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La Mala María

María Sáez

La tecnología indiscreta y la espera

€œTe acabo de mandar un whatsApp, sé que estás en línea, Âżpor qué no contestas?€

Es muy cierto que la tecnología nos facilita la vida. La gran parte de las actividades que se realizaban antes a mano ahora con pulsar un bontón, listo.

A todos nos ha dado ventajas, a las mujeres muchas, sobre todo en el hogar. No se me pasa por la imaginación lo que sería mi vida lavando la ropa a mano, y mucho menos teniendo que ir al río, o fregando los suelos arrodillada, y tantas y tantas cosas. Y entrando en materia, qué sería de nosotros sin nuestro móvil...se ha covertido en una parte de nuestro cuerpo, un apédice sin el cual no sabemos ir a ningún sitio. Eso sí, también es peligroso y muy indiscreto...

Ahora estamos comunicados las 24 horas del día, por tanto localizables. Ya sea vía llamada o sms en un teléfono convencional...pero amigo, si ya tienes un smartphone, date por fastidiado.

Al igual que lo estamos nosotros, también lo están ellos. ÂżObvio no?, pues sí, pero ahora viene la explicación. Cuando has conocido a alguien y te atreves a mandar el primer sms, perfectamente puedes saber si lo ha recibido y a qué hora lo ha abierto...y a esperar respuesta. Si tienes whatsApp y esta es tu forma de comunicación, aún peor...Ves que está €œen línea€ y dices, venga, ahí va, un mensajito. Seguidamente aparecen las dos aspas verdes, !bien, lo ha leído!, a continuación no hay respuesta...y empieza el agobio y los malos pensamientos. ÂżPasará de mi?, Âżpor qué no contesta?, bueno, estará ocupado...sí, pero, Âżun segundo para contestar tendrá no?.

Y efectivamente, si se quiere, siempre hay un minuto o mucho menos tiempo para mandarte una sonrisita o cualquiero otra chorrada que te alegre el día. La tecnología cada vez nos hace ser más impacientes y nos causa más ansiedad. Y es que las personas por naturaleza somos así.

Y si a eso le añadimos que disponemos de la más avanzada tecnología para tener y que nos tengan fichados todo el día, nuestra agustia crece y crece. Cuando no teníamos móvil, al menos para mí, la vida era más tranquila. No me obsesionaba si no me devolvían una llamada a los 10 minutos de yo haberla realizado sin contestación. Obviamente las cartas tardaban siglos en llegar, y ya no hablemos del filtro que ponía tu padre a las llamadas que te comunicaba o no.

En todo ese tiempo vivíamos más relajados, más tranquilos sin esperar una respuesta inmediata, que muchas veces ni nos llega, teníamos una excusa para no preocuparnos.

Más tranquilidad y menos mirar al móvil.

La Mala

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