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Vínculo de apego

Vínculo o apego es una palabra que creo que ha aparecido de forma reiterada en bastantes artículos de este blog… y quizás no todo el mundo sepa qué es el apego.A veces utilizamos expresiones como “está muy apegado a…”, y casi siempre se refiere a una relación de excesiva dependencia de la persona o el objeto al que nos referimos, sin embargo el apego es fundamental para la supervivencia humana y de otras muchas especies.

A comienzos del siglo XX el psicólogo Harry Harlow realizó los ya famosos experimentos con crías de mono, viendo que contrariamente a lo que opinaban otros prestigiosos estudiosos como Freud, el apego no se fomentaba con la cobertura de los cuidados básicos sino que estos monos preferían una ‘madre’ suave y ‘confortable’ que una ‘madre’ que proporcionara alimento físico pero no calor y cariño. Es decir que el apego estaba más ligado a lo emocional que a lo físico. (el vídeo que se muestra a continuación puede herir sensibilidades).



En los años 50 Bowly definió el apego como la tendencia primaria de los humanos a establecer fuertes lazos emocionales con determinadas personas, considerando esto como un componente básico de la naturaleza humana.

En base a cómo los individuos responden en relación a su figura de apego cuando están angustiados Ainsworth, Blewar, Waters y Wall, definieron los 3 patrones más importantes de apego (1994):

- Apego seguro, sus figuras de apego responden a sus demandas y están siempre disponibles, por lo que tienen la seguridad de que podrán acudir a ellas en momentos de adversidad. Esto permite que en la edad adulta sean personas seguras, afectivas y positivas, con relaciones satisfactorias.

- Apego evasivo, estos niños tienen poca confianza en que serán ayudados y esperan ser desplazados porque las experiencias pasadas así se lo dicen, exhiben un aparente desinterés y desapego a la presencia de sus cuidadores durante períodos de angustia. En la edad adulta serán personas inseguras y con dificultades en las relaciones.

- Apego ansioso-ambivalente, responden a la separación con angustia intensa y mezclan comportamientos de apego con expresiones de protesta, enojo y resistencia. Debido a la inconsistencia en las habilidades emocionales de sus cuidadores, estos niños no tienen expectativas de confianza respecto al acceso y respuesta de sus cuidadores.

Los niños con apego seguro realizarán una exploración activa del entorno, regresarán al lugar donde está la figura de apego cuando sientan temor, abandonando la exploración pero reanudándola tras ser reconfortados por ésta. Los que muestran un apego ambivalente, manifiestan muy poca exploración y grandes grados de ansiedad y ante la figura de apego se muestran ambivalentes, necesitan de ella pero al mismo tiempo la rechazan por no tener seguridad en la reacción de ésta. Y los niños con apego evasivo ante la aparición de la figura de apego tras la separación se mostrarán indiferentes y el grado de ansiedad ante la separación será prácticamente nulo.

Ummm… ¿así que el responder a las demandas de nuestros bebés no es malcriarlos y hacerles ‘unos flojos’? ¡pues no, todo lo contrario!

Por lo que podemos deducir de los estudios de Harlow es más importante el alimento emocional que el alimento físico, luego cuando nuestros bebés recién nacidos lloran a pesar de estar perfectamente limpios, alimentados y sin ningún dolor aparente no es para manipularnos, ni porque sean unos tiranos sino porque tienen una necesidad aún más básica que el alimento físico que es la necesidad de contacto físico con la figura de apego (madre, padre, cuidadores, …).

Si respondemos a esa necesidad, si además un poco más adelante cuando tengamos que separarnos de ellos por alguna razón lo hacemos explicándoselo (por pequeños que sean) en vez de marcharnos ‘a traición’ (como cierto familiar me indicaba cuando mis hijos eran pequeños “vete ahora que no te ve”), sabrán que siempre que lo necesiten habrá alguien a quien acudir y crecerán siendo niños seguros. Además esta seguridad les permitirá explorar el espacio y por lo tanto aprender y madurar más rápido que con un apego inseguro.

Creo que una de las equivocaciones más comunes acerca de este tema es confundir mimar (para mí mimar no tiene matiz negativo) o dar el afecto que el niño necesita en cada momento, con la ausencia de límites o la permisividad excesiva que no permite crecer a los niños; pero de este tema podremos hablar en otra ocasión.





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