Loreto original

Maternando

Loreto Cibanal
Método Estivill

Mi primer bebé

Hace unos días acompañé a una mamá y a Luis Miguel, su bebé, en el camino hacia su encuentro físico extrauterino. Desde aquí quiero darles las gracias por permitirme formar parte de ese momento mágico e íntimo.
Supongo que por el trabajo personal que he podido realizar en los últimos años, por el estudio profundo, aunque me falta mucho que aprender, acerca del proceso del parto y de las necesidades de mamá y bebé en ese momento soy capaz de definirlo así -mágico e íntimo- porque por desgracia si lo analizase desde el punto de vista de lo vivido en el hospital no es ni mágico, ni íntimo.

Estella es una mamá experimentada, este fue su sexto parto, pero aún así pude ver en algunos momentos el miedo en sus ojos, concretamente cuando al final del proceso se decidió suministrarle oxitocina artificial que le produjo contracciones y dolores que ella desconocía, pues ninguno de sus cinco partos anteriores habían sido medicalizados. Nunca olvidaré la expresión de su mirada en esos momentos, ni el extremo cansancio que sucedía a la contracción en estas condiciones; sobretodo si las comparamos con las anteriores producidas por su cuerpo con el ritmo e intensidad que su bebé y ella necesitaban.

A pesar de no ser un nacimiento ‘ideal’ la verdad es que en general el personal clínico se comportó de forma cariñosa y respetuosa con ambos y me sorprendió agradablemente el cambio en el procedimiento o ‘protocolo’ llevado a cabo con respecto al que había cuando yo di a luz en este mismo hospital; aunque si hubiera decidido hacer este artículo desde el punto de vista del vaso medio vacío podría escribir mucho.

Lo que sí me extrañó fue que tuviera que permanecer monitorizada toda la dilatación, la verdad es que el aparato daba problemas porque no registraba sobre el papel los valores y quizás fuera por esta razón pero estoy segura que dificultó el proceso.

Durante la dilatación compartimos habitación con otra mamá a la que se decidió provocar el parto por algún tipo de complicación leve observada durante una monitorización ambulatoria. Los comentarios que esta chica cruzaba con su acompañante, las llamadas telefónicas que tenía y la ausencia de preguntas realizadas al personal clínico, dada su situación, sí que me hicieron pensar mucho en la falta de formación e información que tenemos acerca del parto y de la entrega incondicional que hacemos en el personal sanitario del proceso y de nuestro cuerpo. Se puede decir que hemos dejado algo tan natural e innato en manos de la ciencia y de la medicina cuando en realidad en un parto normal no es necesaria la intervención sino el acompañamiento. Me llamaron especialmente la atención los comentarios repetitivos acerca de que era “conveniente ‘ayudar’ con oxitocina para que aquello no se alargase y así poder marcharnos todos para casa”… ¿perdón? Ustedes marchense tranquilas si se acaba su turno pero dejen que cada parto tenga el tiempo que necesite.

Esta ha sido la primera ocasión en la que he vivido un parto sin ser la mamá y ha sido una experiencia fantástica, envidio enormemente a todos esos profesionales que pueden vivir a diario un suceso tan especial y me pregunto por qué ‘hacen’ pudiendo simplemente observar, acompañar y disfrutar de la maravilla de la naturaleza que supone un nacimiento.

Espero que haya sido la primera pero no la última que pueda vivir algo así y me encantaría poder ir viendo que es posible otra forma de estar en un nacimiento y daros la crónica de cómo poco a poco las intervenciones médicas innecesarias van desapareciendo.

Doy las gracias a las residentes de ginecología, a la matrona y sobre todo a Charo por el cariño con el que nos trataron.

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