática”.

 

De hecho, en la encuesta realizada hace un año por el periódico el País a los responsables de 28 campus públicos españoles, la sensación general era la del ahogo burocrático. “La excesiva burocratización del proceso nos ha hecho perder mucho tiempo y ha desgastado inútilmente al sector más comprometido de la universidad”, señalaba Encarnación Sarriá, vicerrectora de la UNED.

 

Mas la burocratización era el segundo gran obstáculo señalado por las universidades, pues el primero eran los recortes presupuestarios. Así, el objetivo de mejorar la forma de dar clases en la universidad parece hoy imposible. La idea central era la de dejar atrás las clases magistrales a muchos alumnos para sustituirlas por una enseñanza más activa para el alumno, más tutorías, seminarios o trabajos en grupo, lo cual requiere, claro está, grupos más reducidos y una buena cantidad de docentes.

 

“El avance hacia un aprendizaje centrado en el alumno cuesta dinero (clases más pequeñas, desarrollo de los resultados de aprendizaje, apoyo al estudiante, etcétera). Si esta financiación no está disponible, es ciertamente cuestionable que las reformas de Bolonia salgan adelante”, explica la secretaria general de la Asociación Europea de Universidades, Lesley Wilson.

 

El proceso de Bolonia contenía muy buenas ideas, cuya puesta en práctica apenas se ha iniciado.Y continúa: “Bolonia no era un punto de llegada. Era mucho más. Quedan por hacer reformas estructurales, que superen la tradicional organización de departamentos, facultades y escuelas, con la incorporación de centros específicos de posgrado de tipo interdisciplinario y vinculados a investigación puntera, por ejemplo. Queda reformar los sistemas de gobierno, con mayor agilidad en la toma de decisiones y menos amateurismo en los dirigentes.

 

En España, aunque algunas comunidades se han resistido, en otras ha subido la matricula del curso  hasta 600 euros sobre una media de 1.000.

 

Mientras, en la reunión de ministros sobre el proceso de Bolonia, celebrada en abril en Bucarest, se seguía insistiendo, no solo en la movilidad, la calidad, la empleabilidad y una enseñanza centrada en el alumno, sino también en la necesidad de seguir “aumentando el acceso” a la educación superior y de cuidar su “dimensión social”, es decir, que nadie se quede fuera de la Universidad por motivos económicos.

 

Como decía Albert Einstein: "La teoría es cuando se sabe todo y nada funciona. La práctica es cuando todo funciona y nadie sabe por qué. En este caso hemos combinado la teoría y la práctica: nada funciona... y nadie sabe por qué." 

 

Una cosa son las ideas, las propuestas que exhortan a los divulgadores del plan Bolonia a trazar unas directrices, pautas de una dinámica de trabajo, funcionamiento de un sistema educativo sin apenas parar a pensar en lo que ello conlleva y en la dificultad de la implantación del nuevo modelo educativo con los recursos disponibles, cada vez menores.

 

Hay que discernir entre realidad y fantasía, quizás esto sea en gran parte lo que ha llevado a las deficiencias del sistema actual del grado en las universidades españolas, entre las que se incluye la universidad de nuestra ciudad.

 

Los prosélitos del plan Bolonia se han olvidado, o no les ha importado, establecer dentro de ese “modélico” plan un criterio de selección del profesorado. Ya que se exige un gran esfuerzo por parte del alumno, con la supresión de septiembre, cinco días o a lo sumo ocho días entre la convocatoria ordinaria y la extraordinaria. Que menos se puede aguardar del profesorado.

 

Cabe señalar que nuestra Universidad de Salamanca, la cual se jacta de ser “campus de excelencia internacional”,  hay un cuantioso número de doctores que no pasarían ese filtro de calidad. Por no hablar de los criterios de evaluación empleados, de los cuales bastantes distan de ser “justos y equitativos”.

 

Las famosas “prácticas” que sería del grado sin ellas, es frecuente escuchar en las aulas de algunas facultades que sin la entrega de la mayor parte de las mismas no hay derecho a presentarse al examen ordinario y dando gracias y con suerte puedes presentarte a la convocatoria extraordinaria. En muchas ocasiones pueden consistir en un resumen o comentario de texto, hasta mañanas y tardes interminables sin encontrar respuesta a lo fijado en las mismas. Prima la realización de la práctica al sentido de la misma, sí,  no estoy delirando.

 

En una asignatura de tres escasos meses es perfectamente posible establecer la realización de ONCE prácticas de las cuales SÓLO se corregirán TRES.

 

Por qué no hablar de la “igualdad” palabra muy utilizado en estos tiempos modernos, que muchos no han asimilado, compaginan actividades docentes en la universidad con otras profesionales fuera del ámbito de esta última, ¿cómo se pueden compaginar varios trabajos (que requieren tiempo y dedicación) a la vez? ¿esto es igualdad?

 

¿Este sistema educativo va a ser capaz de formar a las gentes que van a trazar el futuro de nuestro país?; ¿Dónde queda el sentido “clásico” de universidad, donde pensadores y estudiosos reflexionan e investigan?

 

 

Comentarios

opinante 24/02/2013 21:57 #2
Un mal sistema universitario, por lo que veo no hay variaciones en todo el sistema educativo, así no cuesta adaptarse... además, solo se aplica lo peor del mismo (un curso en 3 o 4 meses, un montón de prácticas y una semana entre exámenes y recuperaciones...), sin contar con que, en muchas ocasiones, el número de alumnos por clase es muy superior a lo pensado para este sistema.
Iván 19/02/2013 23:59 #1
Este sistema no sé a que va a conducir.. es un fracaso..

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