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La cuarentena

Inda Jaus
Blog de Inda Jaus

El click

Es tan fuerte que lo notamos como una descarga. No es como la mayoría de los cambios madurativos que experimentamos, que son lentos y paulatinos; que sólo son demostrables por sus efectos. No. A los cuarentaitantos, en algún momento, se produce un €œclick€, un crujido del ánimo que te convierte en una mujer distinta. Es tan súbito que, en la práctica, lo notas un día al levantarte. Te sientes distinta, más segura, más confiada. Te enfrentas a cualquier obstáculo con una actitud, hasta ahora, desconocida. Te miras al espejo y te gustas. Donde ayer tenías una lorza, hoy tienes una curva deliciosa. Hueles tus muñecas y te sabes sugerente y deseable. Has dejado de ser una mujer llena de promesas. Lo has conseguido. Tienes un superpoder.

A los treintaitantos te dejaste el alma por triunfar. Tenías que conseguir reconocimiento profesional, estatus económico y formar la familia ideal. Esto último conllevaba ser amiga del alma, pareja perfecta, amante sublime y madre amantísima. A veces también requería ser nuera irreprochable. Todo ello aderezado por una vida social envidiable. Y, como si de un ejercicio de virtuosismo musical se tratara, tus actos tenían que ejecutarse con la máxima precisión y entrega. Eso sí, en la más absoluta soledad. Porque esa fue tu guerra. Si en algún momento flojeaste y necesitaste consuelo y acudiste a tu chico, seguramente obtuviste ese consejo que los hombres dan de buenísima fe, pero que sólo funciona entre ellos: €œPero€Ś tú pasa, mujer€Ś€. Seguro que os suena.

A medida que vas llegando a los treintaimuchos la cosa empieza a pasarte factura. Has conseguido automatizar el máximo esfuerzo y las cosas te salen como si nada. ÂżCómo si nada? Te sientes gastada. Puede que tu relación de pareja no haya sobrevivido a la travesía. Puede que la maternidad se haya llenado de reproches mudos. Puede que haya aparecido un rictus de amargura en tu sonrisa. Y lo más probable es que hayas tenido que recurrir al apoyo químico para funcionar. A veces te parece que has ido creciendo como se infla un globo: eres cada vez más grande, pero también más vulnerable. Y tienes la sensación de que todo te aboca a una explosión suicida.

Pues no. Lo que nadie te explica en ese momento es que pronto vas a tener el €œclick€. Que no te toquen las pelotas con topicazos sobre las hormonas. Lo que pasa es que da mucha envidia. Todo ese entrenamiento brutal en lo psicológico, en lo profesional y en lo material, súbitamente te transforma en una mujer emocionalmente biónica: ves más allá incluso de las apariencias más taimadas; sabes cómo, cuando y dónde quieres algo, y exiges lo tuyo. Sólo tienes que ser paciente y esperar a que te suceda. Está en el cromosoma XX. Te pasará a ti también.

Ese día lo celebrarás con una copa de vino, tranquila y risueña, sabiendo que puedes conseguir lo que quieras sólo con proponértelo, pero que no tienes que demostrar nada. Y puede que a tu lado haya un hombre. Míralo serenamente. Estás viendo al tipo más afortunado del mundo.

inda.jaus.tribu@gmail.com

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