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La Mala María

María Sáez

De sapos y princesas

A ver Âżquién no se ha tragado mil y una comedia romática? Ya, ya, ahora tod@s diréis que no, pero a mi no me engañáis...así que seguid leyendo este post y luego me contáis si no os ha sucedido un poquito lo mismo que a una servidora. Os espero...

Pretty Woman, una prostituta con piernas de dos metros y sonrisa cautivadora, que conoce por casualidad a un estupendo y adinerado ejecutivo y acaba €œsacándola de la calle€ cabalgando en limusina, con un enorme ramo de flores y un paraguas como espada.

Dirty Dancing€Śpobre chica fea, (Âżpobre chica fea?), arrinconada por todos, sintiéndose transparente, y de pronto€Ś!Toma! el cachazas guapo, sexy, y atractivo (podría ponerle muchos más adjetivos, pero creo que con estos bastan) bailarín que la hace sentirse la reina del mambo, convirtiéndola en una princesa y haciéndola conocer la extrema felicidad, revolcón tras revolcón.

Sí, sí, todo muy bonito, pero, por qué no nos cuentan que sucedería después de que aparezca The End en la pantalla. Y es que el cine hollywoodiense, y sobre todos las comedias románticas, nos han hecho mucho, mucho daño.

Estoy segura que la estupenda Pretty Woman habría acabado más sola que la una cuando él la reprochara una y otra vez, a raíz de cualquier discusión, su pasado. Y la pequeña cisne, de la misma manera. Porque queridos amigos, la realidad es así. La realidad siempre supera a la ficción, y suele hacerlo en las cosas malas pero no en las buenas. Los dramas cinematográficos son superados por cualquier noticia trágica que vemos cada día en los informativos, pero en temas de amoríos€ŚÂżquién se traga ya los finales felices?

Yo me he criado viendo desde pequeña películas de dibujos animados donde siempre ganaba el bueno, pasé mi adolescencia (y muchos más años) viendo comedias románticas y creyendo que llegaría por el balcón de mi casa el príncipe azul empuñando un paraguas, una sombrilla o una espada de cortar tartas de comunión.

ÂżY al final qué me llegaba? Me llegaba una decepción tras otra, porque yo seguía soñando con ese príncipe azul pensado que yo era una princesita€Śrecordando esas comedias románticas que tanto habían maltaladrado mi subconsciente y que no me dejaban ver la realidad. Y la realidad no es otra que no existen ni príncipes ni princesas, ni sapos ni reinas. La realidad tiene momentos fantásticos y otros horribles, y por el camino, vamos sobreviviendo.

Si de todas esas películas hubiéramos visto el después de el famoso The End, seguro que nos habría sido más fácil digerir que los cuentos de hadas no existen y que nuestro príncipe puede no tener un cuerpo diez, ni ser un hombre al volante de un Ferrari ni un gran ejecutivo, sino simplemente un hombre que nos quiera, nos cuide y nos mime. Con nuestros momentos buenos y también los malos, como la vida misma.

Por esto que os acabo de contar, realizo una petición a todos aquellos que tengáis hijos, sobre todo a los que tengáis hijas. Por favor, no dejéis que vean tantas comedias románticas como vi yo, y si las ven, siempre ponedlas el puntito de realidad. Que cuando la princesa besa a un sapo, sapo de queda.

La Mala

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