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La Glorieta

Tribuna de Salamanca

Fernando Martín en la memoria

El 3 de diciembre de cada año suele ser nostálgico para los aficionados al baloncesto. Este año, este modesto blog no pudo hacer, como hubiera querido, su particular homenaje a Fernando Martín Espina porque la actualidad manda y se llamaba Silvia Domínguez. Ahora sí, una semana después, va mi pequeño regalo a su recuerdo.

Cuando Fernando Martín murió (en 1989) yo aún pensaba que el baloncesto sería mi vida (luego lo fue, pero de forma diferente). No vivía mucho más allá de los entrenamientos con Amor de Dios y los pósters de Jordan, 'Magic' y Worthy en mi habitación (yo era del Chicago pre-anillos, pero mi hermano se moría por sus Lakers y por eso los angelinos siempre despertaron simpatía en mí).

Era una época en la que los chicos y chicas interesados por el baloncesto mirábamos reiteradamente hacia la NBA. La competición de Chicago, Boston, Lakers, Pistons y Rockets. La de los partidos en abierto. La de Trecet, Esteban Gómez y el programa 'Cerca de las estrellas'.

En esas paredes, sin embargo, había un hueco extraordinario para un único jugador español: Fernando Martín. En aquella época su figura era un auténtico referente para mí, una especie de espejo de la motivación en el que me miraba.

Recuerdo perfectamente el día de su muerte, con la agonía radiofónica de no saber qué jugador del Real Madrid había sufrido un grave accidente, mientras se descartaban a los que iban llegando al Palacio de los Deportes para jugar contra el CAI. Por la noche, José María García indicaba que sólo un periódico 'El Independiente' tenía las fotos de la muerte del ídolo madridista. Al día siguiente compré un ejemplar que aún conservo en casa de mi madre como recuerdo de aquella época y de aquel momento. Del que había pasado de ídolo a mito.

Pero antes de provocarme tantas lágrimas, Fernando Martín me dio cientos de alegrías. La motivación de la que os hablaba antes venía dada tras estudiar una y mil veces su biografía. Un chico que con 15 años no había jugado nunca al baloncesto, un pívot 'pequeño', un jugador sin técnica... el carácter por encima de las limitaciones físicas.

Recuerdo ahora como Jordi Fernández -ex entrenador de Perfumerías Avenida y Ros Casares, entre otros- me contó cómo le conoció, cuando él aún era júnior en Estudiantes. Me decía que su presencia era tan descomunal, que la maleta que sus compañeros llevaban arrastrando parecía un neceser en sus manos. Impacto.

Ahora creo que a Fernando Martín se le recuerda como él hubiera querido, desde la seriedad, el sacrificio y la cabezonería. Cómo sino una estrella de su nombre se iba a ir a Portland a llevar los balones en la red al acabar los entrenos. A ser el novato. A jugar 6 minutos por partido. Solo él. Y hasta por eso los que le admiramos en su día, le reconocimos su valentía.

Hoy la reconozco también. Y la subrayo. Para que todos los que amamos este deporte nos acordemos de su figura, cerremos los puños y tiremos hacia adelante.

Siempre Fernando. Fernando Martín.

 

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