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La cuarentena

Inda Jaus
Blog de Inda Jaus

€Śsaca la bota María que me voy a emborrachar€Ś

No disimules. Te la han jugado un año más. Aquella promesa del 25 de diciembre del año pasado, ha caído en saco roto. No estáis en Canarias; has vuelto a pasar la Nochebuena con la familia política, cebándote como si fuera a estallar una guerra, jugando a contar cuántas veces se dice la palabra crisis a lo largo de la velada... Sin duda, lo verdaderamente mágico de esta noche es que sobrevivas. O no es eso€Ś

La cosa ya empezó mal cuando te pusiste ese vestido que te quedaba €œdivino de morirse p€™atrás€ cuando lo compraste hace un mes, y ahora, tras los estragos causados por la cena del curro, la de mamás de la guardería y la benéfica del Alzheimer, te queda más apretado que pedo de visita. Imposible respirar, y mucho menos parecer remotamente decente con los tacones. Te has terminado de convencer al ver el careto de guarrillo de Manolo, cuando te ha dicho desde la puerta que €œestás elegantísima, cariño€. Ya. La más elegante del club de carretera. No es apto para suegras. Ni de coña, vamos. Al final has tirado del traje de pantalón negro, animado con alguna lentejuela para que no parezca que vas al notario, y habéis salido ya tarde hacia la casa de la €œsu逝.

Allí ya estaba todo el mundo. Tu suegra, que tras los dos besos obligados te ha dicho, sin pararse a respirar, que €œel traje del año pasado sigue sentándote fenomenal aunque este año estés más hermosa€Ś y los niños vienen muy poco abrigados, no? Y mi Manolo€Ś estás más delgado, hijo, no? No comerás bien€Ś€ A veces te imaginas a tu suegra como una guerrera ninja, desapareciendo en una nube y materializándose a tu lado; lanzándote estrellas asesinas a una velocidad imperceptible para la vista, y girándose para atender al resto de la familia con los rulos puestos, su mandil de Gallina Blanca y su angelical sonrisa de mamma perfecta. Podría matarte delante de todos y nadie se daría cuenta Es una mujer temible. Nunca te confíes. Y nunca aceptes uno de sus bollos maimones si no lo prueba Manolo delante de ti.

En el salón te esperaban tus cuñadas. La Casta y la Susana. La Susana ya se había bajado media botella de vino y empezaba a abusar del sarcasmo. !Vaya! Y la Casta traía novedades. Os presentó a su acompañante de acento porteño, ademanes ceremoniosos y mirada clavada en toda canaleja femenina que se le cruzaba. Tras un suspiro miraste a Manolo de reojo, que fruncía el ceño. La Casta es muy buena muchacha, pero le rondan los 40 y tiene como prisa. Y este individuo parece ser su nuevo (y esperemos que no último) error.

En ese momento ya no sabías muy bien dónde sentarte, más que nada porque dudabas de quién convenía mantener a mayor distancia. Mientras buscabas con la mirada te cruzaste con la de Manolo, sonriente, como agradecido. Cómo te gusta este tío divertido, inteligente y feo. Retiró una silla y te invitó a ocuparla. Mientras lo hacías, te susurró discretamente: €œSoy un chico con suerte€, y te sirvió una copa de vino blanco. Brindasteis.

Con dosis periódicas de miradas ansiolíticas, fue transcurriendo la velada sin incidentes. Ahora volvéis a casa, con los niños dormidos, los cinturones aflojados y una cierta satisfacción como de deber cumplido. No lo sabes, pero sonríes. Mañana os prometeréis sin convicción que el año próximo pasaréis este día en Canarias.

inda.jaus.tribu@gmail.com

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