Antonio moreno original

La anomalía

Antonio Moreno
Lo que no podemos permitir

Vuelta a la normalidad: A los toros después de misa

Se acabó el paréntesis veraniego y, en esta ilusión mediática de que “todo sigue igual”, de que las aguas están volviendo a su cauce, ilusión de la que solo se ha salvado Forges, rescatándonos desde el humor, toca ahora “volver de vacaciones”. Así, descubrimos anunciado y difundido en todos los programas de la televisión  la vuelta a  la retransmisión en rtve de corridas de toros.

Lo curioso es que, en las cuidadas consignas propagandísticas repartidas entre los presentadores de estos nuevos informativos  o desinformartivos en que se ha convertido la televisión pública, se explicaba este cambio desde la “voluntad de esta casa (se entiende la rtve) de tratar con normalidad la fiesta nacional”. Fin de la cita.

 

Se trata por tanto de “volver a la normalidad” en lo que se refiere a las corridas de toros. Y por “tratar con normalidad” se entiende recuperar las retransmisiones que dan cuenta “sin prejuicios ni ideologías” de acontecimientos sociales festivos, sin imponer restricciones ni prohibiciones. Lo normal, vamos: Si hay asesinatos, malos tratos, sexo explícito, provocaciones, cargas policiales, disturbios, guerras, escenas violentas de cualquier tipo, etc. y se retransmiten; pues igual, con las corridas y encierros. Si las hay, lo normal es dar cuenta de ellas.

 

Pero bien sabemos que no hay normalidad objetiva posible y universalmente aceptada. Por eso, cuando en la charcutería te preguntan si quieres las lonchas “normales” (lo que resulta más frecuente de lo que parece), enseguida surge la duda y, en consecuencia, la preocupación sobre lo qué debe entenderse por normal en este tema tan delicado del grosor de las lonchas y del gusto de cada uno. Y, lo mismo pasa con todo, incluso con este tema de las fiestas de toros, que parece tener menos transcendencia que el grosor del fiambre. Bien sabemos que la transmisión o retransmisión de la información no es nunca objetiva, que no es lo “normal” poner la cámara o el micrófono y recoger “lo que hay”, porque la edición, la dirección y el montaje (y, por tanto, la selección y organización) resultan vitales. Si no, recuerden sin más, hace unos años, la cruel exposición interminable al visionado completo del “video de la boda”, por poner un ejemplo. Siempre hay y debe haber selección de contenidos en aras de su inteligibilidad y del tiempo disponible, pero también se deben producir decisiones políticas (y cuando digo políticas, digo sujetas a diálogo y acuerdo) sobre la conveniencia (la “propaganda gratuita” que podrían obtener grupos terroristas con la difusión de imágenes de atentados y el “efecto llamada” que ejercen los actos delictivos televisados) y la oportunidad (por la franja horaria o el público al que va dirigido). Y, en este último sentido, la población infantil ha experimentado una sobreprotección exagerada en algunos casos y una exposición excesiva en otros, que el autocontrol de los medios ni el único criterio de los padres parece haber resuelto satisfactoriamente.

 

Así que, no. No hay “normalidad” en el tema de las corridas de toros, ni en ningún otro. Porque la “normalidad” a la que se suele apelar a veces no es más que más que el resultado de una “normatividad” (poco importa ahora si es impuesta o acordada, aunque preferiríamos lo segundo) que tiene como consecuencia (o quizá como único objetivo) la puesta al descubierto de “lo diferente” como “lo anormal”, su “patologización”, exclusión, persecución y confinamiento. Y algo habíamos creído aprender de las ventajas de una “sociedad abierta” para que ahora volvamos a la “normalización”.

 

Y es este proceso de normalización, de potenciación y consideración de “modelo” y “ejemplo” lo que parece que está ocurriendo ahora con los toros. Más allá del conflicto irracional de las identidades, el PP parece haber elaborado una estrategia de “reidentificación normativa” en la que la “reintroducción” de la “fiesta nacional” resulta ser un instrumento privilegiado.

 

No solo son las corridas. En Salamanca, la muy noble y distinguida Fundación Salamanca Ciudad de Cultura y Saberes ofrecía este año como una novedad estrella entre las actividades extraescolares que ofrece a los centros educativos un curso de Tauromaquia en el aula para alumnos entre 3º y 6º de primaria (justo el tramo de población al que habíamos consensuado proteger de espectáculos violentos).

 

Mucho me temo que esta vuelta a la “normalidad” termine apartando como “anormales” a quienes simplemente con comulguen con esa normatividad tan peligrosa.

lanomalia.blog@gmail.com

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