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La cuarentena

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Mal de izquierdas

El pasado domingo a eso de las 12, unos llegaban a misa y otros, varios miles, se iban de €œmani€. Las manifestaciones por estas tierras nuestras tienen un componente festivalero que hace que vayamos con el mismo espíritu con el que vamos a la feria o a una romería. Por duras que sean las circunstancias. Personalmente me gusta mucho. Vamos con los niños, con los abuelos, con globos, tambores y trompetillas, con una sonrisa frente a la adversidad, con miradas solidarias entre desconocidos. Y le damos dos besos al policía que nos ha tocado al lado y le preguntamos qué tal está su madre de la operación de cadera. Eso es ciudadanía. Y ciudadanía ejemplar.

Pero el domingo volví a casa con más decepción que otra cosa. No quise seguir la pancarta de los sindicatos por una razón muy sencilla: el pasado domingo muchos de nosotros NO SÓLO protestábamos por la reforma laboral. No. Muchos nos queríamos manifestar contra la corruptela generalizada en las comunidades autónomas. Contra las indecentes relaciones banca-estado. Contra el rescate financiero frente al abandono ciudadano. Contra los recortes en sanidad y educación. Contra la fiscalización de las libertades civiles. Contra la menguante credibilidad de las instituciones democráticas. En solidaridad con Grecia€Ś Etcétera, etcétera, etcétera. Y con un ojo puesto en lo que se mascaba en Valencia y que explotó esa misma tarde.

Pero se me partió el corazón cuando, a la entrada de la Gran Vía, en la estatua que homenajea al empresario, donde alguien había puesto una bandera de un colectivo de izquierdas, un manifestante se encaramó y la quitó para poner otra. El momento no podía ser más gráfico. La izquierda siempre está inmersa en ese €œdog eat dog€ vampírico, pejiguero, inmovilista, rancio y tocapelotas.

Veo varios problemas en el horizonte para resolver esto. El primero está en la propia esencia del €œser de izquierdas€. Sólo son beligerantes en la teoría de las cosas, pero son incapaces de organizarse como bloque, pese a que juntos representan a una aplastante mayoría de ciudadanos. Tienen esa tendencia natural a teorizar y a la inacción. Dentro de cada izquierdista hay un sesudo ideólogo que se considera a sí mismo en posesión de la verdad absoluta. Y el sector que sí es capaz de movilizarse, a menudo se nutre de descerebrados radicales que necesitan la violencia para compensar sus desarreglos bioquímicos. Y suelen ser unos ignorantes palmarios, iletrados, con discursos implantados que son incapaces de cuestionar. Hace unos días era bochornoso ver los comentarios de algunos de ellos en las redes sociales a cuenta de la violencia en Grecia. Incapaces de ver todo el dolor de la gente, oiga. La violencia como lúdico ejemplo a seguir. Algo falla. Así no.

Y esa propensión a enjuiciar y criticar todo lo que se pone sobre la mesa. Puede que sea porque los de izquierdas son más inteligentes que los de derechas, como reza un estudio bastante esperpéntico que publicó hace unos días el Daily Mail. Lo cierto es que la gente de derechas tiene esa condición acrítica y de pensamiento monolítico que les hace ganar la partida por la mano. No hay nadie más feliz y eficaz que un neoliberal al que se le ha dado una consigna clara. Tardan €œcerocoma€ en hacerla propia y partirse la cara por ella.

Son frecuentes también esos personajes tan de izquierdas tan de izquierdas que a su izquierda está la pared. Y si no estás donde están ellos sólo puedes estar a su derecha. Y si estás a su derecha eres un facha. Y se quejan mucho del pensamiento único (!!). Existe también gente tan de derechas que a su derecha está la pared. La diferencia es que si no eres tan radical como ellos, excepto en algunos puntos concretos que no se les pueden tocar, te ven con cierta condescendencia, pero no como si fueras parte del enemigo. Por eso es posible un partido como el PP, que aglutina a la derecha más variopinta y, en ocasiones, siniestra. Aunque atentos, que con la legalización de Amaiur y Bildu a Mariano se le va a subir a las barbas mucho camisa vieja que ronda por Génova. Supongo que para compensarles por €œel disgusto€, en breve le darán la puntilla definitiva al matrimonio homosexual o a la ley del aborto o se harán nuevas y más jugosas concesiones a la Iglesia.

Mientras tanto la izquierda, aun teniendo muchísimo en común y problemas sociales muy serios a los que hacer frente, no es capaz de abordar conjuntamente cuatro sencillas líneas de actuación. Se enzarza en esa pelea de poligoneras que jalean los orcos de uno y otro lado. Genial.

Pues no está el horno para bollos, señores. O se organizan, o van dejando paso.

inda.jaus.tribu@gmail.com

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