Inda jaus original

La cuarentena

Inda Jaus
Blog de Inda Jaus

Aquellas fiestas…

Me echaron droga en la bebida. No se me ocurre otra explicación (y mira que esa es original…). Pero era imposible que todos los tíos de Salamanca en un punto determinado del continuo espacio-tiempo estuvieran tan buenos. Matemáticamente imposible. Eso sí, yo me pegué la noche de mi vida.
Era mi cumpleaños, arrancaba la primavera, y mis amigas C. y T. intentaban organizar la mejor fiesta de la Historia de las Fiestas. La cosa arrancó mal: cena con un montón de gente que no conocía y… la tuna. Venga a tomar copas para pasar el trago.

Al salir del restaurante algo había ocurrido: cada varón que se cruzaba en mi camino era un Apolo acicalado, que olía a esencia de macho y que me ponía en guardia hasta las uñas de los pies. Inhumano. De hecho, Salamanca, aquella noche, era el Olimpo.
  • C., ¿has visto a ese? Madredelamorhermoso!!!
  • ¿Quién? ¿El del chaleco de borreguito que parece un expresidiario disfrazado de pastorcillo del Belén?
  • ¿Qué dices? ¡Si es un Dios! ¿Tú lo has visto bien?

C. preocupada…
  • ¿Y tú? ¿Te pasa algo? ¿Vamos a urgencias?
  • No, no… voy a entrarle…

C. MUY preocupada…
  • Que no, mujer… Que vamos a otro bar…

Y camino de ese otro bar me crucé con infinidad de “adonises” y efebos maravillosos a los que les dediqué ingeniosísimos requiebros:
  • ¡Guapooooooooooo! ¿Me llevas a tu casa? Es gratis, lo juro.
  • ¡Ven p’acá, que me he depilaoooooooooo!

Lo que vendría a ser literatura romántica en estado puro…

Nunca C. había tenido que batirse en duelo de semejante manera con las mangas de un abrigo. Si no hubiera sido por ella…

Llegamos al siguiente bar. Nada más entrar, lo vi. EL HOMBRE. Fibroso, con la melena casual-hair, guapo pero varonil… con un aire distante y enigmático. Una especie de Eragorn al filo de la batalla.
  • C., ¿has visto a ese? Enloquecida me tiene… Has visto qué pelo, que sonrisa…
  • Es un yonki que hace tres meses que no se lava la cabeza, por lo menos… ¿Sonrisa? ¿Estás bien? No tiene dientes, Inda… ¿Vamos a urgencias?
  • Calla, calla… si se está haciendo el interesante… Míralo, como mira para acá y para allá… Y es tan alto… y con ese cuerpazo… Voy a entrarle.
  • ¡Quieeeeeeeetaaaaaaa! Mira para todos los lados, porque se piensa que eres una loca peligrosa y busca a ver a quién miras. Está acojonado, Inda. Sí, es muy alto; tanto, que está sentado y no le llegan los pies al suelo. Mira… vámonos para casa, que esto va a terminar fatal…

Camino de la casa de nuestra amiga T., mientras intentaba abrir la puerta del portal, apareció. No pude contenerme. Iba con alguien, pero no me importó: lo agarré por la capucha de su chaqueta y lo arrastré hasta el ascensor, batiéndome con él, con su acompañante, con mi amiga T. y con C.
  • ¡Que lo sueltes, loca! ¡Que te tiene miedo!
  • ¡Nooooooooo! ¿No os dais cuenta de que es igualito que “Sienpenn”? ¡Quiero que suba!
  • ¿”Sienpenn”? Suéltalo, anda, y deja que haga su vida… (Perdónala, es que lleva toda la noche fatal… y tal…).

Consiguieron arrancármelo de los brazos y sacarlo del ascensor. No recuerdo más… Bueno, sí, recuerdo a dos tipos bastante feos. Pero esa será otra historia...

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