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La cuarentena

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Cuestiones morales

Soy charlatana. Me pasé un 90% de mi etapa escolar castigada en un pupitre aparte por no dejar de hablar. Bueno, porque molestaba a mis compañeras, decían, aunque yo nunca tuve queja alguna. Después aprendí el valor de escuchar, y me convertí en una excelente escuchadora. Era agotador, porque por cada buena conversación, de esas repletas de curiosidad satisfecha, pagabas el precio de muchas interminables sesiones de quejiquismo, planicie intelectual y €œmentienditis€.

Aun así, la cosa mereció la pena: se abrieron de par en par mis miras, incorporé a mi argumentario nuevos puntos de vista y me sentí mejor en este mundo de infinitos colores. No hay nada como escuchar a otros para poder vestir su piel. Y no hay nada como la empatía para mejorar una sociedad. Pero últimamente he vuelto a hablar. Con verborrea. Con millones de datos y noticias embarullados. Porque necesito decirlos y comentarlos y usar la voz alta, para ver si escuchándolo todo, cada cosa se pone en su lugar. Pero es un liazo. Y para colmo va Rouco y habla de moral. Y ahí ya sí que me quedo con los ojos muy abiertos pero muda. Tras la crisis económica y la social, llega la crisis moral. No creo que ese sea el orden correcto, pero me asusta coincidir con Rouco en algo, la verdad.

Tenemos el asunto de Carlos Dívar. El tema de la €œligereza moral€ en los jueces es una cosa muy seria. Tanto o más que en los políticos. Porque estos personajes inciden y deciden directamente en vidas ajenas. En teoría lo hacen con la ley en la mano, pero la realidad nos demuestra que a diario se dictan sentencias sin pies ni cabeza, en base a lo que, según el juez de turno, está €œbien€ o €œmal€, moralizando a golpe de mazo, vaya. Y que Dívar, desde su puestazo, se cachondee de lo público está mal. Y que nuestro mayoritariamente católico congreso de los diputados decida que no tiene que dar explicaciones está peor que mal. De todas formas, con estas cosas yo es que soy muy pánfila. Muy moderna de pueblo, vaya. Porque me quedo pasmada y probablemente estas cosas ya se sabía que €œson asín€. Recuerdo hace algún tiempo una conversación muy privada y muy etílica (que lo de €œsoplar€ también es muy de este gremio) con un juez de la ciudad, en la que yo le dije abiertamente que €œconfiaba plenamente en la justicia€. Al hombre le dio un ataque de risa que a punto estuvo de caérsele la dentadura en mi escote. Sí. Puede que haya una crisis moral.

Luego llega la amnistía fiscal. Bueno, la no-amnistía, según el católico Montoro. Si alguien tenía curiosidad por saber lo que se sentía al ser ciudadano de un paraíso fiscal, enhorabuena. Quien estuviera hasta el moño de perroflautas y hippies, enhorabuena también. Ahora España se va a poner hasta arriba de trajeados mafiosos de mediopelo (las mafias buenas, buenas, tienen su propia estructura financiera), de narcos de chabola que por fin podrán sacar el dinero del colchón, de proxenetas de rotonda reconvertidos a hombres de negocios del sector servicios€Ś A ver, mis católicos gobernantes: estos individuos no son los hijos pródigos que ustedes nos pintan, no. Estos individuos son criminales cuyo dinero pringoso de sangre, farlopa y semen se va a mezclar con otro dinero que sólo huele a esfuerzo. Le están dando un achuchón de bienvenida a gentuza que desde ahora estará plenamente legitimada para saludar con una peineta a cualquier empresario decente que se esté partiendo los cuernos para salir adelante y cumplir con sus obligaciones. Visto así, seguramente vivimos una crisis moral, sí.

Y me sorprende muchísimo acabar coincidiendo con Rouco en cuestión de moral, después haber escuchado sus declaraciones en las que hacía público el chantaje de dejar a Cáritas sin subvención si se obligaba a la Iglesia a pagar el no-católico IBI. De pasta de boniato me quedé. Nunca había visto una chulería así, a lo vivo, fuera de la ficción. Sólo le faltó terminar la frase con un susurrante €œy haremos que parezca un accidente€. Por suerte poco después supimos que la aportación de la Iglesia a Cáritas es inferior al 2% de su presupuesto. Así que todos tranquilos, que su hemos podido poner 20.000 millones para rescatar un banco, malo ha de ser que no podamos rescatar Cáritas. A eso sí que me presento voluntaria.
Uy€Ś me dicen por el pinganillo que Rouco se refería a otra moral. A la doble, probablemente. Ya me quedo más tranquila.

inda.jaus.tribu@gmail.com

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